Una multitudinaria movilización encabezada por la Confederación General del Trabajo (CGT), las dos vertientes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y diversas organizaciones sociales colapsó este jueves los accesos al microcentro porteño.
Las columnas sindicales marcharon de forma masiva hacia las puertas del Palacio de Hacienda para exigir respuestas concretas frente al dramático avance del endeudamiento familiar y los niveles récords de morosidad que ahogan a los hogares argentinos.
Documento en mano, fuerte reclamo al Palacio de Hacienda y cortes de tránsito
La jornada de protesta se concentró frente a la sede oficial ubicada sobre la calle Hipólito Yrigoyen al 250, a metros de la histórica Plaza de Mayo. Los referentes de las centrales obreras llegaron hasta el Ministerio de Economía con el objetivo de entregar un petitorio formal que detalla medidas de urgencia para revertir la asfixia financiera de la población. En esta oportunidad, los organizadores resolvieron no montar un escenario ni pronunciar discursos públicos, limitando la acción a la entrega del escrito institucional.
Las columnas de manifestantes provocaron severas interrupciones totales y parciales en el perímetro comprendido por las avenidas Paseo Colón, Leandro N. Alem, Avenida de Mayo y Belgrano. La presencia de las agrupaciones afectó de manera directa la circulación del Metrobús y complicó el ingreso de vehículos desde la zona sur del conurbano hacia la Capital Federal.
«Endeudarse para comer»: la dura advertencia sindical contra la usura
A través de un contundente pronunciamiento en sus redes sociales, la cúpula de la CGT apuntó de lleno contra las pautas financieras actuales del Gobierno. «El endeudamiento es una política de gobierno. Hoy movilizamos al Ministerio de Economía contra un modelo que empuja a las familias argentinas a endeudarse para comer, pagar el alquiler y sostener los servicios básicos. Basta de usura», denunció la central obrera desde su cuenta oficial en X.
Las organizaciones concluyeron advirtiendo que la pérdida del poder adquisitivo obligó a millones de asalariados y sectores vulnerables a recurrir al financiamiento para cubrir las necesidades más elementales, demandando un freno inmediato al incremento del costo de vida.
