Argentina se encamina hacia una transformación estructural inédita en su mapa sociodemográfico.
De acuerdo con las proyecciones elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), para el año 2040 el país contará por primera vez en su historia con más personas de 65 años o más que niños menores de 15: la proporción alcanzará los 7,8 millones de adultos mayores frente a 6,8 millones de menores.
Esta tendencia, acelerada por un marcado descenso en los nacimientos y un incremento constante en la expectativa de vida, supone un escenario de exigencia que desborda el plano previsional y proyecta ramificaciones directas sobre el mercado de trabajo, la productividad económica y la reconfiguración del consumo masivo.
Las métricas oficiales ya dan cuenta del fenómeno. Durante el período comprendido entre 2014 y 2024, la cifra anual de nacimientos experimentó un desplome del 47%, pasando de 777.012 a 413.135 registros. En consonancia, los relevamientos de UNICEF indican que la tasa global de fecundidad cayó a 1,3 hijos por mujer, posicionándose sensiblemente por debajo del umbral de 2,1 que garantiza el reemplazo generacional. Este achatamiento de las cohortes más jóvenes ya comenzó a repercutir en las instituciones educativas y perfilará, en los próximos años, una fisonomía inédita para la masa laboral activa.
El marco demográfico proyecta que la franja en edad de trabajar (de 15 a 64 años) incrementará su participación relativa del 66,1% registrado en 2022 al 69,3% en 2040. No obstante, el aprovechamiento de esta ventana temporal tropieza con dificultades estructurales: la informalidad golpea a cerca del 45% de la población ocupada, lo que restringe el volumen de ingresos al sistema previsional en una coyuntura donde el Gobierno mantiene el compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de diseñar una reforma previsional integral hacia diciembre de 2027.
Factores del declive en la natalidad y el impacto en las aulas
Las motivaciones detrás de la retracción en la tasa de nacimientos obedecen a variables de carácter económico, formativo y cultural. Daniel Sinopoli, director de Investigación en Ciencias Sociales de la UADE e integrante del Instituto de Demografía de la Academia Nacional de Educación, puntualiza que entre los determinantes principales se encuentran el costo de la vivienda y la crianza, la extensión de los ciclos de formación académica, la inserción laboral tardía y la complejidad para conciliar las responsabilidades del hogar con la vida profesional.
A su vez, el especialista remarca la evolución en las pautas de vinculación afectiva y la autonomía reproductiva: «Es una simplificación decir los jóvenes ya no quieren formar una familia. A veces desear el hijo y tenerlo son dos universos distintos», advierte Sinopoli. La postergación en la decisión de la maternidad añade condicionantes biológicos que complejizan la concepción a edades más avanzadas.
Las repercusiones de este cuadro ya son perceptibles en la infraestructura escolar. Según analiza Sinopoli, recintos que históricamente albergaban tres divisiones de primer grado han debido reducir su oferta a dos comisiones a raíz del achicamiento en las cohortes de ingresantes. Si bien este contexto abre margen para esquemas pedagógicos más personalizados, exige una reorganización profunda de los recursos institucionales.
El fenómeno tampoco presenta una distribución uniforme en la geografía nacional, registrándose la contracción más pronunciada en Santa Cruz y el impacto menor en Misiones. De cara a las próximas décadas, el especialista advierte que la inercia del envejecimiento se sostendrá en el tiempo, dado que una eventual recuperación de la natalidad requeriría entre 15 y 20 años para incorporarse a la fuerza de trabajo, citando la experiencia de Japón sobre las limitaciones de las políticas públicas para revertir dinámicas poblacionales en el corto plazo.
El reto previsional: sostener más haberes con aportes insuficientes
La dinámica poblacional acentúa el desequilibrio de un régimen de reparto donde las contribuciones de los ocupados formales financian las prestaciones corrientes. En la actualidad, el sistema contabiliza 10,3 millones de aportantes frente a 7,5 millones de beneficios otorgados, arrojando una relación de apenas 1,4 contribuyentes por cada haber liquidado.
Alejandro Losito, abogado especialista en derecho laboral y empresarial y socio del estudio PASBBA Abogados, señala que esa métrica «no alcanza por sí sola para medir la sustentabilidad del sistema», considerando que se computan prestaciones y no individuos, además de la heterogeneidad en los montos aportados. «El problema central está en la combinación de envejecimiento, informalidad y baja densidad de aportes», precisa el profesional.
Informes del IERAL cuantifican este desfase: mientras que para financiar un haber promedio se precisan los aportes de 3,5 asalariados registrados, el requerimiento trepa a casi 34 contribuyentes bajo el régimen de monotributo. Las estimaciones del FMI ubican el gasto previsional en un promedio del 8,5% del PBI frente a un volumen de ingresos por aportes y contribuciones cercano al 4,25%, obligando a acudir a rentas generales para cubrir la diferencia.
Frente a la meta de reformular el esquema hacia fines de 2027, Losito plantea focalizar los esfuerzos en la generación de empleo registrado y el incremento de la productividad, deslindando las jubilaciones contributivas de la asistencia social derivada de impuestos. Asimismo, sugiere revisar las dinámicas de los regímenes especiales según el desgaste físico y habilitar mecanismos de retiro progresivo: «Un sistema previsional se construye para cuarenta o cincuenta años», remarca, enfatizando la exigencia de previsibilidad normativa.
Oportunidades y cambios de hábitos en la denominada economía plateada
La reconfiguración etaria alterará las estructuras de contratación y los hábitos de consumo. Si bien la masa en edad productiva aumentará en términos relativos hacia 2040, la coexistencia de cohortes jóvenes más reducidas con una población mayor más longeva demandará transformaciones en la gestión del talento.
Sinopoli plantea la necesidad de abandonar el trayecto lineal de formación, empleo y posterior jubilación para migrar hacia modelos flexibles que contemplen la capacitación continua a lo largo de toda la vida laboral. Por su parte, Losito anticipa un cambio de enfoque en las áreas de capital humano: «En algunos sectores, el problema puede dejar de ser cómo reemplazar trabajadores mayores y pasar a ser cómo retenerlos», señala, mediante programas de reconversión de competencias y la integración de soluciones tecnológicas que potencien la trayectoria acumulada.
En materia comercial, el descenso de los nacimientos desacelerará la demanda en sectores vinculados a la infancia, al tiempo que impulsará rubros orientados al bienestar, la rehabilitación y los cuidados integrales. Dispositivos de asistencia domiciliaria, desarrollos en telemedicina, domótica, turismo especializado y herramientas financieras a medida conforman el abanico de la economía plateada. En este marco, Losito hace hincapié en la necesidad de profesionalizar el sector del cuidado para evitar que la expansión de esta demanda consolide circuitos de trabajo informal.
