Solidaridad en Cholila: asisten con comida a 250 brigadistas por día.
En medio de la angustia que generan los incendios forestales en la cordillera, la comunidad ha demostrado que la unión es la principal herramienta de resistencia. Un grupo de vecinos autoconvocados, en un trabajo conjunto con las instituciones educativas locales, ha transformado la crisis en una red de contención humana sin precedentes.
Mientras el fuego amenaza los bosques, en el casco urbano el esfuerzo no descansa para garantizar que cada persona que combate en la línea de fuego reciba el sustento necesario para continuar con su labor.
Organización comunitaria en las escuelas 103 y 727
El epicentro de esta red solidaria se encuentra en las escuelas 103 y 727, espacios que han sido reconvertidos en centros de acopio, cocina comunitaria y alojamiento. Desde las 7 de la mañana y hasta pasadas las 3 de la madrugada, un equipo incansable prepara desayunos, viandas, meriendas y cenas calientes.
Según Red43, el operativo alcanza a más de 250 personas diariamente, incluyendo a brigadistas, bomberos voluntarios, efectivos de fuerzas de seguridad y vecinos que se sumaron espontáneamente a las tareas de defensa de las viviendas.
Pedido urgente de insumos específicos y equipamiento
A pesar del flujo constante de donaciones, las necesidades van mutando conforme avanza la emergencia. Yanet, una de las referentes de la organización, aclaró que por el momento no se requiere ropa común, sino elementos de protección personal que se dañan rápidamente en el combate directo. Se solicitan con urgencia borcegos, indumentaria ignífuga y calzado de trabajo.
Asimismo, la falta de agua en algunos sectores ha vuelto indispensable la donación de bombas de agua, mangueras y equipamiento para el traslado del recurso hídrico, además de carne para sostener las viandas proteicas de los combatientes.
Un escudo humano para proteger el territorio
La labor en las escuelas va más allá de lo alimentario; se ha convertido en un punto de apoyo moral para quienes bajan de la montaña tras jornadas extenuantes. La comunidad no solo aporta ingredientes y mano de obra, sino que también ofrece refugio a voluntarios que llegan de otras localidades.
Esta sinergia entre los establecimientos educativos y el pueblo ha permitido que los brigadistas se enfoquen exclusivamente en las tareas operativas, sabiendo que cuentan con un respaldo logístico sólido que vela por su bienestar mientras ellos arriesgan la vida frente a las llamas.




