Cholila: el fuerte relato de los vecinos que frenaron el fuego.
La localidad de Cholila intenta recuperar el aliento tras una de las jornadas más aterradoras de su historia. El domingo por la tarde, el avance de las llamas sobre Villa Lago Rivadavia puso a prueba el temple y la resiliencia de una comunidad que se vio obligada a organizarse ante la magnitud de un siniestro que superó cualquier previsión técnica.
Con llamaradas que alcanzaron alturas estremecedoras, los pobladores locales vivieron horas de incertidumbre total, donde la prioridad absoluta fue evitar que el fuego redujera a cenizas el casco urbano y las viviendas rurales.
Una brigada vecinal para defender el territorio
Ante la velocidad del incendio, los habitantes de Villa Lago Rivadavia no esperaron asistencia externa y conformaron su propia red de defensa. Con un equipo compuesto por ocho vecinos que conocen cada rincón de los cañadones, operaron de forma independiente utilizando camionetas equipadas con tótems de agua y motobombas.
Según EQS Notas, esta organización civil fue determinante para proteger los hogares, ya que el conocimiento del terreno les permitió actuar en sectores donde el fuego presentaba mayor peligro de interfase, incluso cuando las brigadas oficiales no se encontraban en el sector.
La noche en que el fuego se volvió incontrolable
El punto de mayor tensión ocurrió cerca de las 18:00 del domingo, cuando el incendio «explotó» debido a las condiciones climáticas. Oscar Cárdenas, un histórico poblador de la zona, describió escenas dantescas con llamaradas de hasta 60 metros que sobrevolaban el bosque nativo.
«Hubo un rato en que no tuvimos nada que hacer», confesó el vecino, remarcando que la voracidad del frente fue tal que los cortafuegos realizados previamente resultaron inútiles. La comunidad solo pudo observar con impotencia cómo el fuego arrasaba el cerro, esperando que el viento no empujara las llamas directamente hacia el pueblo.
Alivio parcial y vigilia permanente en Villa Lago Rivadavia
Afortunadamente, una rotación del viento hacia las zonas altas evitó que las llamas consumieran estructuras, aunque el fuego llegó a escasos 300 metros del margen habitado y a pocos metros de un gimnasio local. A pesar de que este lunes el panorama se presenta con algo más de calma, la guardia de cenizas es constante.
Los vecinos de Cholila permanecen en alerta máxima, conscientes de que aún persisten focos de gran intensidad y que, en un contexto de sequía extrema, cualquier ráfaga puede reactivar la amenaza sobre un valle que ya ha sufrido daños irreparables.




