La volatilidad del mercado energético global, impulsada por el conflicto geopolítico en Medio Oriente, alteró las proyecciones económicas del Poder Ejecutivo.
El Gobierno nacional reconoce que tanto las tensiones internacionales como las futuras decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) representan variables externas con capacidad de condicionar el ritmo de desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y la estabilidad cambiaria.
En Balcarce 50, la estrategia oficial combina el seguimiento minucioso de estas métricas globales con definiciones electorales clave, entre las que destaca la intención de eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Freno a la baja proyectada en los combustibles
Uno de los principales ejes del plan oficial para consolidar la baja de la inflación era la reducción en el precio de los combustibles. Inicialmente, el Ejecutivo proyectaba una baja de entre el 10% y el 15% en las naftas para comienzos de agosto, una medida pensada para actuar como ancla sobre el resto de la economía y perforar la barrera del 1% mensual en el IPC hacia septiembre.
Sin embargo, los vaivenes del petróleo alteraron el cronograma. Aunque el barril de crudo Brent para entrega en septiembre retrocedió a la zona de los US$85, tras operar cerca de los US$100 a fines de la semana pasada, la Casa Rosada no descarta aplicar la baja, pero admite que su magnitud podría ser menor a la prevista. La decisión final quedará supeditada a la evolución del crudo, los costos de importación, la dinámica del tipo de cambio y las políticas comerciales de las empresas petroleras.
El objetivo inflacionario busca consolidar la tendencia tras el 1,9% registrado en junio, mes que presentó una inflación núcleo del 1,6%, con incrementos en regulados del 2,3% y en servicios esenciales (vivienda, agua, electricidad y gas) del 3,3%.
Tasas de la FED y metas cambiarias hacia 2027
En el frente financiero, el seguimiento está puesto en las resoluciones de la Reserva Federal estadounidense, que mantuvo su tasa de referencia entre el 3,5% y el 3,75%, pero advirtió sobre persistentes presiones inflacionarias ligadas a la energía. Ante la proximidad de una nueva reunión del organismo fijada para el 28 y 29 de julio, el oficialismo prevé las consecuencias de un eventual endurecimiento monetario global.
“Significa menos dólares para la Argentina, siempre”, resumen en despachos oficiales al analizar cómo una suba de tasas en EE.UU. fortalece al dólar internacional, eleva el rendimiento de los bonos norteamericanos y retrae el flujo de capitales hacia mercados emergentes.
En materia cambiaria, dentro del Gabinete conviven dos lecturas. Por un lado, un sector confía en mantener el dólar sin saltos abruptos y llegar a 2027 en niveles cercanos a los $1.600. Por otro lado, funcionarios más cautos remarcan los riesgos derivados de la tasa internacional y los commodities.
Pese a que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ubicó la mediana para diciembre en $1.673, en el Gobierno defienden su postura basándose en la conducta fiscal:
“No emitimos de más, no hicimos plan platita y la demanda de dinero viene bien. No tiene por qué subir el dólar”, afirman en el entorno presidencial.
Estrategia política: eliminación de las PASO y mirada electoral
En el terreno político, la Casa Rosada impulsa la suspensión o eliminación de las primarias para evitar réplicas de volatilidad financiera como la ocurrida tras las PASO de 2019. La meta del equipo de gobierno es llegar directamente a las elecciones generales con una oferta electoral ordenada, acuerdos provinciales y un escenario macroeconómico estabilizado.
Respecto al panorama internacional y el impacto del crudo, en el Ejecutivo restan dramatismo a un eventual conflicto prolongado en Medio Oriente, calculando que las dinámicas políticas de Estados Unidos forzarán una resolución previa a sus comicios legislativos:
“Va a tener que desarmar antes. No vemos un problema”, expresan en Nación.
De cara al horizonte de gestión de 2027, el plan oficial aspira a llegar a las elecciones presidenciales con una inflación mensual cercana al 0,5%, un tipo de cambio controlado y el esquema de pagos de deuda externa para 2026 y 2027 estructurado.
