Un revelador y preocupante estudio económico encendió todas las alarmas sobre el futuro de la clase media y los trabajadores independientes en la Argentina.
Según un exhaustivo informe elaborado por el IERAL de la Fundación Mediterránea, ningún aporte realizado en cualquiera de las categorías del régimen del Monotributo alcanza para financiar una jubilación mínima ni una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), incluso tras completar cuatro décadas ininterrumpidas de contribuciones formales. La simulación técnica demuestra que el dinero destinado al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) está completamente desconectado de los haberes que se pretenden cobrar al momento del retiro.
Aportes insignificantes y el abismo entre las distintas categorías
La radiografía del sector expone un colapso estructural originado en la baja carga previsional. En el país existen 4,8 millones de monotributistas: 2,8 millones revistan como activos en el SIPA y solo 2,2 millones registran aportes efectivos. Además, la masa de contribuyentes está hiperconcentrada en las escalas más bajas, ya que el 55% se ubica en la Categoría A, cifra que escala al 78% al sumar las escalas B y C.
Mientras un trabajador asalariado en relación de dependencia destina de forma personal el 11% de sus ingresos al sistema previsional, el aporte del monotributista promedia un escaso 1,1% de sus ingresos brutos. En las escalas de la A a la G la carga oscila entre el 3,6% y el 1,0%, e incluso en la escala más alta (Categoría K) representa un 1,6% —frente al 6% de un empleado bajo convenio con ingresos equivalentes—. Como resultado de este desfasaje, el aporte de todo el régimen apenas significó un 0,16% del PBI en 2026.
Las proyecciones del beneficio estimado para la vejez resultan lapidarias:
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Categoría A: Con 30 años de aportes, un varón apenas acumula para cubrir el 7% de una jubilación mínima ($489.776 en agosto, con bono) y un 9% tras 40 años. En el caso de las mujeres, guardan fondos para justificar un haber del 4% a los 30 años y del 6% a los 40 años.
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Categoría K: Un hombre con 30 años de aportes llega a financiar el 56% de la mínima y el 75% con 40 años. Una mujer alcanza el 38% a los 30 años y el 50% con cuatro décadas de aportes.
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Escenario de rendimiento: Únicamente con un rendimiento financiero real del 2% anual por encima de la inflación, un varón de la Categoría K con 40 años de aportes superaría la mínima (138%, o 105% con pensión para cónyuge), mientras que la mujer alcanzaría el 99%.
Subas drásticas de cuota y el debate por una reforma estructural
Para que un contribuyente de la Categoría A pudiera financiar una jubilación mínima por sus propios medios tras 40 años de aportes, la cuota previsional mensual requeriría un salto exorbitante del 778% en mujeres (de $18.247 a $160.298) y del 725% en hombres con derecho a pensión (de $18.247 a $150.600). Si esta actualización drástica se replicara en todo el escalafón, la recaudación del régimen pasaría del actual 0,04% al 0,27% o 0,29% del PBI.
La urgencia del debate se profundiza ante el vertiginoso envejecimiento poblacional en la Argentina, donde la franja de 0 a 14 años caerá del 31% registrado en 1991 al 17% previsto para 2030 debido al derrumbe de la natalidad. Ante este panorama, desde el IERAL plantean dos vías de reforma: recalcular fuertemente la cuota mensual para equipararla a otras modalidades de trabajo (o limitar el Monotributo solo a sectores de escasos recursos) o implementar un sistema de «cuentas nocionales», donde el Estado lleva un registro individualizado de los aportes reales garantizando un haber proporcional al dinero invertido durante toda la vida laboral.
