El referente del «Canalla» pasó de las lágrimas de emoción a la frustración en el palco del Gigante de Arroyito. En la cancha se vivieron momentos de confusión e invasión de campo cuando los hinchas creyeron falsamente que el cruce en La Bombonera había finalizado en empate.
La última fecha de la fase regular del fútbol argentino dejó una de las definiciones más dramáticas y atípicas de los últimos tiempos en la disputa por la tabla acumulada 2026. En el Estadio Gigante de Arroyito, Rosario Central derrotó por 2-0 a Estudiantes de Río Cuarto, resultado que lo dejaba provisionalmente en lo más alto de la clasificación a la espera del desenlace en el encuentro entre Boca Juniors y Defensa y Justicia.
Desde uno de los palcos oficiales, el ídolo auriazul Ángel Di María —ausente del compromiso por una dolencia muscular— siguió las alternativas del partido con notable carga emotiva. Al concretarse el triunfo de su equipo, el atacante rompió en llanto por lo que representaba la consagración del conjunto dirigido por Jorge Almirón.
Sin embargo, el escenario cambió radicalmente a los 51 minutos del segundo tiempo en La Bombonera, cuando el delantero ecuatoriano Enner Valencia convirtió el 1-0 decisivo para Boca Juniors. Las cámaras de la transmisión oficial captaron el instante preciso en que Di María fue informado de la anotación xeneize: su semblante pasó del festejo al desazón, sentándose nuevamente en su asiento con profundos gestos de amargura mientras intentaba secarse las lágrimas.
Confusión generalizada e invasión de campo en Arroyito
El desenlace del campeonato estuvo marcado por un fenómeno de desinformación masiva en las tribunas del estadio rosarino:
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Falsa alarma en las gradas: Tras el pitazo final del partido de Central, un grito que se propagó erróneamente en las tribunas hizo creer a los simpatizantes y al plantel que el encuentro en La Bombonera había finalizado 0-0, resultado que consagraba al «Canalla».
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Festejos desmedidos: Pensando que habían asegurado la tabla general, decenas de hinchas invadieron el terreno de juego, abrazaron a los futbolistas y festejaron frente a las cámaras de televisión en las barandas perimetrales.
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Retorno a la realidad: La euforia duró solo unos minutos hasta que la confirmación del gol de Valencia llegó a los dispositivos móviles de los allegados, transformando el festejo en un clima de resignación colectiva.
Pese a perder el primer puesto de la tabla acumulada de la temporada a manos de Boca Juniors, Rosario Central logró asegurar la primera posición de la Zona B, clasificando a los octavos de final de la fase eliminatoria donde aguarda por su rival del cruce directo.
