La Patagonia argentina es escenario de una de las historias territoriales y económicas más impactantes del país.
Casi 900.000 hectáreas pasaron, a lo largo de más de un siglo, de ser un botín de guerra a convertirse en la base de un holding global que hoy integra ganadería, agricultura, forestación y minería bajo el control del grupo Benetton.
De la Conquista del Desierto a un negocio global

Según Más Producción, el origen de estas tierras se remonta al 16 de abril de 1879, cuando el Estado argentino avanzó sobre el territorio patagónico en la llamada Conquista del Desierto. Lo que para algunos era un desierto improductivo, para otros representaba un activo estratégico. En 1889, en Londres, se creó The Argentine Southern Land Company Limited, una firma destinada a administrar las tierras entregadas como pago a capitales británicos que financiaron aquella campaña.
El ferrocarril como llave de la expansión territorial

La consolidación patrimonial llegó de la mano de la infraestructura. La construcción del ferrocarril entre Puerto Madryn y Trelew otorgó a la compañía vastas extensiones de tierra a ambos lados de las vías. Antes de finalizar el siglo XIX, el control ya alcanzaba unas 585.000 hectáreas, sentando las bases de un dominio territorial sin precedentes en la región.
Estrategias de supervivencia y cambio de identidad

Durante gran parte del siglo XX, la empresa prosperó bajo capitales británicos. Sin embargo, el contexto internacional obligó a redefinir su estructura. En 1975, tras la caída del precio de la lana, el control pasó a familias argentinas que operaban desde Luxemburgo. El momento clave llegó en 1982, durante la Guerra de Malvinas: para evitar una posible incautación, la firma se registró bajo leyes argentinas y adoptó el nombre de Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA), una maniobra decisiva para asegurar su continuidad.
La llegada de Benetton y la compra millonaria
En agosto de 1991, el escenario cambió definitivamente. A través de Edizione Holding, el grupo italiano Benetton adquirió la totalidad de la CTSA por 50 millones de dólares. Así, Luciano Benetton se convirtió en el mayor terrateniente privado de la Argentina. Hoy, sus tierras se distribuyen principalmente en Santa Cruz (60%), Chubut (33%), Río Negro (5%) y Buenos Aires (2%).
Diversificación productiva sobre casi un millón de hectáreas

Lejos de limitarse a la ganadería ovina, el holding desarrolló un modelo diversificado. Actualmente gestiona hasta 280.000 ovejas, con una producción anual cercana a 1,3 millones de kilos de lana, y alrededor de 22.000 vacas destinadas al mercado cárnico. A esto se suma la agricultura a gran escala, con más de 8.500 hectáreas de soja, maíz, trigo y girasol, además de 10.000 hectáreas forestadas con pinos.
El alcance productivo se extiende también al subsuelo. A través de la empresa Minsud, el grupo controla concesiones mineras sobre unas 80.000 hectáreas, ampliando su presencia al sector extractivo. Esta diversificación explica la lógica económica detrás de la acumulación de tierras en regiones de baja productividad natural.
La defensa del modelo y el debate territorial
Frente a las críticas por la concentración de tierras, el grupo Benetton sostiene que la clave está en la baja receptividad del suelo patagónico. Argumentan que solo grandes extensiones permiten alcanzar una escala rentable y transformar territorios marginales en unidades productivas viables. Esta postura reaviva un debate histórico sobre soberanía, desarrollo y uso estratégico del suelo en la Patagonia.




