Un informe científico publicado por el Foro para la Conservación del Mar Patagónico advierte sobre el impacto acelerado del cambio climático en el Mar Argentino. Especialistas reclaman implementar estrategias de conservación «climáticamente inteligentes» y alertan sobre el desplazamiento de especies mar adentro.
Mientras que el debate sobre la crisis climática suele concentrarse en los fenómenos continentales, las profundidades del Océano Atlántico Sudoccidental atraviesan una transformación silenciosa y alarmante. Así lo revela el reciente estudio “Cambio Climático. Tendencias y proyecciones en el Atlántico Sudoccidental”, elaborado de forma conjunta por la organización WCS Argentina y el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) del CONICET.

La publicación, presentada en el marco del 3° Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico realizado en Mar del Plata, aporta evidencia dura sobre el impacto térmico en la región marina: los registros de las últimas cuatro décadas exponen incrementos en la temperatura superficial del agua de hasta 3,2 °C en la Confluencia Brasil-Malvinas y de aproximadamente 2,4 °C en la zona dominada por la Corriente de Brasil.
Alerta por el calentamiento en la cuenca marina
El documento, avalado por el Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia —red que nuclea a más de 30 organizaciones de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay—, señala que el norte del Mar Argentino, las costas uruguayas y el sur de Brasil conforman uno de los principales focos de calentamiento oceánico del planeta.
En el marco del encuentro periodístico, la directora de conservación costero marina de WCS Argentina y presidenta electa del Foro, Valeria Falabella, remarcó la urgencia de incorporar estas métricas al debate público y a las decisiones de gestión:
“Cuando hablamos de cambio climático, solemos mirar lo que sucede en tierra y dejamos al mar en segundo plano. Sin embargo, el océano también está cambiando y algunas regiones del Atlántico Sudoccidental ya registran un calentamiento muy significativo. El desafío es visibilizar estas transformaciones y comprender qué significan para los ecosistemas que queremos conservar”, sostuvo Falabella.
Las proyecciones anticipan, además, un aumento térmico generalizado sobre el caladero, alcanzando incluso a sectores que históricamente habían mostrado tendencias de enfriamiento.
Sinérgica de presiones humanas y redistribución de fauna
Durante la presentación, las autoridades ambientales explicaron que el cambio en la temperatura del agua no actúa en un vacío, sino que magnifica el impacto de las industrias extractivas y de infraestructura que operan en la plataforma marítima.
Por su parte, el coordinador del Programa Marino de Aves Argentinas e integrante del Grupo Directivo del Foro, Leandro Tamini, hizo hincapié en la necesidad de analizar el escenario global de amenazas:
“El cambio climático no actúa de manera aislada: se suma a las presiones de la pesca, la actividad petrolera y el tráfico marítimo. Además, modifica las condiciones ambientales y puede desplazar a las especies hacia otras áreas. Si queremos conservarlas, necesitamos entender cómo se combinan estas amenazas y anticiparnos a los cambios”, advirtió Tamini.
Como ejemplo de esta problemática, el especialista citó la situación de los albatros: aves marinas de amplio rango de vuelo sobre el mar que dependen de islas específicas para su ciclo reproductivo. La alteración de sus nichos marinos obliga a diseñar políticas de conservación articuladas entre múltiples jurisdicciones.
Cinco ejes para una conservación «climáticamente inteligente»
Para mitigar el deterioro ambiental en la región, la red regional propone una estrategia adaptativa estructurada en cinco líneas de acción prioritarias para las agendas públicas nacionales:
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Fortalecimiento de Áreas Marinas Protegidas: Incorporar variables climáticas en el diseño de los planes de manejo.
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Conservación de refugios climáticos: Proteger zonas costeras y marinas que favorezcan la resiliencia de especies vulnerables.
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Preservación de la conectividad ecológica: Facilitar rutas migratorias frente a las mutaciones ambientales.
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Sistemas de monitoreo continuo: Detectar con rapidez eventos térmicos extremos y alteraciones biológicas.
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Gestión adaptativa e interjurisdiccional: Articular esfuerzos entre los sectores público y privado de la región.
