Un padre reveló que el alumno que mató a un compañero en San Cristóbal había amenazado en clase días antes.
La comunidad educativa de San Cristóbal, Santa Fe, se encuentra sumida en el dolor y la indignación tras el brutal ataque ocurrido en el Colegio Nacional de la Escuela 40. Un alumno de 15 años ingresó armado al establecimiento, asesinando a un compañero de 13 años e hiriendo a otros ocho estudiantes. Sin embargo, el horror sumó un nuevo capítulo tras el testimonio de los padres, quienes aseguran que el agresor ya había advertido sus intenciones y no fue tomado en serio.
Señales de alerta ignoradas y falta de comunicación
Juan, padre de una alumna de 5to año que presenció el ataque a escasos metros, reveló a Infobae que el joven ya había manifestado conductas preocupantes. “La semana pasada dijo que iban a morir todos. Según un compañero de mi hija, lo escuchó decir eso durante una clase”, relató. Pese a la gravedad de la amenaza, no se activaron protocolos de seguridad ni se informó a las familias.
El testimonio de los padres apunta directamente contra la gestión institucional. Denuncian una sistemática falta de comunicación y una tendencia a «minimizar» los conflictos de bullying y violencia. “Se callan. Hablan entre ellos y queda dentro de la escuela; dicen que van a hablar con el padre o con el menor, pero no trasciende”, puntualizó Juan, quien además estudia para ser docente y observa con preocupación el silencio que rodea estos casos.
El perfil del agresor y un entorno de violencia
El atacante, que según vecinos parecía un «adolescente típico» que practicaba básquet y saludaba con normalidad, convivía con un entorno familiar complejo marcado por antecedentes de depresión y estupefacientes en su padre. No obstante, para los padres de la escuela, el foco está en la ineficacia de los equipos de salud mental del colegio para detectar el riesgo inminente.
La violencia en la zona no es un hecho aislado. Se registraron antecedentes de:
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Ataques a alumnas fuera del colegio (con cortes en el rostro).
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Peleas constantes entre estudiantes desde octubre del año pasado.
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Intervenciones frecuentes de la Guardia Urbana ante la inacción policial.
Consecuencias psicológicas y miedo al regreso
El impacto emocional en los estudiantes es devastador. Muchos jóvenes, como la hija de Juan, se encuentran en estado de shock y se niegan a regresar a las aulas. “Mi hija está traumada, la tengo acá llorando. Se quedó sentada frente al agresor y no pudo moverse”, compartió sobre el clima que se vive en los grupos de WhatsApp de los padres, donde varios ya evalúan retirar a sus hijos de la institución.
Actualmente, las clases se encuentran suspendidas mientras la justicia investiga las responsabilidades. Las familias exigen que la comunidad educativa rompa el silencio y establezca estrategias de contención real para evitar que una tragedia de esta magnitud vuelva a repetirse.




