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La inclinación de la Tierra, y por tanto su eje, dependen en gran medida de la propia masa del planeta.

Inundaciones y sequías, lluvias torrenciales e incendios infernales, tormentas, temperaturas extremas, extinción de especies…

Los efectos del cambio climático son ya visibles en muchos lugares del planeta y muy pocos expertos dudan de que son una de las amenazas más emergentes para la vida.

Sin embargo, un grupo de científicos acaba de descubrir un nuevo elemento que muestra cómo el potencial devastador que la acción humana está teniendo sobre la Tierra afecta también la forma en la que funciona el propio planeta.

Según una investigación publicada el pasado mes en la revista de la Unión Geofísica Estadounidense (AGU, por sus siglas en inglés) el cambio climático ha estado detrás de una serie de desplazamientos que han tenido lugar desde la década de 1990 en el eje de rotación de la Tierra.

Así lo manifestó el presidente Andrés Manuel López Obrador en la Cumbre del Cambio Climático, que comenzó este jueves de forma virtual.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, participa en un foro virtual de cambio climático convocado por su homólogo estadounidense, Joe Biden y en este marco aseguró que su país dejará de importar gasolina para evitar el uso excesivo de combustibles.

«Aunque hemos descubierto tres grandes yacimientos de hidrocarburos, el petróleo que estamos descubriendo se destinará básicamente a cubrir la demanda de combustibles del mercado interno y se acabará con la práctica de exportar petróleo crudo y comprar gasolinas», dijo el mandatario mexicano durante la Cumbre climática virtual convocado por el presidente de EE.UU., Joe Biden.

«De esta forma ayudaremos a evitar el uso excesivo de combustibles fósiles», agregó.

Financiar reforestación

Asimismo, López Obrador propuso a Biden financiar el programa de reforestación Sembrando Vida en Guatemala, Honduras y El Salvador con el fin de mitigar la migración y contribuir al medio ambiente.

«La propuesta es que juntos ampliemos dicho programa en el sureste México y en Centroamérica para sembrar 3.000 millones de arboles adicionales y generar 1 millón 200.000 empleos», dijo el presidente mexicano. 

En este sentido, López Obrador propuso que EE.UU. financie dicho programa en los países que integran el llamado Triángulo Norte de Centroamérica.

«Ustedes, presidente Biden, podrían financiar el programa Sembrando Vida en Guatemala, Honduras y El Salvador. Tomemos en cuenta que con 4 millones de árboles se absorben 70 millones de toneladas de dióxido de carbono por año», apuntó.

También propuso que los centroamericanos que participen en el programa puedan obtener una visa de trabajo temporal en EE.UU. y que incluso puedan obtener hasta la residencia o la ciudadanía estadounidense.

El presidente ruso declaró que su país trabaja para bajar el nivel de la emisión de los gases de efecto invernadero.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, participó este 22 de abril en una cumbre virtual sobre cuestiones relacionadas con el clima, convocada por su homólogo estadounidense, Joe Biden, y propuso establecer una cooperación internacional para la supervisión de todas las emisiones nocivas.

«Invitamos a todos los países interesados sumarse a los estudios científicos conjuntos, invertir juntos en proyectos climáticos de importancia práctica y ocuparse más activamente del desarrollo de las tecnologías con bajas emisiones de carbono para suavizar las consecuencias y adaptación al cambio climático», declaró el mandatario.

Durante su discurso, Putin afirmó que Rusia también trabaja para bajar el nivel de emisión de los gases de efecto invernadero. Recodó que este miércoles se dirigió a la Asamblea Federal (Parlamento ruso) y ordenó reducir el volumen de las emisiones acumuladas en el país para el 2050. «A pesar del tamaño de Rusia, particularidades de geografía, clima y estructura de economía, esta tarea —seguro— se puede realizar», indicó.

En ese contexto, Putin destacó que, en comparación con el año 1990, Rusia redujo significativamente el nivel de emisiones de los gases de efecto invernadero. «Estas emisiones se redujeron dos veces», dijo, agregando que esto fue la consecuencia de «una reconstrucción cardinal de la industria y [del sector de la] energía» que se realiza durante los últimos 20 años.

El mandatario declaró que las fuentes de energía con emisiones bajas constituyen un 45% de la combinación energética de Rusia.

Сalentamiento global

Respecto al problema del calentamiento global, Putin reiteró que la situación que lo estimuló no surgió ayer. Hablando sobre las posibles soluciones del problema, el presidente indicó que el dióxido de carbono persiste en la atmósfera durante cientos de años, y por eso no es suficiente con discutir sobre nuevas emisiones. «Es importante ocuparse de las cuestiones de absorción del dióxido de carbono» ya acumulado, hizo hincapié, destacando que Rusia aporta una «contribución, sin exagerar, colosal» en la absorción de las emisiones globales.

«Hay que tener en cuenta, sin excepción, todos los factores que provocan el calentamiento global. Por ejemplo, al metano le corresponden el 20% de las emisiones antropogénicas. Y cada tonelada crea un efecto invernadero de 25 a 28 veces superior que una tonelada de CO2. Si, digamos, durante los siguientes 30 años logramos reducir a la mitad la emisión de metano, según los expertos,para el 2050 la temperatura global bajaría en 0,18 grados, que es hasta un 45% de diferencia entre la temperatura actual y el objetivo del Acuerdo de París», reiteró.

EE.UU. invitó a 40 líderes mundiales

A finales de marzo, la Casa Blanca señaló que la cumbre se celebrará durante dos días, el 22 y el 23 de abril, y sus participantes «subrayarán la urgencia —y los beneficios económicos— de una acción climática más fuerte».

Para Washington, el evento «será un hito clave en el camino hacia la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26)», que se celebrará del 1 al 12 de noviembre en Glasgow (Escocia, Reino Unido).

EE.UU. invitó a esta cumbre a 40 líderes mundiales, incluidos los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; Brasil, Jair Bolsonaro; México, Andrés Manuel López Obrador; China, Xi Jinping; y Francia, Emmanuel Macron; así como los primeros ministros de Canadá, Justin Trudeau; y Reino Unido, Boris Johnson; y la canciller de Alemania, Angela Merkel.

Menos de una de cada cuatro grandes empresas del mundo está en camino de cumplir sus objetivos para limitar el calentamiento global a 1,5ºC en 2050, reveló el jueves una encuesta de la empresa de inversiones británica Arabesque.

La encuesta, que revisó de 2015 a 2019 a cerca de 700 grandes empresas cotizadas en 14 países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Francia, se da a conocer el día en que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, lanza la cumbre telemática sobre el clima.

Según Arabesque, el 24,84% de las grandes empresas que cotizan en bolsa han tomado medidas para limitar el calentamiento global a 1,5ºC.

Las empresas europeas son las que obtienen mejores resultados, especialmente en Suecia (50%), Alemania (39,29%) y Finlandia (33,33%).

El Reino Unido (23,08%) y Estados Unidos (23,08%) están por detrás, por no hablar de China (8,51%) y Australia (4,55%).

Sin embargo, el estudio señala que el 15% de las empresas que cotizan en los selectivos bursátiles de estos 14 países no publican sus emisiones de gases de efecto invernadero. La proporción aumenta hasta el 29% en el caso del índice Hang Seng de la bolsa china.

El objetivo del Acuerdo de París firmado en 2015 es limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2°C, si es posible a 1,5°C respecto a la era preindustrial.

Este último objetivo parece difícil de alcanzar, el de los 2° debería ser respetado por el 70% de las grandes empresas en 2030.

«Las declaraciones de buenas intenciones en sí mismas no conducirán a las acciones necesarias. De hecho, a pesar de los compromisos cada vez mayores, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera han aumentado desde 2015», señala Georg Kell, presidente de Arabesque.

«Este año puede ser un punto de inflexión y ofrece la oportunidad de que los líderes empresariales adopten una visión amplia y actúen en consecuencia. Pero el tiempo se acaba», subrayó.

Biden invitó a 40 líderes mundiales a la cumbre sobre el clima que organizará por videoconferencia el jueves y el viernes, a la que se unirán el chino Xi Jinping y su homólogo ruso Vladimir Putin.

La UE alcanzó el miércoles un acuerdo de última hora entre los eurodiputados y los Estados miembros sobre una reducción neta de «al menos el 55%» de sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030.

El gobierno británico se comprometió el martes a reducir las emisiones en un 78% para 2035 en comparación con los niveles de 1990, aumentado su objetivo de una reducción del 68% para 2030. Los esfuerzos medioambientales están siendo propulsados en el Reino Unido antes de la celebración en la ciudad escocesa de Glasgow en noviembre de la próxima conferencia sobre el clima COP26.

El presidente Alberto Fernández disertará hoy, mediante videoconferencia, en la Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático, a la cual fue invitado por el mandatario estadounidense Joe Biden el mes pasado.

Fernández tomará la palabra a las 9, hora argentina, informaron fuentes de Casa Rosada, en el encuentro virtual que reunirá a 40 mandatarios, en el marco del Día Internacional de la Madre Tierra.

El listado de expositores fue armado en base a las principales economías de los 17 países más responsables de emisiones y los mandatarios considerados más comprometidos, y de los 40 jefes de Estado convocados hay dos de las Islas del Caribe -Antigua y Barbuda y Jamaica- y cinco latinoamericanos: los de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

El resto de los países invitados son Alemania, Arabia Saudita, Australia, Bangladesh, Bhutan, Canadá, China, Congo, Corea del Sur, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, España, Francia, Gabón, India, Indonesia, Israel, Italia, Japón, Kenia, Islas Marshall, Nigeria, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Reino Unido, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Turquía, Vietnam.

Además habrá un miembro de la Comisión Europea y otro del Consejo Europeo. El 12 de este mes, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, participó por videoconferencia de un encuentro preparatorio para la Cumbre, organizado por el Centro Wilson de Estados Unidos, donde llamó a «construir una nueva arquitectura financiera que financie las políticas de reactivación pospandemia en el marco de la acción climática», indicó esa cartera.

Tomaron parte también sus pares de Chile, Carolina Schmidt, y de Colombia, Carlos Eduardo Correa, con la moderación de Cynthia Arnson, directora del Programa Latinoamérica de la Fundación Wilson.

Fernández había sido invitado a esta Cumbre por el gobierno de Estados Unidos el 26 de febrero último, a través de una conversación telefónica mantenida con el Enviado Especial para el Clima de la administración de ese país, John Kerry; y ratificada el 26 de marzo con una carta enviada por el propio presidente Biden al mandatario argentino.

La ONU exhortó hoy a los líderes mundiales a que trabajen para que 2021 sea el año del gran combate contra el cambio climático porque sus repercusiones «ya son demasiado costosas para los pobladores del planeta», a días de la cumbre sobre clima convocada por por el presidente estadounidense, Joe Biden.

Las naciones «deben actuar ya para proteger a las poblaciones contra los efectos desastrosos del cambio climático», advirtió el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en la presentación, junto a Petteri Taalas, director de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de Naciones Unidas, de un informe anual.

El texto recuerda que 2020 fue uno de los tres años más calurosos registrados hasta ahora y que las concentraciones de gases de efecto invernadero aumentaron pese a la ralentización económica producida por la pandemia de coronavirus, informó la agencia de noticias AFP.

Subrayó que 2021 es un año «crucial» para intentar frenar los efectos «desastrosos» del cambio climático y agendó una serie de cumbres claves, desde esta semana, para ofrecer a los líderes mundiales la ocasión de ponerse en acción.

El documento fue publicado poco antes de la cumbre climática organizada por el presidente Biden para el jueves y viernes próximo, a la que fueron invitados 40 líderes mundiales, incluidos el presidente Alberto Fernández y los de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, entre otros.

La cumbre, que se realizará por videoconferencia, tiene por objetivo galvanizar los esfuerzos de las principales economías para combatir la crisis climática.

Los actuales niveles de ambición en términos climáticos están muy por debajo de lo necesario, según Guterrez.

«Los países deben comprometerse a alcanzar cero emisión para 2050», indicó, añadiendo: «Se termina el plazo para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de 2015. Debemos hacer más y más rápido».

Dicho acuerdo prevé limitar el calentamiento global por debajo de los 2ºC por encima del nivel preindustrial, en tanto los países continúan sus esfuerzos para acotarlo a 1,5°C.

Pero la OMM considera que hay al menos una probabilidad sobre cinco de que la temperatura media global supere temporalmente la barrera de los 1,5°C en 2024.

«Todos los indicadores climáticos claves (…) subrayan lo duradero e implacable del cambio climático, el aumento en número e intensidad de los fenómenos extremos, así como las pérdidas y daños a gran escala, que afectan negativamente a personas, sociedades y economías», dijo Taalas en el informe.

«Todos los indicadores climáticos claves (…) subrayan lo duradero e implacable del cambio climático, el aumento en número e intensidad de los fenómenos extremos»

«Para estabilizar la temperatura media mundial en 1,5 o 2°C por encima del nivel preindustrial de aquí a fines del siglo, necesitaríamos una enorme reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero ya, durante esta década», advirtió el director de la OMM.

El aumento del nivel de los mares se acelera, en tanto el almacenamiento de calor y la acidificación de los océanos también, lo que disminuye la capacidad de éstos de moderar el cambio climático.

Telam

El miércoles estará en la Cumbre Iberoamericana de Andorra y los dos días siguientes en la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático, a la que fue invitado por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

La XXVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se llevará a cabo en Andorra la Vieja, capital de Andorra, bajo el lema «Innovación para el desarrollo sostenible-Objetivo 2030. Iberoamérica frente al reto del coronavirus», aunque por la pandemia se hará en forma «semipresencial».

Acudirán en forma presencial el primer ministro de Andorra, Xavier Espot Zamora; el presidente de Portugal y el primer ministro, Marcelo Rebelo de Sousa y Antonio Costa, respectivamente; los mandatarios de España, Pedro Sánchez; de Guatemala, Alejandro Giammatei, y de República Dominicana, Luis Abinader, y el Rey Felipe VI, de España; consignó la agencia alemana de noticias DPA.

En forma virtual estarán los copríncipes de Andorra, compuesto por el presidente de Francia, Emmanuel Macron -como no es un país miembro solo participará como observador, sin ni voz ni voto-; y el obispo de la diócesis Seo de Urgel, Joan Enric-Vives.

Junto a Fernández lo harán los mandatarios de Bolivia, Luis Arce; de Chile, Sebastián Piñera; de Colombia, Iván Duque Márquez; de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada; de Cuba, Miguel Díaz-Canel; de Ecuador, Lenín Moreno; de El Salvador, Nayib Bukele; de España, Pedro Sánchez, y de Honduras, Juan Orlando Hernández.

Además, participarán los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega; de Panamá, Laurentino Cortizo; de Paraguay, Mario Abdo Benítez; de Portugal, Marcelo Rebelo de Souza; de Uruguay, Luis Lacalle Pou; y de Venezuela, Nicolás Maduro; mientras que faltan resolver los representantes de Brasil, México y Perú.

Previo a la cumbre, el lunes y martes se realizará el XIII Encuentro Empresarial Iberoamericano, que tendrá lugar también en Andorra la Vieja.

Ese martes, los jefes de Estado que acudan presencialmente intervendrán a las 20 -hora argentina- en una mesa redonda de la reunión empresarial, junto a la secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan.

En tanto, a las 22.15, se celebrará un acto bajo el título ‘Reformar y fortalecer el sistema de salud mundial para una mejor respuesta ante futuras pandemias’, que reunirá a Sánchez; Piñera; Alvarado; Costa, Espot y Grynspan.

A la una del miércoles de la Argentina se realizará la ceremonia y cena de inauguración de la Cumbre.

Tras el almuerzo de ese día se firmará el convenio marco para el impulso de la circulación del talento en el espacio iberoamericano, donde participarán los ministros de Asuntos Exteriores de España, Guatemala, Portugal, República Dominicana -todos ellos presencialmente- y en forma virtual los de Brasil, Colombia, Nicaragua, Panamá y Perú.

A las 21, hora argentina, comenzará el plenario de la Cumbre Iberoamericana, con la intervención del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres; el presidente Alberto Fernández y el resto de mandatarios o representantes de los 22 países invitados, para luego emitir una declaración Conjunta.

El jueves pasado el canciller Felipe Solá participó en forma virtual de la II Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Conferencia Iberoamericana, preparatoria de la Cumbre y en donde se consensuó la necesidad de avanzar en «innovaciones para un desarrollo sostenible», apuntaron fuentes de la Cancillería argentina.

Solá estuvo acompañado por el secretario de Relaciones Exteriores, Pablo Tettamanti; el jefe de Gabinete, Guillermo Chaves; y el subsecretario de Asuntos de América Latina, Juan Valle Raleigh.

Y participaron también los cancilleres de Andorra, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Portugal y Venezuela; y los viceministros de Relaciones Exteriores de Brasil, Honduras, Paraguay y Uruguay.

La sede de Andorra fue definida durante la XXVI Cumbre Iberoamericana de Antigua Guatemala, que se realizó el 15 y 16 de noviembre de 2018, y estaba prevista para noviembre de 2020 pero se pospuso por la crisis sanitaria.

En tanto, el jueves y viernes venideros el Presidente argentino participará, también en forma virtual, de la Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático, tras haber sido invitado por carta por el mandatario estadounidense Joe Biden, el 26 de marzo pasado.

El listado fue armado en base a las principales economías de los 17 países más responsables de emisiones y los mandatarios considerados más comprometidos, y de los 40 jefes de Estado convocados hay siete latinoamericanos: Antigua y Barbuda, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Jamaica y México.

El resto de los países invitados son Alemania, Arabia Saudita, Australia, Bangladesh, Bhutan, Canadá, China, Congo, Corea del Sur, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, España, Francia, Gabón, India, Indonesia, Israel, Italia, Japón, Kenia, Islas Marshall, Nigeria, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Reino Unido, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Turquía, Vietnam. Además habrá un miembro de la Comisión Europea y otro del Consejo Europeo.

El lunes pasado, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, participó por videoconferencia de un encuentro preparatorio para la Cumbre, organizado por el Centro Wilson de Estados Unidos, donde llamó a «construir una nueva arquitectura financiera que financie las políticas de reactivación pospandemia en el marco de la acción climática», indicaron fuentes de esa cartera.

Tomaron parte también sus pares de Chile, Carolina Schmidt, y de Colombia, Carlos Eduardo Correa, con la moderación de Cynthia Arnson, directora del Programa Latinoamérica de la Fundación Wilson.

Alberto Fernández había sido invitado a esta Cumbre por el gobierno de Estados Unidos el 26 de febrero pasado, a través de una conversación telefónica mantenida con el Enviado Especial para el Clima de la administración de ese país, John Kerry, y ratificada el 26 de marzo a través de una carta enviada por el propio presidente Biden al mandatario argentino.

Para finales de esta década podrían sumarse otros cinco millones de pobres en la región, advierte un informe de la Celac. Solo en un año, 4,8 millones de latinoamericanos pasaron a vivir en extrema pobreza debido a la crisis sanitaria actual. Pero si la recuperación económica pospandemia no busca hacer resilientes a los países frente al cambio climático, para finales de esta década se sumarán otros cinco millones de pobres en la región.

Así asegura el informe «Una recuperación Verde y Resiliente para Latinoamérica» presentado por el Centro Global de Adaptación y la Presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Según datos del World Economic Forum, América Latina y el Caribe es la región del mundo con más inequidad. Ahora, la pandemia no ha hecho más que profundizar esa diferencia. Según datos de Cepal, en la región hay cerca de 230 millones de pobres, de los cuales casi 90 millones viven en pobreza extrema.

La falta de inversión social, la debilidad de los sistemas de salud y la gran tasa de informalidad laboral -que fluctúa entre 30 y 70 por ciento según el país- hicieron que los efectos de la pandemia hayan sido mucho más severos en la región.

«Existen subsidios en algunos países, pero ellos no están focalizados. Ello hizo que la región quedara mucho más golpeada que el resto del mundo después de la primera ola de contagios por covid-19», dijo a SciDev.Net Marcelo Mena, director del Centro de Acción Climática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y coautor del reporte.

De esta manera, y considerando solo 2020, Latinoamérica ostenta seis de las 20 principales tasas de contagios per cápita del mundo. Mientras que de las 20 naciones con mayores tasas de defunción por COVID-19, nueve son latinoamericanas.

Y aun cuando la pandemia parece ser el tema más preocupante, el cambio climático no se ha detenido. Sus impactos no solo siguen creciendo de manera acelerada, sino que las consecuencias son más severas y se están produciendo de forma más temprana que lo estimado por los científicos, explicó a SciDev.Net Ede Ijjasz-Vásquez, asesor sénior del Centro Global de Adaptación y quien no fue parte del estudio.

América Latina y el Caribe pierden en promedio 11 mil millones de dólares anuales por causa de desastres naturales asociados al clima. Además, nueve de los 20 países con mayor merma en su PIB debido al cambio climático a nivel mundial son de la región, según el informe.

A pesar de esta realidad, destaca el informe, la inversión en infraestructura resiliente solo se ha incrementado en 3 por ciento comparada con la infraestructura convencional. Pero si los países destinaran entre 3 y 13 mil millones de dólares al año a construir infraestructura que se adapte al nuevo clima, para findes de la década se habrán generado 700 mil millones de dólares en beneficios netos solo por la prevención de daños.

Mena aseguró que sumando un 3 por ciento al costo de la obra se logra tener un diseño resiliente de la infraestructura. Eso no solo permitiría asegurar que una comunidad no quede aislada por el corte de un puente, por ejemplo, sino también que no se pierda toda la actividad económica asociada a ese paso.

De los pequeños negocios que cierran más de dos semanas por una inundación, el 70 por ciento no vuelve a abrir, recordó Ede Ijjasz-Vásquez. «Por ello todavía queda mucho por hacer en adaptación y resiliencia en Latinoamérica», agregó.

Además de abordar las brechas en infraestructura, el informe recomienda a los países que los estímulos económicos consideren beneficios directos para las personas y así cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Movilizar inversiones y crear empleos para reducir la inequidad, pero también generar inclusión para mujeres, indígenas y afrodescendientes.

«Si el propósito de esos empleos se volcara a la resiliencia se podrían generar beneficios inmediatos», aseguró Mena. Limpiar las quebradas para evitar incendios forestales, eliminar los basurales o reforestar permiten, además, incluir en los programas de empleo a la mano de obra no calificada.

«Si la región no enfrenta la desigualdad tendrá más estallidos sociales (como los de Chile y Colombia), pero también se demorará más en pararse de la pandemia y en reponerse del cambio climático», advirtió el científico.

El Banco Mundial estima que, para mediados de siglo, la región tendrá cerca de 20 millones de migrantes climáticos internos.

Fuente: Extremo Sur de la Patagonia

El fundador de Microsoft dedicó diez años a investigaciones científicas y con base en ello escribió el libro “Cómo evitar un desastre climático”, que esta semana llegó a Colombia. Fragmento exclusivo.

La razón por la que el mundo emite tantos gases de efecto invernadero es que las tecnologías energéticas actuales son, con diferencia, las más baratas disponibles (sin tener en cuenta los perjuicios a largo plazo que ocasionan). Así pues, lograr que nuestra mastodóntica economía energética abandone las tecnologías “sucias” y emisoras de carbono en beneficio de las tecnologías de cero emisiones conllevará un costo. Pero ¿Qué costo? En algunos casos podemos calcular la diferencia de forma directa. Si existe una versión sucia y otra limpia de lo mismo, basta con comparar los precios.

La mayoría de estas soluciones neutras en carbono son más caras que sus equivalentes basadas en combustibles fósiles. En parte, esto se debe a que los precios de los combustibles fósiles no reflejan los daños medioambientales que causan, por lo que parecen más baratos que la alternativa.

Yo llamo a estos costos adicionales “primas verdes”. He consultado a muchas personas respecto a la prima verde, entre ellas a varios expertos de Rhodium Group, Evolved Energy Research y al climatólogo Ken Caldeira

Cada vez que mantengo una conversación sobre el cambio climático, las primas verdes no dejan de rondarme la cabeza. Quiero dedicar un momento a explicar qué significa. No existe una sola prima verde. Hay muchas: para la electricidad, para los diversos carburantes, para el cemento, etcétera.

La magnitud de la prima verde depende de lo que se sustituye y de aquello por lo que se sustituye. El costo del combustible para aviones neutro en carbono no es el mismo que el de la electricidad producida a partir de energía solar. He aquí un ejemplo de cómo funcionan las primas verdes en la práctica.

El precio medio de venta al público del combustible de aviación en Estados Unidos en los últimos años ha sido de US$0,58 por litro. Los biocombustibles avanzados para aviones cuestan en promedio US$1,41 por litro (cuando están disponibles). Por consiguiente, la prima verde para el combustible neutro en carbono es la diferencia entre estos dos precios; es decir, US$0,83. Eso supone una prima de más del 140 %. (Recomendamos: Bill Gates patrocina investigación sobre el sol).

En casos excepcionales, la prima verde puede ser negativa; en otras palabras, es posible que adoptar una tecnología verde resulte más barato que continuar usando combustibles fósiles. Por ejemplo, según donde vivas, quizás ahorres si reemplazas la caldera de gas natural y el aire acondicionado por una bomba de calor eléctrica. En Oakland, esto reduciría en un 14 % tus gastos de climatización, mientras que en Houston el ahorro ascendería al 17 %.

Cabría imaginar que una tecnología con una prima verde negativa ya se habría adoptado en todo el mundo. En líneas generales, así es, pero existe un desfase entre la aparición de una nueva tecnología y su implementación (sobre todo en cosas como las calderas domésticas, que no se cambian muy a menudo).

Una vez calculadas las primas verdes para todas las opciones neutras en carbono, se puede empezar a hablar en serio de si los sacrificios valen la pena o no. ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por abrazar las alternativas verdes? ¿Compraremos biocombustibles avanzados a un precio dos veces superior al del combustible para aviones? ¿Compraremos cemento verde, que cuesta el doble que el normal?

Por cierto, cuando pregunto ¿cuánto estamos dispuestos a pagar? me refiero a “nosotros” en una escala global. No se trata solo de lo que los estadounidenses o europeos podamos permitirnos. No cuesta imaginar primas verdes lo bastante elevadas como para que Estados Unidos esté dispuesto a pagarlas y en condiciones de hacerlo, pero India, China, Nigeria y México no. Necesitamos primas tan bajas que le permitan descarbonizarse a todo el mundo.

Hay que reconocer que las primas verdes son un blanco móvil. A la hora de calcularlas se dan muchas cosas por sentadas; al escribir este libro, he aceptado las que me parecían razonables, pero otras personas bien informadas podrían partir de supuestos distintos y llegar a resultados distintos. Más importante que los precios concretos es saber si una tecnología verde determinada es casi tan barata como su equivalente en combustibles fósiles y, para los casos en que no lo es, pensar en cómo la innovación puede reducir su precio.

Espero que las primas verdes que menciono en este libro den pie a una discusión más a fondo sobre la cuestión de los costos que acarreará la transición hacia el cero. Espero también que otras personas hagan sus propios cálculos de las primas, y me alegraría mucho descubrir que algunas no son tan altas como yo pensaba. Las que he calculado en este libro constituyen una herramienta imperfecta para comparar costos, pero mejor eso que nada.

En particular, las primas verdes son un instrumento estupendo para tomar decisiones. Nos ayudan a hacer un uso óptimo de nuestro tiempo, atención y dinero. Tras estudiar las distintas primas, podemos decidir qué soluciones neutras en carbono debemos implementar ya y en qué campos debemos buscar avances porque las alternativas limpias no son lo bastante económicas. Nos ayudan a responder preguntas como estas: ¿qué opciones neutras en carbono deberíamos implementar ya?

Respuesta: las que tengan una prima verde baja o nula. Si no estamos poniendo ya en práctica estas soluciones, es señal de que el costo no es el impedimento. Otro factor —como una política pública caduca o la falta de concienciación— nos impide desplegarlas a gran escala.

¿Hacia dónde debemos orientar los gastos en investigación y desarrollo, las inversiones iniciales y los esfuerzos de nuestros mejores inventores? Respuesta: hacia donde decidamos que nuestras primas verdes son demasiado altas. Es allí donde el costo adicional de la opción neutra en carbono constituirá un obstáculo para la descarbonización y una oportunidad para las nuevas tecnologías, empresas y productos que la hagan asequible.

Los países punteros en investigación y desarrollo pueden crear nuevos productos, abaratarlos y exportarlos a los lugares que no pueden pagar las primas actuales. Esto hará innecesarias las discusiones sobre si todos los países están arrimando el hombro para evitar un desastre climático; en cambio, Estados y empresas competirán por desarrollar y comercializar las innovaciones asequibles que ayuden al mundo a alcanzar las cero emisiones.

Una última ventaja del concepto de primas verdes: puede funcionar como un sistema de medición que nos indique el progreso que hemos hecho en la lucha contra el cambio climático.

En este sentido, las primas verdes me recuerdan un problema con el que topamos Melinda y yo cuando empezamos a trabajar en el terreno de la salud global. Los expertos nos informaban de cuántos niños morían al año en todo el mundo, pero no podían decirnos gran cosa acerca de la causa de esas muertes.

Sabíamos que cierto número de niños fallecían debido a la diarrea, pero ignorábamos qué la ocasionaba. ¿Cómo íbamos a determinar qué innovaciones podrían salvar vidas si no sabíamos por qué morían los niños?

Así pues, con la colaboración de socios de todo el mundo, financiamos varios estudios para averiguar qué estaba acabando con las vidas de esos niños. Al final, logramos rastrear las muertes con mucho más detalle y obtener datos que allanaron el camino hacia avances importantes.

Descubrimos, por ejemplo, que la neumonía se hallaba detrás de una parte considerable de la mortalidad infantil anual. Aunque ya existía una vacuna neumocócica, era tan cara que los países pobres no la compraban (además, tenían pocos incentivos para comprarla, pues ignoraban cuántos niños fallecían a causa de esta enfermedad). Sin embargo, en cuanto vieron los datos —y varios donantes accedieron a sufragar buena parte del coste—, comenzaron a incluir la vacuna en sus programas de salud, y al cabo de un tiempo nos fue posible costear una mucho más barata que ahora se utiliza en multitud de países.

Las primas verdes pueden conseguir algo parecido respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero. Nos ofrecen una perspectiva distinta de la de las cifras en bruto, que nos indican a qué distancia nos encontramos del objetivo pero no cuánto nos costará alcanzarlo.

¿Cuánto costaría utilizar las herramientas neutras en carbono de que disponemos en la actualidad? ¿Qué innovaciones ejercerían un mayor impacto sobre las emisiones? Las primas verdes responden a estas preguntas al determinar el precio que tendremos que pagar por llegar al cero, sector por sector, y al poner de relieve las áreas en las que deberemos innovar, del mismo modo que los datos nos indicaban que debíamos apostar fuerte por la vacuna neumocócica.

En algunos casos, como en el ejemplo del combustible para aviones citado antes, el enfoque directo para calcular las primas verdes es sencillo. Sin embargo, cuando lo aplicamos a escala más general surge un problema: no disponemos de equivalentes directos verdes para todo. No existe un cemento neutro en emisiones (al menos de momento). ¿Cómo podemos formarnos una idea aproximada del costo que tendría una solución verde en esos casos?

Podemos hacerlo por medio de un experimento mental. “¿Cuánto costaría retirar todo el carbono de la atmósfera directamente?”. Esta idea tiene un nombre: se llama “captura directa de aire” (DAC, por sus siglas en inglés). En pocas palabras, la DAC consiste en insuflar aire a través de un filtro que absorbe dióxido de carbono, que luego se guarda de forma segura.

Se trata de una tecnología cara y poco probada, pero, si diera buenos resultados a gran escala, nos permitiría capturar dióxido de carbono con independencia de cuándo y dónde se produjera. La planta de captura directa que ya está en funcionamiento, en Suiza, absorbe gases que bien podrían haber salido hace diez años de una termoeléctrica de carbón en Texas.

Para calcular cuán costoso sería este sistema, solo necesitamos dos datos: la cantidad de emisiones mundiales y el costo de absorber emisiones utilizando la DAC. El número de emisiones ya lo conocemos: son 51.000 millones de toneladas al año. En cuanto al costo que supone retirar del aire una tonelada de carbono, la cifra no se ha establecido de manera definitiva, pero es de al menos US$200 por tonelada.

Creo que es realista esperar que, con un poco de innovación, se reduzca a US$100 por tonelada, así que me ceñiré a este número. Lo que nos lleva a la siguiente ecuación: 51.000 millones de toneladas al año x US$100 por tonelada = US$5,1 billones al año.

En otras palabras, la opción de utilizar la DAC para resolver el problema del clima costaría al menos US$5,1 billones al año, cada año, mientras continuáramos produciendo emisiones. Eso representa cerca del 6 % de la economía mundial. Se trata de una suma estratosférica, aunque, en realidad, esta teórica tecnología DAC saldría mucho más barata que si intentáramos reducir las emisiones paralizando sectores de la economía, como hemos hecho durante la pandemia.

En Estados Unidos, según datos del Rhodium Group, el costo por tonelada para la economía oscilaba entre US$2.600 y US$3.300. En la Unión Europea, se aproximaba más a los US$4.000 por tonelada. Dicho de otro modo, era entre 25 y 40 veces más caro que los US$100 por tonelada que esperamos que cueste algún día.

Como ya había mencionado, la solución basada en la DAC es solo un experimento mental. En la vida real, la tecnología DAC no está preparada para ser implementada en todo el mundo y, aunque lo estuviera, sería un método de lo más ineficiente para resolver el problema del carbono en la atmósfera.

No está claro que seamos capaces de almacenar cientos de miles de millones de toneladas de carbono de manera segura. No existe una forma práctica de recaudar US$5,1 billones al año ni de asegurarnos de que todo el mundo pague la parte que le corresponde. Incluso el intento de definir qué parte corresponde en justicia a cada uno provocaría conflictos políticos considerables.

Necesitaríamos construir más de cincuenta mil plantas de captura directa en todo el mundo solo para lidiar con las emisiones que estamos produciendo ahora mismo. Por otro lado, la DAC no funciona con el metano u otros gases de efecto invernadero, solo con el dióxido de carbono. Además, seguramente sería la solución más cara; en muchos casos, saldría más barato acabar con las emisiones de gases de efecto invernadero.

Incluso si se consiguiera que la DAC funcionara a escala mundial —y no hay que olvidar que soy un optimista en lo que a la tecnología se refiere—, lo más seguro es que no se podría desarrollar ni desplegar con rapidez suficiente para evitar daños graves al medio ambiente. Por desgracia, no podemos limitarnos a esperar que nos salve una tecnología futura como la DAC. Debemos empezar a salvarnos a nosotros mismos desde este instante.

El método de su investigación (I)

“Cuando empecé a documentarme acerca del cambio climático no dejaba de toparme con datos que me resultaban difíciles de digerir. Las cifras eran tan desorbitadas, que costaba visualizarlas. ¿Quién puede hacerse una idea de lo que son 51.000 millones de toneladas de gas? Otro problema era que los datos con que me encontraba aparecían desprovistos de contexto. Un artículo afirmaba que un programa de intercambio de emisiones de Europa había reducido la huella de carbono del sector aeronáutico en 17 millones de toneladas al año. Sin duda parece mucho, pero, ¿lo es en realidad? ¿Qué porcentaje del total representa? El artículo no lo especificaba. Las omisiones eran habituales. Con el tiempo desarrollé un esquema mental para asimilar lo que estaba aprendiendo. Me ayudó a identificar las ideas más prometedoras. He descubierto que este enfoque sirve para iniciarme en casi cualquier tema: primero intento formarme una idea general, lo que me proporciona un contexto en el que interpretar los datos nuevos. Esto me dotó de cierta intuición para saber si una cantidad era grande o pequeña, y cómo de caras podían ser las cosas”.

El método de su investigación (II)

1. “Cada vez que leo un texto que menciona cierta cantidad de gases de efecto invernadero echo unas cuentas rápidas para convertirla en un porcentaje del total anual de 51.000 millones de toneladas. Para mí, tiene más sentido que otras comparaciones, como ‘tantas toneladas equivalen a retirar un carro de la circulación’. ¿Quién sabe cuántos carros hay en circulación, para empezar, o cuántos hay que retirar para combatir el cambio climático? Prefiero relacionarlo todo con el objetivo principal de dejar de emitir 51.000 millones de toneladas al año”.

2. “Si hablamos de un plan para afrontar el cambio climático, debemos contemplar todo lo que hacemos los humanos y que provoca gases de efecto invernadero. Cosas como la electricidad y los autos atraen mucha atención, pero no son más que la punta del iceberg. El turismo representa menos de la mitad de las emisiones derivadas del transporte, que a su vez constituyen el 16 % de las emisiones totales. La producción de acero y cemento suma cerca del 10 % de todas las emisiones. La pregunta ‘¿Qué planeas hacer con el cemento?’ es un recordatorio de que para formular un plan exhaustivo contra el cambio climático deben considerarse muchas otras cosas aparte de la electricidad y los autos”.

 

51.000 millones y 0 son las dos cifras que, según Bill Gates, necesitamos tener en mente a la hora de hablar del cambio climático.

Y vencer este desafío sería «lo más asombroso que haya hecho la humanidad», dice el multimillonario fundador de Microsoft.

En comparación, poner fin a la pandemia de covid-19 es algo «muy, muy fácil», afirma.

El nuevo libro de Gates, «Cómo evitar un desastre climático», es una guía para abordar el calentamiento global.

«Nunca hemos hecho una transición como la que necesitamos hacer en los próximos 30 años. No hay ningún precedente para esto», asegura.

De hecho, 51.000 millones es la cantidad de toneladas de gases de efecto invernadero que el mundo suele agregar a la atmósfera cada año.

Y cero neto es donde tenemos que llegar.

Esto significa reducir las emisiones a un nivel en el que cualquier emisión de gases de efecto invernadero se equilibre mediante la absorción de una cantidad equivalente de la atmósfera.

Una forma de hacerlo es plantando árboles, que absorben CO2 a través de sus hojas.

Pero el enfoque de Gates está en cómo la tecnología puede servir para lograrlo.

Las fuentes renovables como la energía eólica y la solar pueden ayudarnos a descarbonizar la electricidad, pero, como señala Gates, eso es menos del 30% de las emisiones totales.

También vamos a tener que descarbonizar el otro 70% de la economía mundial: el acero, el cemento, los sistemas de transporte, la producción de fertilizantes y mucho, mucho más.

Y simplemente no tenemos formas de hacer eso en este momento en muchos de estos sectores.

La respuesta, dice Gates, está en un esfuerzo de innovación a una escala que el mundo nunca ha visto antes.

Y esto tiene que comenzar con los gobiernos, argumenta.

Por el momento, el sistema económico no calcula el costo real del uso de combustibles fósiles.

La mayoría de los usuarios no paga nada por el daño al medio ambiente causado por la contaminación de la gasolina en su automóvil o el carbón o el gas que genera la electricidad en su hogar.

«En este momento, no ves el dolor que estás causando al emitir dióxido de carbono», dice Gates.

Por eso dice que los gobiernos tienen que intervenir.

«Necesitamos usar los precios para decirle al sector privado que queremos productos ecológicos», argumenta.

Eso va a requerir una gran inversión por parte de los gobiernos en investigación y desarrollo, anticipa Gates, así como apoyo para permitir que el mercado de nuevos productos y tecnologías crezca, ayudando así a bajar los precios.

Cuando estaba convirtiendo a Microsoft en el gigante multimillonario que es ahora, sin embargo, Gates acostumbraba argumentar que la regulación sofocaba la innovación.

¿No es un poco hipócrita que ahora exija la intervención del gobierno?

Gates responde que siempre ha apoyado «el papel básico del gobierno en materia de carreteras, justicia, educación e investigación científica».

Y, en el caso del clima, sostiene que será imposible evitar un desastre, particularmente para aquellos que viven cerca del ecuador, sin que los gobiernos de todo el mundo respalden el esfuerzo.

El Partido Republicano en Estados Unidos debe reconocer la importancia de abordar el cambio climático, dice Gates.

Esto debe ser un «impulso constante de 30 años», sostiene.

«Las empresas simplemente no pueden cambiar toda esa infraestructura física a menos que las señales del mercado sean constantes y muy claras», agrega.

Para Gates, simplemente consumir menos cosas (tomar menos vuelos, más comida producida localmente, utilizar menos electricidad y gas) no resolverá el problema.

«India va a construir viviendas para su gente, proporcionará iluminación por la noche, aire acondicionado para hacer que las condiciones sean habitables», cree Gates, así que la demanda mundial no se reducirá.

Sostiene que la acción política es más importante, exigiéndole al gobierno que haga lo correcto y, utilizando nuestras voces como consumidores, insistiendo en lo mismo con las empresas.

«Si compras un automóvil eléctrico, una hamburguesa hecha con un sustituto de la carne, una bomba de calor eléctrica para su hogar, estás ayudando a aumentar la producción de estos productos y, por lo tanto, ayudando a bajar los precios», explica.

Gates, sin embargo, todavía disfruta de los privilegios del estilo de vida multimillonario.

Utiliza aviones privados, pero insiste en que funcionan con unos biocombustibles de aviación fabricados a partir de productos vegetales.

«Pago tres veces más ahora por mi combustible de aviación, sabes, más de US$7 millones al año para compensar por mis emisiones», destaca.

Y se ha unido a una guerra de ofertas multimillonarias para comprar una de las compañías de servicios de jet privado más grandes del mundo, una empresa llamada Signature Aviation.

Pero, ¿es apropiado cuando acaba de escribir un libro que le dice al mundo cómo evitar un desastre climático?

«No creo que tenga sentido dejar de volar», responde. «Ese tipo de estrategia de fuerza bruta no nos llevará allí».

Para él, la respuesta tiene que ser «un tipo de combustible de aviación que no cueste mucho más y que tenga cero emisiones y eso significa biocombustibles o energía eléctrica o quizás usar hidrógeno verde para impulsar el avión».

Gates también se ha convertido en una especie de fantasma para los teóricos de la conspiración del coronavirus.

Ha sido acusado de todo, desde inventar el virus en un laboratorio secreto como parte de un proyecto de las élites globales para despoblar el mundo, hasta usar vacunas para implantar microchips en las personas para rastrearlas y controlarlas.

Se ríe cuando se le pregunta sobre esto.

«¿Por qué querría rastrear a la gente? No estoy tan interesado en saber dónde va la gente», dice.

El foco principal de sus enormes esfuerzos caritativos hasta la fecha ha sido abordar problemas de salud en los países en desarrollo.

Y me dice que está acostumbrado a que la gente se aburra cuando habla de la tuberculosis y la malaria en los cócteles, por lo que este es un cambio real de lo que él llama «la oscuridad normal de trabajar en enfermedades infecciosas».

Gates, sin embargo, dice que le preocupaba que hablar sobre el clima pudiera generar una controversia similar.

«No quiero diluir mi voz en temas como la erradicación de la polio o la malaria», explica Gates, quien sin embargo dice que sintió que era el momento adecuado para publicar su plan para abordar el cambio climático.

Dice que quiere que sus ideas se incorporen a los paquetes de estímulo ecológico que se proponen en todo el mundo y que se discutan en el período previo a la crucial conferencia climática que Reino Unido está organizando en Glasgow en noviembre de este año.

Estamos en un punto crucial del debate sobre el clima, afirma.

Y cree que la generación joven tiene una «convicción moral» de que deben participar para lograr un cambio en el tema que es necesario aprovechar.

«Tenemos que tomar esa energía y asegurarnos de que esté dirigida a las políticas que marcarán la diferencia», argumenta.

Pero no va a ser fácil, advierte.

Esto tiene que seguir siendo una gran prioridad para el mundo año tras año.

La esperanza es que «tengamos un poco de suerte» y logremos desarrollar nuevas tecnologías innovadoras que realmente resuelvan las áreas difíciles, dice.

Pero es optimista de que aún podemos evitar los peores efectos del cambio climático.

«Sabes, lo he visto muchas veces, la innovación nos sorprende de manera positiva», concluye.