Organización y estrategia: así se combate el fuego en la Patagonia.
Detrás de las impactantes imágenes de columnas de humo y bosques consumidos por las llamas, existe un complejo engranaje logístico que se activa mucho antes de que el fuego tome magnitud. En un contexto de emergencia ígnea declarada para Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa, la organización del combate forestal se ha vuelto una prioridad nacional. Con más de 46 mil hectáreas arrasadas desde el inicio de la temporada, entender cómo se articulan los recursos y quiénes son los encargados de enfrentar el avance del incendio es fundamental para dimensionar la gravedad de la situación.
El Sistema Federal de Manejo del Fuego y el rol de los brigadistas
La estructura operativa en Argentina se basa en el Sistema Federal de Manejo del Fuego (SNMF), un esquema de cooperación que integra al Servicio Nacional de Manejo del Fuego, la Administración de Parques Nacionales y las brigadas provinciales. Aunque el marco es nacional, la ejecución táctica recae en cada jurisdicción. Según Chequeado, el eje de este sistema son los brigadistas forestales, quienes realizan tareas de prevención y detección durante todo el año, convirtiéndose en los guías territoriales indispensables cuando el incendio entra en fase activa.
Actualmente, el sistema enfrenta desafíos presupuestarios y de personal. Mientras que Parques Nacionales estima una necesidad mínima de 700 brigadistas, la planta actual apenas alcanza los 391 efectivos. Expertos del sector, como Claudia Peirano de la Asociación Forestal Argentina (AFOA), señalan que la clave del éxito reside en la inversión: lo ideal sería destinar solo el 10% del presupuesto al combate de la emergencia y el 90% restante a la prevención, detección temprana y ataque rápido, que son las acciones que realmente marcan la diferencia en el terreno.
Del ataque inicial al despliegue de recursos aéreos
Cuando se detecta un foco, se inicia el «ataque inicial» con cuadrillas de entre 7 y 10 personas que buscan sofocar el fuego en su origen, atacando principalmente la «cabeza» del incendio, que es el sector de propagación más veloz. Si esta etapa no logra contener las llamas, se pasa al «ataque ampliado», donde se convocan refuerzos de otras provincias y se integran cuerpos de bomberos voluntarios. En esta fase, la información del Servicio Meteorológico Nacional es vital, con actualizaciones cada dos o tres horas sobre ráfagas, temperatura y humedad para ajustar la estrategia de las más de 400 personas necesarias para sostener los recambios.
Respecto a las herramientas, el déficit hídrico ha vuelto secundario el uso de agua en la cordillera, priorizando el corte de combustible vegetal con motosierras y hachas Pulaski para dejar el suelo desnudo. Los medios aéreos, aunque visualmente protagonistas, tienen limitaciones críticas: el Boeing 737 hidrante, por ejemplo, depende de pistas específicas como la de Esquel, a gran distancia de los focos. Además, fenómenos como la inversión térmica pueden dejar el humo estacionado, impidiendo el vuelo de los pilotos por falta de visibilidad. En última instancia, el combate se define en el suelo, mediante métodos directos sobre las llamas o indirectos utilizando barreras naturales para frenar el desastre.




