El papa León XIV encabezó este domingo una multitudinaria misa central en la Catedral Basílica de Florida, Uruguay, en honor a la patrona nacional, la Virgen de los Treinta y Tres.
Durante una emotiva y profunda homilía en el cierre de su gira apostólica por el país oriental, el Santo Padre centró su mensaje en la revalorización de la fe en el ámbito familiar, rindiendo un especial homenaje a las madres y abuelas como pilares históricos de la transmisión espiritual, al tiempo que interpeló a los padres a brindar un testimonio vivo de conducta, honradez y oración en la vida cotidiana.

«Vengo como peregrino para compartir la fe y el cariño con que este pueblo ha mirado durante generaciones a la Madre de Dios», expresó el Pontífice al iniciar su discurso ante miles de fieles congregados frente al templo patrio. León XIV recordó la profunda vinculación de la devoción mariana con la identidad e historia uruguaya, rememorando los acontecimientos de 1825 cuando los patriotas orientales acudieron a la Virgen en plena gesta por la independencia: «La historia de los pueblos no se comprende del todo cuando se prescinde de Dios».
Un reconocimiento a las mujeres y un consuelo para los hogares
En uno de los pasajes más sentidos de su sermón, el Santo Padre dedicó palabras de gratitud a las mujeres que sostuvieron la práctica religiosa en el seno doméstico a través de las épocas. Hizo mención explícita a las madres y abuelas que enseñaron las primeras oraciones, prepararon a los niños para los sacramentos y mantuvieron vivos los altares familiares.
Asimismo, el Papa reconoció el dolor y la incertidumbre de aquellas mujeres cuyos hijos o nietos se han distanciado con el tiempo de la vida eclesial. Para llevarles consuelo y aliento, citó el ejemplo de Santa Mónica, quien rezó incansablemente por la conversión de San Agustín: «No den por perdido aquello que sembraron. El Señor mismo nos enseñó que la semilla puede crecer sin que el sembrador sepa cómo se produce ese proceso. Madres y abuelas: no se cansen de transmitir la fe. Prediquen con su vida y también con su palabra».
El ejemplo de San José para los hombres y el imperativo de salir al encuentro
Dirigiéndose a los varones de las familias, León XIV los instó a tomar un rol activo y sin prejuicios en la formación religiosa del hogar, poniendo como modelo la figura de San José en el cuidado y guía de Jesús. «Los jóvenes necesitan verlos rezar, acercarse a los sacramentos, tratar con respeto a sus esposas, pedir perdón y vivir con honradez, también cuando hacerlo exige sacrificios», aseveró el Pontífice, remarcando que «un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello».
En el plano pastoral, el Santo Padre extendió una enérgica convocatoria a obispos, sacerdotes, religiosos y a la comunidad laica en general a romper con la inercia y salir al encuentro de la sociedad civil: «¡Uruguay, hay que ponerse en camino! ¡Hay que entrar de nuevo en las casas! No podemos esperar a que quienes se han alejado regresen por sí solos. Hay que acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo».
Sobre el cierre del oficio litúrgico, el Santo Padre depositó la distinción pontificia de la Rosa de Oro ante la histórica imagen patricia y renovó la consagración de la nación uruguaya, pidiendo por la protección del país, la sabiduría de sus gobernantes y la concordia de todos sus habitantes antes de abordar el vuelo que lo trasladará a la Ciudad de Buenos Aires.