El director y escritor Darío Lopérfido analiza los resultados del ajuste económico en Argentina, señalando que los beneficios del modelo actual impactan de forma desigual en la sociedad.
Según Noticias Argentinas (NA), el especialista en gestión cultural y director Darío Lopérfido realizó un análisis sobre los primeros resultados de la política económica tras dos años de gobierno.
Mientras el Ejecutivo destaca logros como la reducción de la inflación y el superávit fiscal, Lopérfido señala que existe un reparto desigual de los costos y beneficios, siendo la clase media la que, según su visión, soporta el mayor peso del ajuste sin ver aún los frutos del crecimiento prometido.
Los tres escenarios socioeconómicos del ajuste
El autor disecciona en su texto el impacto diferenciado del actual modelo en tres sectores sociales clave, evidenciando ganadores y perdedores. Por un lado, identifica un escenario positivo para las personas que perciben planes sociales y para quienes tienen ingresos altos. Los primeros, explica, «se benefician con la baja de la inflación», la cual alivia la presión sobre sus ingresos fijos. Los segundos, aprovechan un tipo de cambio que les resulta favorable, lo que se traduce en un aumento visible del consumo de lujo y viajes al exterior.
Frente a estos dos grupos, Lopérfido coloca un tercer sector que, según su análisis, atraviesa un momento crítico: la clase media y las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). «El sector que sufre la recesión es la clase media, que ve que el dinero no alcanza y muchas pequeñas y medianas empresas colapsan y se pierden empleos», sostiene. En este punto, el autor lanza una frase que sintetiza su tesis central: «Hay un sector que está pagando con el ajuste el bienestar de otro».
La paradoja del superávit y la demanda de obras públicas
Otro eje central de la crítica de Lopérfido es la orientación del gasto público, o más bien, la falta de él en áreas clave para el desarrollo. Aunque celebra el ordenamiento de las variables macroeconómicas tras lo que califica como un «desastre» del gobierno anterior, cuestiona que el logro del superávit fiscal esté acompañado de una drástica reducción de la inversión en infraestructura. «El superávit fiscal implica que no haya obras públicas», sentencia.
Para el autor, el argumento de que «en la Argentina se robaba en la obra pública y por eso se cortó» carece de solidez. «Hay que hacer obra pública y no robar», aclara, subrayando la necesidad urgente de esta inversión en un país donde la infraestructura vial, ferroviaria y energética presenta graves deficiencias. Compara la situación con la de España, que en 2008 pudo prescindir de obras porque su infraestructura estaba «impecable», un lujo que Argentina no puede darse. Para Lopérfido, la obra pública «salva vidas» y es fundamental para la reactivación económica.
Un llamado a la explicación y al pragmatismo
Más allá del diagnóstico, el autor concluye con una exigencia al gobierno para que pase de los festejos a las explicaciones y acciones concretas. «Es hora de que haya políticas y explicaciones a los sectores medios para que sepan cuándo llegará el crecimiento de la economía», reclama. Finaliza su columna recordando que gobernar también consiste en dar explicaciones claras sobre las falencias y los planes para resolverlas.
La reflexión de Lopérfido dibuja así un panorama de transición económica compleja, donde el control de la inflación y las cuentas públicas han generado un alivio para los extremos de la pirámide social, pero dejan en un lugar de incertidumbre y deterioro a la clase media, exigiendo, según su perspectiva, una respuesta gubernamental más contundente en términos de reactivación productiva e inversión en el futuro del país.




