Boca vive en emoción violenta. Es parte de la identidad del club, de su ADN. Y anoche, en el mejor teatro del mundo, la Bombonera fue testigo de una montaña rusa de sensaciones que pocas veces se ven en 90 minutos de fútbol. De la ansiedad previa al inicio a la impensada incertidumbre de los primeros minutos.
De la tristeza infinita por la lesión de Marchesín al desahogo por el gol de Di Lollo. De la belleza de cada toque exacto de Delgado a la prepotencia furiosa de Ascacíbar. De la precisión suiza en el ritmo de Paredes al grito celebradísimo de Ander Herrera.
Después de larguísimos dos años y medio, Boca vivió la noche casi soñada, casi perfecta. El drama del arquero titular le pone un lunar a la euforia, pero es tan grande la ilusión que muchos pasan de largo.
La lesión de Marchesín: el golpe que heló la Bombonera
La noche empezó con una noticia devastadora. Agustín Marchesín, el arquero titular de Boca, sufrió la rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha. Una lesión grave que lo marginará por varios meses. La tristeza invadió el estadio. El arquero cargó su cruz y abandonó el campo entre lágrimas, mientras la hinchada lo despedía con aplausos.
Pero Boca no se rindió. El equipo se repuso con templanza a la desgracia. Y el fútbol, ese mundo que habita Boca, fue capaz de generar infinitas sensaciones en 90 y pico de minutos.
Di Lollo, Ascacíbar y Herrera: los héroes de la noche
El gol de Di Lollo llegó para apaciguar el ritmo cardíaco. Fue el desahogo que la Bombonera necesitaba después del golpe anímico por la lesión del arquero. Luego, Ascacíbar mostró su prepotencia furiosa en el mediocampo, manejando los tiempos y rompiendo líneas. Y Ander Herrera, con un sueño de niño en un cuerpo de hombre, gritó su gol celebradísimo por toda la hinchada.
Pero no fueron los únicos. Si Aranda no puede dar una asistencia, Blanco dio dos. Si Merentiel viene torcido, el Ruso insistió una, dos, tres veces hasta que la metió. Un volante con mística copera y desarrollo europeo que se ganó el cariño de la gente.
El réquiem de Úbeda: de puteado a aplaudido en un mes
La ciencia ficción llegó justito antes del cierre, a los 91’30». Claudio Úbeda devolvió con suavidad una camiseta que le pasaron para que firmara. Hace un mes le gritaban de todo cuando se metía solito en el túnel para dejar el campo. Anoche, desde esa misma platea, lo aplaudían y le pedían autógrafos.
«¿Acaso somos panqueques?», parece preguntarse el relato. La gente cambia su humor de acuerdo con lo que recibe. Antes no le daban miseria y puteaba. Hoy le dan lo que quiere y muestra su satisfacción. El fútbol es como la vida.
La previa de River: «El domingo cueste lo que cueste»
La hinchada de Boca ya piensa en el superclásico. Sin darse respiro para la alegría y el goce, pidió, intransigente, un triunfo el domingo. Un súper triunfo. «El domingo cueste lo que cueste», corearon las plateas y las populares.
El equipo crece. Dos de dos ganados en Copa, cinco goles a favor y uno en contra, varios soldados recuperados, niveles en alza de titulares y suplentes. Estas luces alcanzan para tapar las pequeñas sombras que pudieran existir justo antes del partido más importante del semestre.
Boca le regaló a su gente una noche mágica de Copa en la Bombonera. De la tristeza por la lesión de Marchesín al festejo por el triunfo. De los goles de Di Lollo y Herrera a la actuación magistral de Ascacíbar y Delgado. De los aplausos a Úbeda, puteado hace un mes. El domingo viene River. La hinchada ya lo sabe: cueste lo que cueste, hay que ganar.




