El Palacio de Hacienda sumó este sábado un refuerzo de peso internacional
El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó la incorporación de Ernesto Talvi, ex canciller y ex senador uruguayo, como nuevo asesor estratégico. El movimiento fue rápidamente respaldado por el presidente Javier Milei, quien celebró el desembarco del economista bajo su característica consigna «Todo marcha de acuerdo al plan».
Trayectoria internacional y sintonía con el modelo libertario
Ernesto Talvi no es un nombre ajeno a los círculos financieros globales. Doctor en Economía por la Universidad de Chicago, se desempeñó como jefe del Banco Central del Uruguay durante la estabilización de los años 90 y fue director en la prestigiosa Brookings Institution de Washington. Según información que fue extraída del medio La Nación, su llegada busca consolidar la recuperación económica argentina mediante una visión técnica respaldada por su experiencia en organismos internacionales.
El secretario de Política Económica, José Luis Daza, también destacó la figura de Talvi, calificándolo como un «policymaker e investigador de reputación mundial». Actualmente, el economista se desempeñaba como investigador principal del Real Instituto Elcano de Madrid, uno de los laboratorios de ideas (think tanks) más influyentes de Europa.
El paralelismo uruguayo y la «paciencia estratégica»
La llegada de Talvi al equipo de Caputo se da tras meses de coincidencias teóricas. El ahora asesor ha planteado que existe un «paralelismo increíble» entre la crisis que enfrentó Uruguay en los 90 y la situación argentina actual. En sus análisis previos, recordó que su país logró salir de una inflación de tres dígitos y un déficit fiscal del 7% del PBI —superior al que recibió la gestión de Milei— mediante un plan de estabilización riguroso.
Sin embargo, Talvi llega con una advertencia clara para el rumbo del Palacio de Hacienda: la necesidad de una «paciencia estratégica». Para el economista, intentar apurar el descenso de la inflación con tasas de interés prohibitivas o un dólar artificialmente bajo puede conspirar contra la sostenibilidad del plan. Su rol será clave para equilibrar el sendero fiscal con la competitividad del sector productivo, evitando los errores que, según su visión, «frenan el éxito de los procesos desinflacionarios».




