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Para finales de esta década podrían sumarse otros cinco millones de pobres en la región, advierte un informe de la Celac. Solo en un año, 4,8 millones de latinoamericanos pasaron a vivir en extrema pobreza debido a la crisis sanitaria actual. Pero si la recuperación económica pospandemia no busca hacer resilientes a los países frente al cambio climático, para finales de esta década se sumarán otros cinco millones de pobres en la región.

Así asegura el informe «Una recuperación Verde y Resiliente para Latinoamérica» presentado por el Centro Global de Adaptación y la Presidencia pro tempore de México de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Según datos del World Economic Forum, América Latina y el Caribe es la región del mundo con más inequidad. Ahora, la pandemia no ha hecho más que profundizar esa diferencia. Según datos de Cepal, en la región hay cerca de 230 millones de pobres, de los cuales casi 90 millones viven en pobreza extrema.

La falta de inversión social, la debilidad de los sistemas de salud y la gran tasa de informalidad laboral -que fluctúa entre 30 y 70 por ciento según el país- hicieron que los efectos de la pandemia hayan sido mucho más severos en la región.

«Existen subsidios en algunos países, pero ellos no están focalizados. Ello hizo que la región quedara mucho más golpeada que el resto del mundo después de la primera ola de contagios por covid-19», dijo a SciDev.Net Marcelo Mena, director del Centro de Acción Climática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y coautor del reporte.

De esta manera, y considerando solo 2020, Latinoamérica ostenta seis de las 20 principales tasas de contagios per cápita del mundo. Mientras que de las 20 naciones con mayores tasas de defunción por COVID-19, nueve son latinoamericanas.

Y aun cuando la pandemia parece ser el tema más preocupante, el cambio climático no se ha detenido. Sus impactos no solo siguen creciendo de manera acelerada, sino que las consecuencias son más severas y se están produciendo de forma más temprana que lo estimado por los científicos, explicó a SciDev.Net Ede Ijjasz-Vásquez, asesor sénior del Centro Global de Adaptación y quien no fue parte del estudio.

América Latina y el Caribe pierden en promedio 11 mil millones de dólares anuales por causa de desastres naturales asociados al clima. Además, nueve de los 20 países con mayor merma en su PIB debido al cambio climático a nivel mundial son de la región, según el informe.

A pesar de esta realidad, destaca el informe, la inversión en infraestructura resiliente solo se ha incrementado en 3 por ciento comparada con la infraestructura convencional. Pero si los países destinaran entre 3 y 13 mil millones de dólares al año a construir infraestructura que se adapte al nuevo clima, para findes de la década se habrán generado 700 mil millones de dólares en beneficios netos solo por la prevención de daños.

Mena aseguró que sumando un 3 por ciento al costo de la obra se logra tener un diseño resiliente de la infraestructura. Eso no solo permitiría asegurar que una comunidad no quede aislada por el corte de un puente, por ejemplo, sino también que no se pierda toda la actividad económica asociada a ese paso.

De los pequeños negocios que cierran más de dos semanas por una inundación, el 70 por ciento no vuelve a abrir, recordó Ede Ijjasz-Vásquez. «Por ello todavía queda mucho por hacer en adaptación y resiliencia en Latinoamérica», agregó.

Además de abordar las brechas en infraestructura, el informe recomienda a los países que los estímulos económicos consideren beneficios directos para las personas y así cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Movilizar inversiones y crear empleos para reducir la inequidad, pero también generar inclusión para mujeres, indígenas y afrodescendientes.

«Si el propósito de esos empleos se volcara a la resiliencia se podrían generar beneficios inmediatos», aseguró Mena. Limpiar las quebradas para evitar incendios forestales, eliminar los basurales o reforestar permiten, además, incluir en los programas de empleo a la mano de obra no calificada.

«Si la región no enfrenta la desigualdad tendrá más estallidos sociales (como los de Chile y Colombia), pero también se demorará más en pararse de la pandemia y en reponerse del cambio climático», advirtió el científico.

El Banco Mundial estima que, para mediados de siglo, la región tendrá cerca de 20 millones de migrantes climáticos internos.

Fuente: Extremo Sur de la Patagonia

El fundador de Microsoft dedicó diez años a investigaciones científicas y con base en ello escribió el libro “Cómo evitar un desastre climático”, que esta semana llegó a Colombia. Fragmento exclusivo.

La razón por la que el mundo emite tantos gases de efecto invernadero es que las tecnologías energéticas actuales son, con diferencia, las más baratas disponibles (sin tener en cuenta los perjuicios a largo plazo que ocasionan). Así pues, lograr que nuestra mastodóntica economía energética abandone las tecnologías “sucias” y emisoras de carbono en beneficio de las tecnologías de cero emisiones conllevará un costo. Pero ¿Qué costo? En algunos casos podemos calcular la diferencia de forma directa. Si existe una versión sucia y otra limpia de lo mismo, basta con comparar los precios.

La mayoría de estas soluciones neutras en carbono son más caras que sus equivalentes basadas en combustibles fósiles. En parte, esto se debe a que los precios de los combustibles fósiles no reflejan los daños medioambientales que causan, por lo que parecen más baratos que la alternativa.

Yo llamo a estos costos adicionales “primas verdes”. He consultado a muchas personas respecto a la prima verde, entre ellas a varios expertos de Rhodium Group, Evolved Energy Research y al climatólogo Ken Caldeira

Cada vez que mantengo una conversación sobre el cambio climático, las primas verdes no dejan de rondarme la cabeza. Quiero dedicar un momento a explicar qué significa. No existe una sola prima verde. Hay muchas: para la electricidad, para los diversos carburantes, para el cemento, etcétera.

La magnitud de la prima verde depende de lo que se sustituye y de aquello por lo que se sustituye. El costo del combustible para aviones neutro en carbono no es el mismo que el de la electricidad producida a partir de energía solar. He aquí un ejemplo de cómo funcionan las primas verdes en la práctica.

El precio medio de venta al público del combustible de aviación en Estados Unidos en los últimos años ha sido de US$0,58 por litro. Los biocombustibles avanzados para aviones cuestan en promedio US$1,41 por litro (cuando están disponibles). Por consiguiente, la prima verde para el combustible neutro en carbono es la diferencia entre estos dos precios; es decir, US$0,83. Eso supone una prima de más del 140 %. (Recomendamos: Bill Gates patrocina investigación sobre el sol).

En casos excepcionales, la prima verde puede ser negativa; en otras palabras, es posible que adoptar una tecnología verde resulte más barato que continuar usando combustibles fósiles. Por ejemplo, según donde vivas, quizás ahorres si reemplazas la caldera de gas natural y el aire acondicionado por una bomba de calor eléctrica. En Oakland, esto reduciría en un 14 % tus gastos de climatización, mientras que en Houston el ahorro ascendería al 17 %.

Cabría imaginar que una tecnología con una prima verde negativa ya se habría adoptado en todo el mundo. En líneas generales, así es, pero existe un desfase entre la aparición de una nueva tecnología y su implementación (sobre todo en cosas como las calderas domésticas, que no se cambian muy a menudo).

Una vez calculadas las primas verdes para todas las opciones neutras en carbono, se puede empezar a hablar en serio de si los sacrificios valen la pena o no. ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por abrazar las alternativas verdes? ¿Compraremos biocombustibles avanzados a un precio dos veces superior al del combustible para aviones? ¿Compraremos cemento verde, que cuesta el doble que el normal?

Por cierto, cuando pregunto ¿cuánto estamos dispuestos a pagar? me refiero a “nosotros” en una escala global. No se trata solo de lo que los estadounidenses o europeos podamos permitirnos. No cuesta imaginar primas verdes lo bastante elevadas como para que Estados Unidos esté dispuesto a pagarlas y en condiciones de hacerlo, pero India, China, Nigeria y México no. Necesitamos primas tan bajas que le permitan descarbonizarse a todo el mundo.

Hay que reconocer que las primas verdes son un blanco móvil. A la hora de calcularlas se dan muchas cosas por sentadas; al escribir este libro, he aceptado las que me parecían razonables, pero otras personas bien informadas podrían partir de supuestos distintos y llegar a resultados distintos. Más importante que los precios concretos es saber si una tecnología verde determinada es casi tan barata como su equivalente en combustibles fósiles y, para los casos en que no lo es, pensar en cómo la innovación puede reducir su precio.

Espero que las primas verdes que menciono en este libro den pie a una discusión más a fondo sobre la cuestión de los costos que acarreará la transición hacia el cero. Espero también que otras personas hagan sus propios cálculos de las primas, y me alegraría mucho descubrir que algunas no son tan altas como yo pensaba. Las que he calculado en este libro constituyen una herramienta imperfecta para comparar costos, pero mejor eso que nada.

En particular, las primas verdes son un instrumento estupendo para tomar decisiones. Nos ayudan a hacer un uso óptimo de nuestro tiempo, atención y dinero. Tras estudiar las distintas primas, podemos decidir qué soluciones neutras en carbono debemos implementar ya y en qué campos debemos buscar avances porque las alternativas limpias no son lo bastante económicas. Nos ayudan a responder preguntas como estas: ¿qué opciones neutras en carbono deberíamos implementar ya?

Respuesta: las que tengan una prima verde baja o nula. Si no estamos poniendo ya en práctica estas soluciones, es señal de que el costo no es el impedimento. Otro factor —como una política pública caduca o la falta de concienciación— nos impide desplegarlas a gran escala.

¿Hacia dónde debemos orientar los gastos en investigación y desarrollo, las inversiones iniciales y los esfuerzos de nuestros mejores inventores? Respuesta: hacia donde decidamos que nuestras primas verdes son demasiado altas. Es allí donde el costo adicional de la opción neutra en carbono constituirá un obstáculo para la descarbonización y una oportunidad para las nuevas tecnologías, empresas y productos que la hagan asequible.

Los países punteros en investigación y desarrollo pueden crear nuevos productos, abaratarlos y exportarlos a los lugares que no pueden pagar las primas actuales. Esto hará innecesarias las discusiones sobre si todos los países están arrimando el hombro para evitar un desastre climático; en cambio, Estados y empresas competirán por desarrollar y comercializar las innovaciones asequibles que ayuden al mundo a alcanzar las cero emisiones.

Una última ventaja del concepto de primas verdes: puede funcionar como un sistema de medición que nos indique el progreso que hemos hecho en la lucha contra el cambio climático.

En este sentido, las primas verdes me recuerdan un problema con el que topamos Melinda y yo cuando empezamos a trabajar en el terreno de la salud global. Los expertos nos informaban de cuántos niños morían al año en todo el mundo, pero no podían decirnos gran cosa acerca de la causa de esas muertes.

Sabíamos que cierto número de niños fallecían debido a la diarrea, pero ignorábamos qué la ocasionaba. ¿Cómo íbamos a determinar qué innovaciones podrían salvar vidas si no sabíamos por qué morían los niños?

Así pues, con la colaboración de socios de todo el mundo, financiamos varios estudios para averiguar qué estaba acabando con las vidas de esos niños. Al final, logramos rastrear las muertes con mucho más detalle y obtener datos que allanaron el camino hacia avances importantes.

Descubrimos, por ejemplo, que la neumonía se hallaba detrás de una parte considerable de la mortalidad infantil anual. Aunque ya existía una vacuna neumocócica, era tan cara que los países pobres no la compraban (además, tenían pocos incentivos para comprarla, pues ignoraban cuántos niños fallecían a causa de esta enfermedad). Sin embargo, en cuanto vieron los datos —y varios donantes accedieron a sufragar buena parte del coste—, comenzaron a incluir la vacuna en sus programas de salud, y al cabo de un tiempo nos fue posible costear una mucho más barata que ahora se utiliza en multitud de países.

Las primas verdes pueden conseguir algo parecido respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero. Nos ofrecen una perspectiva distinta de la de las cifras en bruto, que nos indican a qué distancia nos encontramos del objetivo pero no cuánto nos costará alcanzarlo.

¿Cuánto costaría utilizar las herramientas neutras en carbono de que disponemos en la actualidad? ¿Qué innovaciones ejercerían un mayor impacto sobre las emisiones? Las primas verdes responden a estas preguntas al determinar el precio que tendremos que pagar por llegar al cero, sector por sector, y al poner de relieve las áreas en las que deberemos innovar, del mismo modo que los datos nos indicaban que debíamos apostar fuerte por la vacuna neumocócica.

En algunos casos, como en el ejemplo del combustible para aviones citado antes, el enfoque directo para calcular las primas verdes es sencillo. Sin embargo, cuando lo aplicamos a escala más general surge un problema: no disponemos de equivalentes directos verdes para todo. No existe un cemento neutro en emisiones (al menos de momento). ¿Cómo podemos formarnos una idea aproximada del costo que tendría una solución verde en esos casos?

Podemos hacerlo por medio de un experimento mental. “¿Cuánto costaría retirar todo el carbono de la atmósfera directamente?”. Esta idea tiene un nombre: se llama “captura directa de aire” (DAC, por sus siglas en inglés). En pocas palabras, la DAC consiste en insuflar aire a través de un filtro que absorbe dióxido de carbono, que luego se guarda de forma segura.

Se trata de una tecnología cara y poco probada, pero, si diera buenos resultados a gran escala, nos permitiría capturar dióxido de carbono con independencia de cuándo y dónde se produjera. La planta de captura directa que ya está en funcionamiento, en Suiza, absorbe gases que bien podrían haber salido hace diez años de una termoeléctrica de carbón en Texas.

Para calcular cuán costoso sería este sistema, solo necesitamos dos datos: la cantidad de emisiones mundiales y el costo de absorber emisiones utilizando la DAC. El número de emisiones ya lo conocemos: son 51.000 millones de toneladas al año. En cuanto al costo que supone retirar del aire una tonelada de carbono, la cifra no se ha establecido de manera definitiva, pero es de al menos US$200 por tonelada.

Creo que es realista esperar que, con un poco de innovación, se reduzca a US$100 por tonelada, así que me ceñiré a este número. Lo que nos lleva a la siguiente ecuación: 51.000 millones de toneladas al año x US$100 por tonelada = US$5,1 billones al año.

En otras palabras, la opción de utilizar la DAC para resolver el problema del clima costaría al menos US$5,1 billones al año, cada año, mientras continuáramos produciendo emisiones. Eso representa cerca del 6 % de la economía mundial. Se trata de una suma estratosférica, aunque, en realidad, esta teórica tecnología DAC saldría mucho más barata que si intentáramos reducir las emisiones paralizando sectores de la economía, como hemos hecho durante la pandemia.

En Estados Unidos, según datos del Rhodium Group, el costo por tonelada para la economía oscilaba entre US$2.600 y US$3.300. En la Unión Europea, se aproximaba más a los US$4.000 por tonelada. Dicho de otro modo, era entre 25 y 40 veces más caro que los US$100 por tonelada que esperamos que cueste algún día.

Como ya había mencionado, la solución basada en la DAC es solo un experimento mental. En la vida real, la tecnología DAC no está preparada para ser implementada en todo el mundo y, aunque lo estuviera, sería un método de lo más ineficiente para resolver el problema del carbono en la atmósfera.

No está claro que seamos capaces de almacenar cientos de miles de millones de toneladas de carbono de manera segura. No existe una forma práctica de recaudar US$5,1 billones al año ni de asegurarnos de que todo el mundo pague la parte que le corresponde. Incluso el intento de definir qué parte corresponde en justicia a cada uno provocaría conflictos políticos considerables.

Necesitaríamos construir más de cincuenta mil plantas de captura directa en todo el mundo solo para lidiar con las emisiones que estamos produciendo ahora mismo. Por otro lado, la DAC no funciona con el metano u otros gases de efecto invernadero, solo con el dióxido de carbono. Además, seguramente sería la solución más cara; en muchos casos, saldría más barato acabar con las emisiones de gases de efecto invernadero.

Incluso si se consiguiera que la DAC funcionara a escala mundial —y no hay que olvidar que soy un optimista en lo que a la tecnología se refiere—, lo más seguro es que no se podría desarrollar ni desplegar con rapidez suficiente para evitar daños graves al medio ambiente. Por desgracia, no podemos limitarnos a esperar que nos salve una tecnología futura como la DAC. Debemos empezar a salvarnos a nosotros mismos desde este instante.

El método de su investigación (I)

“Cuando empecé a documentarme acerca del cambio climático no dejaba de toparme con datos que me resultaban difíciles de digerir. Las cifras eran tan desorbitadas, que costaba visualizarlas. ¿Quién puede hacerse una idea de lo que son 51.000 millones de toneladas de gas? Otro problema era que los datos con que me encontraba aparecían desprovistos de contexto. Un artículo afirmaba que un programa de intercambio de emisiones de Europa había reducido la huella de carbono del sector aeronáutico en 17 millones de toneladas al año. Sin duda parece mucho, pero, ¿lo es en realidad? ¿Qué porcentaje del total representa? El artículo no lo especificaba. Las omisiones eran habituales. Con el tiempo desarrollé un esquema mental para asimilar lo que estaba aprendiendo. Me ayudó a identificar las ideas más prometedoras. He descubierto que este enfoque sirve para iniciarme en casi cualquier tema: primero intento formarme una idea general, lo que me proporciona un contexto en el que interpretar los datos nuevos. Esto me dotó de cierta intuición para saber si una cantidad era grande o pequeña, y cómo de caras podían ser las cosas”.

El método de su investigación (II)

1. “Cada vez que leo un texto que menciona cierta cantidad de gases de efecto invernadero echo unas cuentas rápidas para convertirla en un porcentaje del total anual de 51.000 millones de toneladas. Para mí, tiene más sentido que otras comparaciones, como ‘tantas toneladas equivalen a retirar un carro de la circulación’. ¿Quién sabe cuántos carros hay en circulación, para empezar, o cuántos hay que retirar para combatir el cambio climático? Prefiero relacionarlo todo con el objetivo principal de dejar de emitir 51.000 millones de toneladas al año”.

2. “Si hablamos de un plan para afrontar el cambio climático, debemos contemplar todo lo que hacemos los humanos y que provoca gases de efecto invernadero. Cosas como la electricidad y los autos atraen mucha atención, pero no son más que la punta del iceberg. El turismo representa menos de la mitad de las emisiones derivadas del transporte, que a su vez constituyen el 16 % de las emisiones totales. La producción de acero y cemento suma cerca del 10 % de todas las emisiones. La pregunta ‘¿Qué planeas hacer con el cemento?’ es un recordatorio de que para formular un plan exhaustivo contra el cambio climático deben considerarse muchas otras cosas aparte de la electricidad y los autos”.

 

51.000 millones y 0 son las dos cifras que, según Bill Gates, necesitamos tener en mente a la hora de hablar del cambio climático.

Y vencer este desafío sería «lo más asombroso que haya hecho la humanidad», dice el multimillonario fundador de Microsoft.

En comparación, poner fin a la pandemia de covid-19 es algo «muy, muy fácil», afirma.

El nuevo libro de Gates, «Cómo evitar un desastre climático», es una guía para abordar el calentamiento global.

«Nunca hemos hecho una transición como la que necesitamos hacer en los próximos 30 años. No hay ningún precedente para esto», asegura.

De hecho, 51.000 millones es la cantidad de toneladas de gases de efecto invernadero que el mundo suele agregar a la atmósfera cada año.

Y cero neto es donde tenemos que llegar.

Esto significa reducir las emisiones a un nivel en el que cualquier emisión de gases de efecto invernadero se equilibre mediante la absorción de una cantidad equivalente de la atmósfera.

Una forma de hacerlo es plantando árboles, que absorben CO2 a través de sus hojas.

Pero el enfoque de Gates está en cómo la tecnología puede servir para lograrlo.

Las fuentes renovables como la energía eólica y la solar pueden ayudarnos a descarbonizar la electricidad, pero, como señala Gates, eso es menos del 30% de las emisiones totales.

También vamos a tener que descarbonizar el otro 70% de la economía mundial: el acero, el cemento, los sistemas de transporte, la producción de fertilizantes y mucho, mucho más.

Y simplemente no tenemos formas de hacer eso en este momento en muchos de estos sectores.

La respuesta, dice Gates, está en un esfuerzo de innovación a una escala que el mundo nunca ha visto antes.

Y esto tiene que comenzar con los gobiernos, argumenta.

Por el momento, el sistema económico no calcula el costo real del uso de combustibles fósiles.

La mayoría de los usuarios no paga nada por el daño al medio ambiente causado por la contaminación de la gasolina en su automóvil o el carbón o el gas que genera la electricidad en su hogar.

«En este momento, no ves el dolor que estás causando al emitir dióxido de carbono», dice Gates.

Por eso dice que los gobiernos tienen que intervenir.

«Necesitamos usar los precios para decirle al sector privado que queremos productos ecológicos», argumenta.

Eso va a requerir una gran inversión por parte de los gobiernos en investigación y desarrollo, anticipa Gates, así como apoyo para permitir que el mercado de nuevos productos y tecnologías crezca, ayudando así a bajar los precios.

Cuando estaba convirtiendo a Microsoft en el gigante multimillonario que es ahora, sin embargo, Gates acostumbraba argumentar que la regulación sofocaba la innovación.

¿No es un poco hipócrita que ahora exija la intervención del gobierno?

Gates responde que siempre ha apoyado «el papel básico del gobierno en materia de carreteras, justicia, educación e investigación científica».

Y, en el caso del clima, sostiene que será imposible evitar un desastre, particularmente para aquellos que viven cerca del ecuador, sin que los gobiernos de todo el mundo respalden el esfuerzo.

El Partido Republicano en Estados Unidos debe reconocer la importancia de abordar el cambio climático, dice Gates.

Esto debe ser un «impulso constante de 30 años», sostiene.

«Las empresas simplemente no pueden cambiar toda esa infraestructura física a menos que las señales del mercado sean constantes y muy claras», agrega.

Para Gates, simplemente consumir menos cosas (tomar menos vuelos, más comida producida localmente, utilizar menos electricidad y gas) no resolverá el problema.

«India va a construir viviendas para su gente, proporcionará iluminación por la noche, aire acondicionado para hacer que las condiciones sean habitables», cree Gates, así que la demanda mundial no se reducirá.

Sostiene que la acción política es más importante, exigiéndole al gobierno que haga lo correcto y, utilizando nuestras voces como consumidores, insistiendo en lo mismo con las empresas.

«Si compras un automóvil eléctrico, una hamburguesa hecha con un sustituto de la carne, una bomba de calor eléctrica para su hogar, estás ayudando a aumentar la producción de estos productos y, por lo tanto, ayudando a bajar los precios», explica.

Gates, sin embargo, todavía disfruta de los privilegios del estilo de vida multimillonario.

Utiliza aviones privados, pero insiste en que funcionan con unos biocombustibles de aviación fabricados a partir de productos vegetales.

«Pago tres veces más ahora por mi combustible de aviación, sabes, más de US$7 millones al año para compensar por mis emisiones», destaca.

Y se ha unido a una guerra de ofertas multimillonarias para comprar una de las compañías de servicios de jet privado más grandes del mundo, una empresa llamada Signature Aviation.

Pero, ¿es apropiado cuando acaba de escribir un libro que le dice al mundo cómo evitar un desastre climático?

«No creo que tenga sentido dejar de volar», responde. «Ese tipo de estrategia de fuerza bruta no nos llevará allí».

Para él, la respuesta tiene que ser «un tipo de combustible de aviación que no cueste mucho más y que tenga cero emisiones y eso significa biocombustibles o energía eléctrica o quizás usar hidrógeno verde para impulsar el avión».

Gates también se ha convertido en una especie de fantasma para los teóricos de la conspiración del coronavirus.

Ha sido acusado de todo, desde inventar el virus en un laboratorio secreto como parte de un proyecto de las élites globales para despoblar el mundo, hasta usar vacunas para implantar microchips en las personas para rastrearlas y controlarlas.

Se ríe cuando se le pregunta sobre esto.

«¿Por qué querría rastrear a la gente? No estoy tan interesado en saber dónde va la gente», dice.

El foco principal de sus enormes esfuerzos caritativos hasta la fecha ha sido abordar problemas de salud en los países en desarrollo.

Y me dice que está acostumbrado a que la gente se aburra cuando habla de la tuberculosis y la malaria en los cócteles, por lo que este es un cambio real de lo que él llama «la oscuridad normal de trabajar en enfermedades infecciosas».

Gates, sin embargo, dice que le preocupaba que hablar sobre el clima pudiera generar una controversia similar.

«No quiero diluir mi voz en temas como la erradicación de la polio o la malaria», explica Gates, quien sin embargo dice que sintió que era el momento adecuado para publicar su plan para abordar el cambio climático.

Dice que quiere que sus ideas se incorporen a los paquetes de estímulo ecológico que se proponen en todo el mundo y que se discutan en el período previo a la crucial conferencia climática que Reino Unido está organizando en Glasgow en noviembre de este año.

Estamos en un punto crucial del debate sobre el clima, afirma.

Y cree que la generación joven tiene una «convicción moral» de que deben participar para lograr un cambio en el tema que es necesario aprovechar.

«Tenemos que tomar esa energía y asegurarnos de que esté dirigida a las políticas que marcarán la diferencia», argumenta.

Pero no va a ser fácil, advierte.

Esto tiene que seguir siendo una gran prioridad para el mundo año tras año.

La esperanza es que «tengamos un poco de suerte» y logremos desarrollar nuevas tecnologías innovadoras que realmente resuelvan las áreas difíciles, dice.

Pero es optimista de que aún podemos evitar los peores efectos del cambio climático.

«Sabes, lo he visto muchas veces, la innovación nos sorprende de manera positiva», concluye.

Un informe reveló cuáles han sido las naciones que más sufren las consecuencias de los eventos climáticos extremos.

El mundo está dando cada vez más indicios sobre las consecuencias del cambio climático. A pesar de que algunos gobiernos intenten minimizar los riesgos, millones de personas sufren de alguna manera los efectos de este fenómeno.

Inundaciones, ola de calor, fenómenos extremos que provocan deterioros de la calidad del agua e incluso amenazan la disponibilidad de recursos hídricos. Los hábitats de los animales cambiaron y hasta han mermado los recursos pesqueros.

El observatorio alemán Germanwatch publicó el Índice de Riesgo Climático Global (IRC) en el que evaluó cuáles han sido los países más afectados por los eventos climáticos extremos.

Si bien es una herramienta útil para entender los impactos socioeconómicos que se relacionan con el problema e identificar las mayores vulnerabilidades, no supone un sistema de clasificación completo.

No tiene en cuenta el aumento del nivel del mar, ni el derretimiento de los glaciares ni la acidificación de los océanos. Solamente se basa en datos pasados que reflejan los impactos directos de fenómenos meteorológicos extremos, ya sea pérdidas directas y muertos, y no se puede usar para hacer proyecciones sobre el futuro. Sin embargo, es una interesante manera de visualizar el problema para tomar medidas al respecto.

El cambio climático afecta la salud

Según el IRC 2020, en el período comprendido entre los años 1999 y 2018 se calcula que murieron 495 000 personas como consecuencia directa de más de 12 000 fenómenos meteorológicos extremos que ocurrieron en diversos países. En este sentido, los más afectados fueron:

Japón
Hace tres años, sufrió tres fenómenos extremos: una lluvia torrencial que provocó graves inundaciones y movimientos de tierra; una ola de calor que ocasionó 138 muertes y el tifón Jebi, el ciclón tropical más intenso sufrido en el país en los últimos 25 años.

Filipinas
La principal causa por la cual figura segundo en la lista fue el tifón de categoría 5 que sufrió en 2018 y que afectó a más de 250.000 personas.

Alemania
Hace tres años, durante el verano, sufrió las consecuencias de la ola de calor jamás registrada hasta entonces. Y a eso se le sumó una sequía que provocó importantes pérdidas en la agricultura.

Madagascar
Ocupa el cuarto puesto después de haber padecido los efectos de dos ciclones que, en total, obligaron a 70.000 personas a huir de sus hogares en busca de un lugar seguro.

India
El top five lo cierra este país que vivió en 2018 una de sus peores temporadas de monzones que afectó especialmente al estado de Kerala. Por si fuera poco, dos ciclones azotaron la costa este a finales de ese año y ocasionaron importantes pérdidas materiales.

El fundador de la compañía tecnológica Microsoft afirmó también que lograr solucionarlo sería “lo más extraordinario que la humanidad podría hacer”.

El fundador de la compañía tecnológica Microsoft, Bill Gates, aseguró que “el cambio climático es más difícil de resolver que una pandemia” de coronavirus, y afirmó que lograr solucionarlo sería “lo más extraordinario que la humanidad podría hacer”.

El filántropo estadounidense realizó esa aseveración en su nuevo libro “Cómo evitar un desastre climático” que sale a la venta mañana, en el que manifestó que los efectos del cambio climático serán mucho peores que los de la pandemia “si no conseguimos reducir a cero las emisiones de efecto invernadero para el año 2050”, consignó la agencia ANSA.

Según Gates, con el inicio de la vacunación en buena parte del mundo, dentro de un año, se habrán “superado en gran medida los efectos más dramáticos de la pandemia, aunque es posible que el virus siga circulando por algún lugar del mundo”.

“La cuestión, ahora, es si seremos capaces de reducir la cifra (de contagios) a cero, o si se convertirá en una enfermedad endémica y tendremos que seguir vacunando a un nivel más o menos alto de manera continuada. No lo sabemos aún. Lo ideal sería lograr que el virus no se contagie entre humanos”, agregó.

Gates volvió a destacar que “las emisiones de carbono están aumentando y en el futuro emanarán sobre todo de los servicios básicos de muchos países en desarrollo: del aire acondicionado, de la construcción, de tener luz”.

“Se habla mucho de reducir el consumo de electricidad, pero esa no es la vía adecuada para bajar las emisiones a cero. Puede resultar útil, pero la única manera de lograr esa meta no es conducir menos, sino conducir un vehículo de cero emisiones”, agregó.

Gates consideró que es una misión titánica pero no imposible, si los mercados, la tecnología y la política se alinean con el mismo fin, concluyó.

Fuente: Chubut para todos.

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, ha asegurado que las siguientes posibles amenazas para la humanidad son el cambio climático y el bioterrorismo, así lo aseguró durante una entrevista con el divulgador científico Derek Muller en su canal de YouTube Veritasium.

Para muchos, las predicciones del magnate ahora no pasan desapercibidas, pues en 2015 advirtió sobre los riesgos de una nueva enfermedad infecciosa mortal en una conferencia de TED. «Si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, es probable que sea un virus altamente infeccioso en lugar de una guerra», afirmó en ese momento el filántropo.

Al recordar su intervención durante la reciente entrevista, Gates mencionó que «hay una serie de virus respiratorios y de vez en cuando aparecerá uno que es muy infeccioso y causa cierto número de fallecidos».

En este sentido agregó que las enfermedades respiratorias son «muy temidas» porque las personas contagiadas pueden transitar con normalidad. «A diferencia de otras enfermedades como el ébola, en las que estás mayormente en una cama de hospital cuando la carga viral infecta a otras personas», explicó.

Peligros para el futuro
Posteriormente, al hablar sobre los peligros del futuro, el informático insistió primero en el «el cambio climático», que en su opinión, podría tener unas consecuencias y causar un número de víctimas peor que el covid-19.

Por otra parte, como segunda amenaza mencionó el «bioterrorismo», refiriéndose a que «alguien que quiera causar daño podría diseñar un virus». Asimismo, Gates indicó que «la posibilidad de encontrarse con esto es mayor que las epidemias causadas naturalmente como la actual».

Finalmente, el magnate señaló que si bien no hay forma de que la sociedad pueda impedir el brote de nuevas pandemias, se podrían realizar esfuerzos de cara a aumentar la preparación «para que nunca tengamos un número de muertos cercano a lo que tenemos hoy».

El presidente de EE.UU. Joe Biden firmó varias acciones ejecutivas vinculadas con la crisis del clima este miércoles. Entre ellas hay una que ordena al secretario del Interior que haga una pausa en la firma de nuevos arrendamientos para la extracción de petróleo y gas natural en tierras públicas o aguas marinas.

Biden y otros funcionarios de la administración han enfatizado que la Casa Blanca está adoptando un enfoque de «todo el Gobierno» para abordar el cambio climático. También han subrayado que creen que las acciones del presidente ayudarán a estimular el crecimiento del empleo. Y han clasificado a las personas que trabajan en industrias vulnerables a la pérdida de empleos, como los mineros del carbón, bajo su paraguas de justicia ambiental.

‘Hoy es el día del clima’
«Hoy es el día del clima en la Casa Blanca, lo que significa que hoy es el día del empleo en la Casa Blanca. Estamos hablando de innovación estadounidense, productos estadounidenses, mano de obra estadounidense», dijo Biden al comienzo de sus declaraciones en la ceremonia de firma. y agregó: «Estamos hablando de la salud de nuestras familias y de agua más limpia, aire más limpio y comunidades más limpias. Estamos hablando de seguridad nacional».

Y continuó: «Es un futuro de enorme esperanza y oportunidades. Se trata de llegar al momento de abordar esta máxima amenaza que tenemos ahora por delante, el cambio climático, con un mayor sentido de la urgencia. En mi opinión, ya hemos esperado demasiado tiempo para afrontar esta crisis climática. No podemos esperar más».

El decreto sobre arrendamientos ordena al secretario del Interior que ponga en marcha una «revisión rigurosa» de los programas existentes de arrendamiento y concesión de permisos relacionados con el desarrollo de combustibles fósiles. Además, pide que identifique los pasos necesarios para duplicar la producción de energía renovable a partir de energía eólica marina para 2030, según una hoja informativa proporcionada por la Casa Blanca.

La suspensión de nuevos contratos de arrendamiento cumple una promesa de campaña de Biden. La decisión amplía una moratoria de 60 días emitida por el presidente en su primer día en el cargo. Las acciones climáticas de Biden marcan un cambio agudo con respecto a los esfuerzos de la administración Trump para maximizar la producción de combustibles fósiles y expandir las perforaciones de petróleo y gas en tierras federales. Los emisarios climáticos de la administración enfatizaron que esperan generar nuevas oportunidades laborales a partir de los cambios.

La postura sobre el fracking
Durante la ceremonia de firma, Biden dijo que su administración «no va a prohibir la fracturación hidráulica (fracking)». «Protegeremos los puestos de trabajo y aumentaremos los empleos, incluso a través de normas más estrictas, como controles de las fugas de metano y trabajadores sindicalizados dispuestos a implementar los cambios», agregó.

En la campaña electoral, Biden se opuso explícitamente a una prohibición a nivel nacional de la fracturación hidráulica o fracking. También dijo que apoya el uso del fracking para abrir formaciones subterráneas de gas natural para «hacer la transición» a tipos de energía más limpios.

La coordinadora sobre clima de la Casa Blanca, Gina McCarthy, describió el decreto como uno que «ordena a todos los que trabajan para el presidente utilizar todas las herramientas disponibles a nuestra disposición para resolver la crisis climática. Porque vamos a adoptar un enfoque de todo el gobierno».

La cuestión del empleo
«Vamos a impulsar nuestra economía con energía limpia», agregó McCarthy. «Vamos a hacer eso de una manera que generará millones de empleos estadounidenses que serán bien pagos, que serán empleos donde los trabajadores tendrán la oportunidad de afiliarse a un sindicato porque, como el presidente Biden nos ha dicho a menudo, cuando piensa en el cambio climático, lo primero que piensa es en el empleo», agregó.

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John Kerry, el nuevo enviado presidencial para el clima, abordó cómo los trabajadores de las industrias de combustibles fósiles y del carbón que pueden enfrentar riesgos para la salud en el trabajo tienen la oportunidad de hacer la transición a trabajos vinculados a energías alternativas menos riesgosos. Dijo que «se les ha alimentado con una falsa narrativa» de que «de alguna manera, lidiar con el clima se hace a costa de ellos. No. No es así». «Lo que les está sucediendo a ellos está sucediendo debido a otras fuerzas del mercado», agregó.

Biden apuesta por un enfoque global en la lucha contra la crisis del clima

Biden tiene un ambicioso plan contra el cambio climático 1:31
Kerry dijo a la prensa que Biden está poniendo en marcha estas acciones porque Estados Unidos necesita abordar el cambio climático a escala global.

«(Biden) sabe que (el acuerdo climático de París) por sí solo no es suficiente», dijo Kerry. «No cuando casi el 90% de todas las emisiones globales del planeta provienen de fuera de las fronteras de Estados Unidos. Podríamos llegar a cero mañana y el problema quedaría resuelto. Por eso hoy, una semana después de asumir el cargo, el presidente Biden firmará este conjunto de decretos adicionales para ayudarnos a avanzar en el camino, asegurando que la acción climática ambiciosa sea de alcance y escala global así como nacional, aquí en casa».

El miércoles, Biden también estableció que la crisis climática es un «elemento esencial de la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos». El decreto instruye a la directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, a que prepare una estimación de inteligencia nacional sobre las implicaciones de seguridad de la crisis climática. Además solicita a todas las agencias que desarollen estrategias para integrar las consideraciones climáticas en su trabajo internacional.

Biden también restableció el Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del Presidente y formará el Grupo de Trabajo Nacional sobre el Clima. Estará compuesto por líderes de 21 agencias y departamentos federales.

Biden organizará una Cumbre de Líderes sobre el Clima el Día de la Tierra, el 22 de abril. Además, Estados Unidos volverá a convocar el Foro de las Grandes Ecnomías. McCarthy dijo que Estados Unidos anunciaría su denominada Contribución Determinada a Nivel Nacional, requerida en el acuerdo climático de París al que Biden se reincorporó, antes de la cumbre de líderes programada para el Día de la Tierra.

Proteger la tierra y el agua
El decreto crea oficialmente la Oficina de Política Climática Nacional de la Casa Blanca, que estará dirigida por McCarthy. Anteriormente dirigió la Agencia de Protección Ambiental. También crea un consejo interinstitucional de justicia ambiental en la Casa Blanca y un consejo asesor de justicia ambiental en la Casa Blanca para priorizar la justicia ambiental.

Biden también tomará medidas para proteger el 30% de la tierra y el agua del país para el 2030. Un estudio de 2018 del Centro para el Progreso Estadounidense, una organización activista liberal con sede en Washington, encontró que solo el 12% de la tierra del país ha sido conservada. Esta cifra incluye los parques nacionales y refugios nacionales de vida silvestre.

El presidente establecerá una iniciativa del Cuerpo Civil del Clima para emplear a los estadounidenses en trabajos que incluyen la restauración de tierras públicas y aguas, el aumento de la reforestación y la protección de la biodiversidad.

También creó un grupo de trabajo interinstitucional sobre el carbón y las comunidades de las centrales eléctricas y el carbón y la revitalización económica. Estará copresidido por McCarthy y el director del Consejo Económico Nacional, Brian Deese. El grupo dará instrucciones a las agencias federales para que ayuden a las comunidades del carbón, el petróleo y el gas natural y las centrales eléctricas.

El papel de John Kerry en la lucha contra la crisis del clima de Biden
Biden ha tomado una serie de medidas que buscan volver a priorizar los temas ambientales y climáticos. Detuvo más de 100 acciones regulatorias sobre el medio ambiente tomadas por la administración Trump. Anunció que Estados Unidos se uniría al acuerdo climático de París y canceló el oleoducto Keystone XL. También dijo el lunes que planea reemplazar la flota de vehículos del Gobierno federal con autos eléctricos de fabricación estadounidense.

El presidente ha tratado de resaltar cómo su Gobierno se tomará la ciencia más en serio que la administración anterior. Además de nombrar a McCarthy como coordinador de clima de la Casa Blanca, nombró al exsecretario de Estado Kerry como enviado presidencial para el clima. Este es un cargo con nivel de gabinete que también tiene un puesto en el Consejo de Seguridad Nacional.

La administración de Biden ha dicho a los periodistas que deben esperar más informes de científicos y expertos en salud pública para explicar los esfuerzos en curso para combatir el covid-19, y no de personas designadas políticamente y del presidente. El Gobierno también se ha movido para elevar a nivel de gabinete el trabajo de asesor científico presidencial, una función que desempeña Eric Lander, un líder principal del Proyecto Genoma Humano.

Desde este viernes empieza un masiva manifestación por el cambio climático que copara a decenas de ciudades del mundo. La llamada «Global Strike for Climate Change» se llevara a cabo de manera simultanea en lugares como Nueva York, Londres, Berlín, Río de Janeiro, Melbourne, entre otros. La idea de la protestas, que está liderada por la joven activista sueca Greta Thunberg, es concientizar sobre el acelerado paso de del cambio climático. Los jóvenes manifestantes piden que se «tome acción de inmediato».

Las protestas ya empezaron esta semana. Más de 200 representantes académicos, indígenas y de ONG instaron este miércoles a los Gobiernos nacionales y las grandes empresas a «abordar con urgencia la crisis climática» para «garantizar la supervivencia de la humanidad».

Después de invitar a los participantes a tomar tres inspiraciones y espiraciones profundas para relajarse y sentir la conexión entre los humanos y la naturaleza, para trabajar por el futuro del planeta, y de escuchar una canción tradicional de los nativos de norteamérica, dio comienzo la «Cumbre de los Pueblos sobre el Clima, los Derechos y la Supervivencia Humana» en Nueva York.

Esta reunión, que se celebra en allí, cinco días antes de la Cumbre sobre Acción Climática de la ONU, tiene como objetivo «generar aún más potencia, energía y recursos» para impulsar «un movimiento de masas conectado, diverso y orientado hacia la acción para vencer la emergencia climática, poniendo en el centro de sus soluciones a las personas y los derechos humanos».

Por eso, han redactado una declaración conjunta en la que instan a «actuar ya» y a hacerlo con «ambición». Estarán presentes en Nueva York ya que la Asamblea General de la ONU se llevará a cabo desde el 24 de septiembre en esa ciudad, sede principal del multilateralismo global.

Reunión de activistas internacionales

Sobre la declaración acordada en la reunión del miércoles, la directora ejecutiva internacional de Greenpeace Internacional, Jennifer Morgan, declaró que «marca una nueva era en el activismo contra el cambio climático».

«Junto con nuestros aliados y con la juventud a la cabeza, todos emprenderemos acciones y haremos frente a los responsables de este fenómeno. Los Gobiernos débiles y el poder de las grandes empresas tóxicas tendrán que dar la cara cuando pongamos a la gente en el centro de nuestras exigencias y busquemos justicia climática para las comunidades menos responsables de esta emergencia climática», dijo.

Las reuniones de estos días, en la cuales también estarán jóvenes activistas medioambientales de todo el planeta, supone el pistoletazo de salida de una intensa semana en Nueva York en la que el clima será el protagonista.

Desde Argentina, el influencer y activista Máximo Mazzocco estará presente en las manifestaciones. El fundador de Eco House, la organización ambientalista con más voluntarios de su país, Mazzocco es parte de la delegación argentina que viajará a Nueva York para representar al país en las manifestaciones y eventos que se llevaran a cabo la semana que viene, durante al cumbre de la Asamblea General.

En comunicado a Infobae, Mazzoco explicó el propósito de las protestas: «Nuestro objetivo es simple: unirnos e intercambiar experiencias regionales para acelerar la transición hacia un mundo más justo y sostenible.»

Cuestionando la falta de acción estatal por la alarmante velocidad del cambio climático, Mazzocco fundó su ONG en Argentina pero espera poder unir fuerzas con los cientos de lideres activistas que dirán presente durante la semana de protestas y reuniones que culminará en otra gran marcha el viernes 27 de Septiembre.

La manifestación del próximo viernes y la cumbre de la juventud sobre la emergencia climática del sábado prepararán el camino a la Cumbre del Clima, donde solo tomarán la palabra los países que hayan dado pasos reales o tengan iniciativas concretas para mejorar el medio ambiente.

Fuente: INFOBAE

Durante la reunión se revisaron los antecedentes en la temática a nivel provincial y regional, y se identificaron las necesidades para la elaboración de los planes de respuesta y próximos pasos a dar en la materia.

El ministro de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable del Chubut, Eduardo Arzani, mantuvo un encuentro bilateral virtual con el secretario nacional de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación, Rodrigo Rodríguez Tornquist. 

Estuvieron acompañados por la subsecretaria de Gestión Ambiental y Desarrollo Sustentable del Chubut,  Carolina Humphreys, las directoras generales de Gestión Ambiental, Ana Marino; de Control Operativo Ambiental Comarca VIRCh-Valdés, Meseta Central y de los Andes, Rocio Varisco Puerta y el Geol, Juan Arens. 

En tanto que desde Nación estuvieron presentes la directora de Cambio Climático, Florencia Mitchell, la coordinadora de Mitigación, Macarena Moreira Muzio, el coordinador de Adaptación, Lucas Di Pietro  y el equipo técnico de la Secretaría de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación. 

Durante la reunión se realizó presentación de los técnicos que trabajan en Cambio Climático, se revisaron los antecedentes en la temática a nivel provincial y regional y se identificaron las necesidades para la elaboración de los planes de respuesta y próximos pasos a dar en la materia. 

Como dato a destacar, se informó sobre la resolución 029/2020, implementada desde la cartera ambiental en febrero del corriente año, la que dio origen al Plan Provincial de Cambio Climático. 

Además, se realizó una reseña del trabajo que se encuentra realizando la Dirección General de Gestión Ambiental para avanzar con el inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en la provincia, de forma coordinada con Tierra del Fuego y Santa Cruz, a los fines de compartir experiencias y avanzar regionalmente en la temática. 

Como resultado del encuentro, quedo de manifiesto, la intención de trabajar en conjunto, recibiendo por parte de la Secretaría de Cambio Climático el apoyo total a la provincia para avanzar en los propios Planes de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático como parte de la construcción  de los Planes Nacionales, señaló El Comodorense.

El Gobierno de Neuquén afirmó este jueves que las intensas nevadas de este invierno sumado a las precipitaciones de esta semana dan cuenta de un cambio en las condiciones climáticas de cara a los próximos años.

Así lo manifestó este jueves el propio gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, al referirse a las nevadas registradas al momento en la provincia patagónica y las precipitaciones de esta semana.

Gutiérrez resaltó esto es un indicio de un cambio de las condiciones climáticas que dejarán atrás los últimos 10 años de sequía en la Provincia, afectando principalmente a la zona norte durante los veranos.

“Esta emergencia climática hace que cuando llegue el verano no nos vamos a encontrar con los inconvenientes que teníamos para provisión de agua potable y el desarrollo productivo”, sentenció el Mandatario neuquino.

En este contexto, Gutiérrez aseguró que “la desesperación” por encontrar agua no se volverá a producir en localidades del interior, “esa es una de las consecuencias positivas de estas precipitaciones”.

En tanto, anticipó que se mantendrá el apoyo a los sectores productivos contemplado en la Ley provincial de Emergencia por la Sequía.

En la misma conferencia, Fernando Frassetto, meteorólogo de la AIC (Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas), explicó que en los últimos días se produjo el ingreso de un aire polar de mucha intensidad, con nevadas bajas y lluvias intensas.

“Las precipitaciones superaron los 70 milímetros, que es el 50% previsto en un año, son valores históricos”, remarcó al respecto.

Además, indicó que las nevadas y precipitaciones fueron intensas en este invierno, con temperaturas muy bajas en el Valle y la Cordillera, y con sectores con hasta cinco metros de nieve acumulada.

Estos “son valores de las décadas del ‘80, ‘90 o 2000, pero no de la de 2010 que fue muy seca”, enfatizó el meteorólogo y remarcó que “estábamos con sequía hasta hace un mes y medio, se combinó un aire antártico muy intenso, con un frío atmosférico ecuatorial muy importante al comienzo de julio”.

Esto “se intensificó, sobre todo en el sur, donde hay el doble de nieve de la media”, acotó.

El meteorólogo señaló que el aire polar cubrió toda la Provincia y las condiciones se mantendrán en agosto y septiembre, anticipando el ingreso de otro frente de lluvia y nieve, que hará que Neuquén “salga del ciclo de extrema sequía”.

Frassetto detalló que Neuquén está por encima de las medias en lo que respecta a la carga de las cuencas, sumado a valores de nieve muy importantes que se traduce en grandes volúmenes de agua que van a llegar a los ríos cuando empiecen a mejorar las temperaturas.

“Esto nos cambia de década y nos posiciona en décadas normales”, remarcó el especialista al recordar que hasta hace poco los caudales de los ríos Neuquén y Colorado eran los más bajos de los últimos 80 años.