Más de 30.000 hectáreas arrasadas, bosques centenarios reducidos a cenizas y una comunidad que enfrenta el duelo ambiental mientras la justicia investiga el origen de las llamas.
Tras semanas de lucha extrema, las autoridades confirmaron la extinción del incendio en Puerto Patriada, pero el drama en la cordillera chubutense está lejos de terminar.
48 horas que cambiaron para siempre el cerro Pirque
El fuego comenzó el 5 de enero y en apenas dos días ya había devorado más de 2.000 hectáreas en una de las zonas más sensibles de la región: el cerro Pirque. Allí, un bosque maduro de ciprés, coihue y lenga que había logrado mantenerse intacto desde el último gran incendio de 1987 quedó reducido a escombros humeantes.
Especialistas advirtieron desde el primer momento sobre el valor ecológico irremplazable de ese ecosistema. “Era un área de conservación excepcional, con una biodiversidad que tardará décadas en recuperarse, si es que alguna vez lo logra”, señalaron fuentes vinculadas al monitoreo ambiental. La pérdida de ese pulmón verde representa un golpe difícil de revertir en el corto plazo.
Sequía, viento y forestaciones: la tormenta perfecta
Las condiciones climáticas jugaron en contra desde el arranque. Desde el Gobierno provincialindicaron que la sequía extrema y los factores meteorológicos adversos generaron un comportamiento del fuego calificado como “extremo”, con una propagación rápida que complicó las tareas de control en cada jornada.
Otro de los factores que potenció la devastación fue la presencia de forestaciones implantadas, especialmente pinares de rápido crecimiento. Esas especies introducidas en la Patagonia andina modifican las condiciones del entorno y favorecen la propagación del fuego, afectando además la regeneración de los bosques nativos. “El paisaje cambió para siempre”, resumieron los brigadistas que enfrentaron las llamas en terreno.
Guardia de cenizas: 40 días de lucha silenciosa
El incendio logró ser controlado recién el 19 de febrero, pero el proceso no terminó allí. Durante más de 40 días, brigadistas y bomberos voluntarios trabajaron sin pausa en tareas de guardia de cenizas, una etapa clave para evitar rebrotes en zonas donde el calor permanece oculto en el suelo, raíces o troncos.
Las lluvias de mediados de febrero marcaron un punto de inflexión. A partir de ese momento, las condiciones comenzaron a jugar a favor y permitieron consolidar las líneas de control. Sin embargo, el operativo se extendió con monitoreos permanentes en sectores como El Coihue, la estancia Las Golondrinas y la laguna Las Mercedes, donde cada foco residual debía ser detectado y enfriado para evitar nuevas activaciones.
La cicatriz que no se ve: más de 30.000 hectáreas perdidas
El área total dañada supera las 30.000 hectáreas, incluyendo bosque nativo, forestaciones implantadas y extensos sectores de matorral. La magnitud del evento obligó a desplegar un operativo de gran escala que se sostuvo durante meses, con brigadistas trabajando en condiciones extremas en terrenos de difícil acceso.
La zona de Puerto Patriada y el cerro Pirque ya había atravesado al menos cuatro incendios de magnitud desde 1987, una recurrencia que preocupa tanto a autoridades como a especialistas. La combinación de factores naturales y antrópicos vuelve a poner en discusión las condiciones de manejo y conservación de estos ambientes.
Mientras tanto, la investigación judicial sobre el origen del incendio sigue en curso. Con el foco ya extinguido, la atención empieza a desplazarse hacia las consecuencias, la recuperación de las áreas afectadas y las medidas necesarias para prevenir nuevos episodios en una región donde el fuego vuelve a aparecer como una amenaza recurrente.




