La psicóloga Georgina Bonifacio revela los secretos de esta milenaria práctica hawaiana para limpiar memorias y sanar el interior.
En un mundo atravesado por el estrés y la aceleración mental, la búsqueda de herramientas para recuperar el equilibrio emocional se ha convertido en una necesidad constante.
Filosofía ancestral, liberación de memorias y las cuatro frases clave
Bajo este escenario, el Ho’oponopono surge como una profunda filosofía de vida de origen hawaiano orientada a corregir y poner en orden aquello que perturba nuestra mente. La licenciada en psicología, terapeuta y autora Georgina Bonifacio detalló los principios fundamentales de esta práctica milenaria que propone asumir una responsabilidad compasiva sobre nuestra percepción y bienestar interior.
La especialista explicó que la técnica no se reduce a la repetición automática de fórmulas, sino que constituye un camino hacia la gratitud y la limpieza de memorias inconscientes. La premisa central radica en que, si bien no siempre es posible controlar las circunstancias externas, sí podemos transformar la forma en que reaccionamos ante ellas. Las famosas cuatro expresiones —»lo siento, perdóname, gracias y te amo»— funcionan como portales para canalizar emociones complejas,disolver bloqueos y recuperar una conexión amorosa con uno mismo, destacando además el uso de la repetición simple «gracias» para centrar la atención en el presente.
Ejercicios prácticos, palabras gatillo y cómo iniciar en casa
Para incorporar esta disciplina al día a día no se requieren complejos rituales ni iniciaciones formales. La terapeuta aconseja comenzar con pequeños momentos de pausa, como escuchar audios guiados por la mañana o bien poner en práctica el conocido «ejercicio del vaso de agua». Esta técnica consiste en llenar un recipiente de vidrio hasta la mitad con agua, asociarlo a una situación, conflicto o proyecto que se desee transitar y cambiar el líquido dos veces al día durante 21 días, interpretando las burbujas que se forman como memorias que precisan ser depuradas.
Asimismo, Bonifacio enumeró el uso de diversas «palabras gatillo» orientadas a propósitos específicos dentro de la cotidianidad: recurrir al «hielo azul» para frenar momentos de tensión laboral, apelar a «suelto y confío» para disolver el miedo al control, utilizar la «llovizna» para atraer prosperidad o invocar el «chocolate caliente» en la búsqueda de respuestas internas. La especialista remarcó que, incluso frente a dolores profundos o pérdidas irreparables, la práctica ofrece un refugio amable para transitar las emociones sin caer en la culpa o la autoexigencia desmedida.
