La confirmación de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses generó una inmediata reacción en la Ciudad de Buenos Aires
Cientos de venezolanos residentes en Argentina se congregaron espontáneamente en el Obelisco para celebrar lo que consideran un punto de inflexión en la historia política de su país.
Una convocatoria espontánea cargada de emoción
Desde las primeras horas del día, familias venezolanas comenzaron a llegar al centro porteño con banderas, gorras y carteles. El clima estuvo atravesado por la emoción, los abrazos y las lágrimas, en una jornada que muchos describieron como el inicio de una etapa de esperanza.
“Esperé años para poder pensar en volver a casa”, expresó uno de los manifestantes, reflejando el sentimiento compartido por gran parte de la comunidad.
Según C5N, la concentración fue creciendo con el correr de las horas y tuvo una convocatoria central prevista para la tarde, con cánticos, bocinazos y estrofas del himno venezolano resonando sobre la avenida 9 de Julio.
Acompañamiento institucional y operativo de seguridad
Ante la magnitud del encuentro, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dispuso un refuerzo preventivo del operativo de seguridad en la zona. Además, confirmó que el Obelisco y el Puente de la Mujer serían iluminados con los colores de la bandera venezolana —amarillo, azul y rojo— como gesto simbólico de acompañamiento.
También se anunció la colocación de una bandera de Venezuela en la Plaza del Obelisco, mientras el tránsito acompañó la celebración con bocinazos y gestos de apoyo.
Repercusiones políticas y resguardo diplomático
En paralelo a los festejos, referentes políticos locales manifestaron públicamente su respaldo al acontecimiento. Por su parte, el Ministerio de Seguridad de la Nación decidió reforzar la custodia de las sedes diplomáticas de Estados Unidos y Venezuela en Buenos Aires, con el objetivo de prevenir posibles incidentes.
Un día significativo para la diáspora
La jornada quedó marcada como un momento histórico para la comunidad venezolana en Argentina. Entre cantos y banderas, el Obelisco se transformó en escenario de un desahogo colectivo que sintetiza años de espera, exilio y expectativa frente a un cambio profundo en Venezuela.




