La diplomacia personal y los enviados especiales del presidente estadounidense no han conseguido romper el estancamiento en las negociaciones de paz
A casi un año del inicio de su segundo mandato, Donald Trump no ha podido cumplir su promesa de poner fin a la guerra en Ucrania mediante un acuerdo directo con Vladimir Putin. Pese a las conversaciones telefónicas regulares, una cumbre en Alaska y el envío de un amigo personal como mediador, las posiciones entre Washington y Moscú parecen más distantes que nunca, con sanciones y amenazas nucleares reemplazando el diálogo.
La Diplomacia Personal que no Rinde Frutos
Trump confió en su relación personal con Putin y en la figura de Steve Witkoff, un amigo cercano de sus días en el sector inmobiliario, como enviado especial. Sin embargo, según información de la BBC, dos diplomáticos europeos que hablaron bajo condición de anonimato revelaron que Witkoff often regresaba de Moscú «erróneamente convencido de que Putin estaba dispuesto a hacer concesiones». La falta de experiencia diplomática del enviado y su dificultad para comprender los matices de la postura rusa habrían complicado las negociaciones. La propia frustración de Trump era evidente cuando declaró en octubre: «Cada vez que hablo con Vladimir, tenemos buenas conversaciones, pero no llegamos a ninguna parte».
La Cumbre de Alaska y las Exigencias Inamovibles de Putin
El punto álgido de las tratativas fue la cumbre de Alaska en agosto de 2025, que se acortó inesperadamente sin explicaciones claras. Según el Financial Times, Trump ofreció suavizar las sanciones y ampliar el comercio a cambio de un alto el fuego, pero Putin rechazó la idea y exigió la capitulación de Ucrania y el control total del Donbás. Las condiciones rusas permanecen inalteradas: reconocimiento de la soberanía rusa sobre cinco regiones ucranianas, neutralidad de Ucrania, reducción de su ejército, garantías para el idioma ruso y levantamiento de sanciones. Para Kyiv y Washington, estas demandas resultan inaceptables.
El Fracaso del Enfoque Empresarial frente a la Geopolítica
Analistas consultados por la BBC sugieren que Trump abordó las negociaciones con una mentalidad de acuerdo inmobiliario, esperando un intercambio territorial concreto. Sin embargo, para Putin el conflicto trasciende lo territorial. «Para Putin, no se trata de territorio, sino de soberanía sobre Ucrania», explicó un alto funcionario europeo. Andrew Peek, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, señaló que la brecha más grande no está en el tema territorial sino en las garantías de seguridad, donde Rusia no muestra flexibilidad. Mientras tanto, Ucrania y sus aliados europeos trabajaron intensamente para convencer a Trump de que ceder ante Putin socavaría la seguridad occidental, una estrategia que, según un diplomático europeo, «funcionó» al hacerle ver que «Rusia no negocia de buena fe».
El estancamiento persiste mientras las tensiones se intensifican: nuevas sanciones estadounidenses a petroleras rusas, pruebas de misiles con capacidad nuclear por parte de Moscú y declaraciones sobre posibles reanudaciones de pruebas nucleares por ambos países marcan un preocupante retroceso en las relaciones bilaterales.




