En un giro que añade presión al tablero geopolítico global, el gobierno de los Estados Unidos oficializó este viernes una nueva batería de sanciones destinadas a asfixiar los ingresos energéticos de Irán
La medida surge apenas horas después de que representantes de Washington y Teherán mantuvieran un encuentro en Omán, evidenciando que la diplomacia no frenará la estrategia de «máxima presión» impulsada por la administración de Donald Trump.
Golpe a la «flota fantasma» y redes comerciales
El foco de esta nueva ofensiva financiera está puesto en la logística de exportación. Según la información proporcionada por el Departamento de Estado, las sanciones alcanzan a 14 buques de la denominada «flota fantasma», embarcaciones que operan bajo banderas de países como Turquía, India y los Emiratos Árabes Unidos para evadir controles internacionales.
Además de los navíos, la medida afecta directamente a 15 entidades y dos individuos clave en el engranaje de comercialización de crudo y productos petroquímicos. El objetivo es claro: cortar el flujo de divisas que, según el portavoz estadounidense Tommy Pigott, el régimen utiliza para financiar actividades desestabilizadoras a nivel global y sostener la represión interna.
Diplomacia bajo tensión: el factor Omán
Lo curioso del anuncio es el timing. La noticia se dio a conocer según la cadena DW, poco después de que el canciller iraní, Abás Araqchi, calificara de «positivo» el ambiente de las conversaciones mantenidas con los enviados de la Casa Blanca en Omán.
A pesar de este atisbo de diálogo respecto al programa nuclear, la postura de Donald Trump parece inamovible. La administración estadounidense reafirmó su compromiso de reducir a cero las exportaciones ilícitas de Irán, manteniendo un despliegue militar preventivo cerca de las costas iraníes como garantía de su advertencia.
Un escenario de represión y advertencias
Este endurecimiento de las sanciones también responde al contexto interno de Irán. El régimen clerical viene de enfrentar una de las olas de protestas más intensas desde la Revolución de 1979, las cuales fueron sofocadas con altos niveles de violencia.
Para los analistas, este movimiento de Washington busca no solo debilitar la caja del Estado iraní, sino también enviar un mensaje de apoyo a los sectores disidentes, mientras se mantiene la amenaza del uso de la fuerza sobre la mesa si Teherán no cede en sus ambiciones nucleares.




