Cuándo dejar de conducir: qué dice la ley en Argentina y qué revela un estudio internacional sobre la edad al volante.
Para muchos adultos mayores, el automóvil representa un símbolo fundamental de independencia y autonomía cotidiana. Sin embargo, el paso de los años trae consigo transformaciones físicas y cognitivas que pueden incidir en las habilidades necesarias para estar al volante de forma segura. Un reciente estudio internacional analizó cuáles son los principales motivos por los que las personas deciden o deben abandonar la conducción, mientras que la legislación argentina regula este proceso a través de controles progresivos más estrictos.
La edad promedio de abandono y los motivos principales
Un trabajo de investigación llevado a cabo por la Fundación Mapfre en colaboración con el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, y difundido por la Dirección General de Tráfico (DGT) de España, advirtió sobre el impacto del deterioro cognitivo asociado al envejecimiento en la seguridad vial.
Los investigadores aclararon que el objetivo principal no es restringir arbitrariamente la movilidad de las personas mayores, sino prevenir riesgos graves para el conductor y para terceros. Según la muestra analizada, las personas dejan de conducir en promedio a los 75 años, una cifra que representa una tendencia estadística y no un límite normativo obligatorio.
Entre las razones principales que motivan el cese de la conducción se destacan:
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Condiciones médicas: 41% de los casos.
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Problemas de memoria: 36%.
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Dificultades prácticas para manejar el vehículo: 32%.
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Diagnósticos de demencia: 23%.
El relevamiento también evidenció un fuerte componente familiar y emocional. El 45% de los exconductores reconoció haber dejado de manejar por sugerencia o presión de su entorno, una cifra que asciende al 74% según la perspectiva de los familiares, quienes apuntaron principalmente a las limitaciones cognitivas y físicas. Para muchos, esta transición resulta difícil: el 41% de los participantes experimentó el proceso de manera negativa debido a la pérdida de autonomía, reflejada en frases como «ya no soy el mismo» o «mi familia ya no confía en mí».
Qué exige la normativa vigente en la Argentina
En el marco legal argentino no existe una edad máxima o un límite etario a partir del cual una persona esté obligada por ley a dejar de conducir. La legislación vigente descarta la prohibición por el simple paso del tiempo y opta por un sistema de renovaciones periódicas y fiscalización médica más exigente a medida que avanza la edad.
Si bien los plazos específicos pueden variar según la jurisdicción municipal o provincial, las exigencias generales establecen que:
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A partir de los 65 años, los plazos de vigencia de las licencias se reducen y se intensifican los controles psicofísicos.
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Desde los 70 años, la renovación del registro de conducir pasa a ser de carácter anual.
Para obtener la habilitación en estas etapas avanzadas, los conductores deben superar rigurosos requisitos que incluyen completar una declaración jurada sobre antecedentes de afecciones físicas, neurológicas, cardiológicas, psicopatológicas o sensoriales; aprobar un examen médico psicofísico completo (evaluación visual, auditiva, física y psíquica); rendir un examen teórico sobre normas de tránsito y señalización; y demostrar aptitudes mediante una prueba práctica de manejo.
Recomendaciones para una conducción segura
Para aquellos adultos mayores que continúan manejando, los especialistas sugieren mantener un diálogo abierto con profesionales de la salud y familiares, cumplir estrictamente con los controles médicos y adoptar pautas preventivas como:
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Viajar acompañado siempre que sea posible.
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Evitar la conducción en horarios pico, durante la noche o frente a condiciones climáticas adversas.
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Monitorear los posibles efectos secundarios que ciertos medicamentos puedan generar sobre las capacidades reflejas y de atención.
De este modo, tanto las normativas nacionales como la evidencia científica coinciden en que la aptitud para manejar no se rige por un número cronológico, sino por el estado real de las capacidades físicas y cognitivas de cada individuo.
