El presidente Javier Milei confirmó que el próximo martes 15 de septiembre volverá a presentarse en forma personal ante el Congreso de la Nación para exponer el proyecto de Ley de Presupuesto.
Rompe nuevamente con la histórica tradición parlamentaria en la que este trámite técnico quedaba en manos del ministro de Economía de turno.
Desde el entorno oficialista justificaron con firmeza la centralidad del mandatario: «El presidente es nuestro mejor comunicador, por escándalo», aseguraron altas fuentes parlamentarias de La Libertad Avanza. Su pasado como diputado nacional entre 2021 y 2023, sumado a su sólida formación de economista, motivaron al jefe de Estado a asumir el rol de cara visible en un hito institucional que promete exacerbar los cruces con la oposición y movilizar con fuerza a la opinión pública.
El antecedente de 2024 y el giro de la cadena nacional en 2025
Esta será la segunda oportunidad en la que Milei pise el recinto legislativo para este evento. El 15 de septiembre de 2024, para defender el proyecto de Presupuesto 2025, el mandatario montó un escenario inédito: habló parado desde un atril ubicado en el centro del recinto de la Cámara de Diputados, evitando sentarse en el tradicional sillón presidencial junto a las autoridades del cuerpo. En aquella ocasión, a pesar del alto impacto mediático, el proyecto quedó trabado en comisiones y jamás llegó a votarse tras el estancamiento de las negociaciones entre la Casa Rosada y los gobernadores por el reparto de fondos.
Para el 15 de septiembre de 2025, en un contexto atravesado por crecientes tensiones políticas y derrotas electorales previas, Milei optó por no concurrir al Palacio Legislativo. En su lugar, grabó un mensaje en la Casa Rosada que fue emitido por cadena nacional durante la noche. Aquel Presupuesto 2026 terminó convirtiéndose en la primera ley de gastos aprobada en ambas cámaras durante la era libertaria, tras ser sancionada en las sesiones extraordinarias de diciembre.
Un despliegue de seguridad sin precedentes para el Palacio Legislativo
La decisión del Presidente de encabezar en persona estas ceremonias alteró drásticamente los protocolos de seguridad del Congreso de la Nación, imponiendo un despliegue táctico comparable únicamente con el de una Asamblea Legislativa. Históricamente, la presentación de la ley de leyes era una gestión técnica a cargo del titular del Palacio de Hacienda, manteniendo el edificio su actividad habitual bajo la custodia delegada en el personal de la casa.
Sin embargo, el protagonismo presidencial modificó el esquema por completo. La Policía Federal Argentina (PFA) desplazó a los empleados del Congreso de sus funciones habituales de custodia y tomó el control absoluto de los ingresos, pasillos y del hall central. Durante los operativos preventivos, decenas de efectivos e inspectores —muchos de ellos vistiendo de civil— efectuaron revisiones exhaustivas oficina por oficina y piso por piso dentro de la Cámara de Diputados.
El protocolo de revisión técnica incluyó perros sabuesos adiestrados en la detección de explosivos, los cuales recorrieron banca por banca el recinto de sesiones. En las puertas de acceso, se instalaron puestos de cacheo riguroso y control de identidad obligatorio. En el exterior, toda la Avenida Rivadavia y el perímetro completo del Congreso quedaron blindados por un cerco de vallas de alta seguridad, custodiado por un cordón policial continuo integrado por la Policía Federal, la Gendarmería Nacional y camiones de asalto de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.
