Tras semanas de incertidumbre y un despliegue operativo sin precedentes, la cordillera de Chubut respira con alivio
Las autoridades provinciales confirmaron oficialmente la extinción del foco ígneo en la zona de Puerto Patriada, localidad de El Hoyo. El siniestro, que se inició el pasado 5 de enero, dejó una cicatriz profunda en el ecosistema regional, afectando más de 30.000 hectáreas de bosque nativo, matorrales y forestaciones en áreas sensibles cercanas a Epuyén y Cholila.
Un combate extremo contra el fuego y el clima
El proceso para llegar a la extinción total fue largo y agotador. Luego de que las llamas fueran controladas a mediados de febrero —ayudadas por lluvias clave—, los brigadistas debieron sostener más de 40 días de guardia de cenizas. Esta etapa técnica es fundamental en la Patagonia, donde el calor suele quedar latente en raíces y mantillo (turba), pudiendo reactivarse incluso semanas después si no se realiza un enfriamiento minucioso.
Desde la Secretaría de Bosques destacaron que las condiciones meteorológicas de este verano, marcadas por una sequía extrema y vientos intensos, generaron un comportamiento del fuego «fuera de lo común». El operativo obligó a trabajar en terrenos de altísima complejidad, como la estancia Las Golondrinas y la laguna Las Mercedes, donde el acceso por tierra es prácticamente nulo y el esfuerzo humano fue la única barrera contra el avance de las llamas.
Impacto ecológico: la pérdida del cerro Pirque
Más allá del éxito operativo de los bomberos y brigadistas, el daño ambiental es incalculable. Uno de los puntos más golpeados fue el cerro Pirque, una reserva de biodiversidad que albergaba bosques maduros de ciprés, coihue y lenga que se mantenían intactos desde 1987. Solo en las primeras 48 horas del incendio, el fuego devoró 2.000 hectáreas de este sector, destruyendo un ecosistema de alto valor biológico que tardará décadas en recuperarse.
Especialistas advirtieron que la presencia de pinos implantados (especies exóticas de rápido crecimiento) actuó como combustible acelerante, dificultando las tareas de control y desplazando a la flora autóctona. Esta recurrencia de incendios en la zona de Puerto Patriada —cuatro grandes eventos desde la década del 80— pone nuevamente en el centro del debate la necesidad de políticas de manejo del fuego más estrictas y una reforestación consciente.
El camino hacia la reconstrucción y la justicia
Con las cenizas ya frías, la atención se traslada ahora a dos frentes: la recuperación del suelo afectado y la investigación judicial. La justicia busca determinar el origen del fuego para establecer responsabilidades, mientras que el Gobierno provincial evalúa planes de contingencia para prevenir futuros desastres en una región donde la emergencia hídrica y el cambio climático vuelven al bosque cada vez más vulnerable.
La comunidad cordillerana cierra así un capítulo doloroso, marcado por el humo y la ceniza, pero con el reconocimiento unánime hacia quienes arriesgaron su vida en la línea de fuego para salvar lo que queda de nuestro patrimonio natural.




