Una compleja trama de años de liquidación de stock ganadero, sequía y fuerte demanda exportadora genera escasez y precios récord de carne en la Patagonia. La recuperación será lenta.
La suba sostenida del precio de la carne en la Patagonia no es un fenómeno pasajero. Detrás de los valores que aparecen en carnicerías hay una trama compleja construida durante años que hoy expone sus límites. La región enfrenta una restricción clara de oferta que condiciona toda la cadena, desde el campo hasta el consumidor, con una reducción significativa en la cantidad de animales disponibles. Según La17.
Según Leonardo Claps, especialista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el problema tiene raíces profundas: “En los últimos ocho o diez años nos comimos todas las vacas”, afirmó, describiendo un proceso prolongado de liquidación de vientres, la base reproductiva del sistema. Esta reducción del stock, producto de años donde la ganadería perdió rentabilidad, hoy limita la capacidad de respuesta del sector.
Un ciclo vicioso: menos vientres, menos terneros, menos carne
La consecuencia directa de la liquidación de vientres es un ciclo productivo debilitado. “Menos vacas implican menos terneros y, en el mediano plazo, menos novillos”, explicó Claps. Actualmente, el sistema entra en una fase necesaria pero dolorosa: la retención de vientres para recomponer el stock, lo que implica una menor cantidad de animales disponibles para faena de forma inmediata y, como resultado, precios más altos.
Este escenario de base se agrava por la presión de la demanda internacional. El mercado exportador, que creció con fuerza, compite directamente con el consumo interno por una oferta ya limitada, generando una tensión adicional en regiones alejadas como la Patagonia.
El impacto de la sequía: venta anticipada y menor productividad
El clima agrava el cuadro estructural. La sequía persistente en zonas de Río Negro y Neuquén altera los tiempos de cría y engorde. “No hay campos por la sequía. Se están vendiendo animales sin tener la cría, la recría o incluso el engorde terminado”, describió Claps.
Esta venta anticipada tiene un doble efecto negativo: reduce el peso final de los animales que llegan al mercado (y por ende, la cantidad de carne por cabeza) y debilita los rodeos para la siguiente campaña, comprometiendo la productividad futura.
Consecuencias en la industria: menos faena y costos más altos
El efecto se siente también en la industria. La faena en Río Negro cayó cerca de un 10%, un descenso más marcado que el promedio nacional. A ello se suma el impacto del esquema sanitario patagónico, que limita el ingreso de hacienda desde otras regiones, dejando a frigoríficos locales con menor volumen y costos operativos más altos por kilo faenado.
“Los animales estaban, así que en algún lugar se venden”, explicó Claps, señalando que gran parte de la hacienda se dirige hacia el norte de la barrera sanitaria o hacia la Patagonia Sur, debilitando el entramado industrial local y la capacidad de abastecimiento regional.
Perspectivas: un horizonte sin alivio inmediato
El horizonte no ofrece señales de alivio a corto plazo. La recuperación productiva depende de lluvias adecuadas, condiciones que en la Patagonia no se dan sino hasta primavera-verano. “En el corto plazo no va a haber pasto”, advirtió Claps. Con menos kilos por animal, menos faena y mayores costos, toda la cadena queda condicionada, y la menor productividad termina trasladándose al precio final. La Patagonia se prepara así para una etapa prolongada de carne escasa y cara.




