El nuevo astillero de Comodoro Rivadavia alcanza el 60% de ejecución.
Chubut se encuentra ante un cambio de paradigma logístico con la construcción del nuevo astillero en el puerto de Comodoro Rivadavia. La obra, que demanda una inversión superior a los 15 millones de dólares, ya presenta un avance del 60% en su infraestructura. El proyecto está diseñado para convertirse en el nodo de reparaciones navales más importante del Atlántico Sur, permitiendo realizar intervenciones técnicas que hasta ahora obligaban a las embarcaciones a trasladarse a otros puertos del país o el exterior.
Capacidad operativa y tecnología de vanguardia
La planta ha sido proyectada para maximizar la operatividad del puerto local. Una vez finalizada, tendrá capacidad para trabajar en cinco embarcaciones en simultáneo, gracias a la instalación de cinco gradas de trabajo y un avanzado sistema de elevación de buques tipo syncrolift.
La complejidad de la obra incluye el hincado de pilotes de alta resistencia, una red de rieles conectada a galpones industriales y el montaje de grúas de gran porte. Según las previsiones, el astillero estará en condiciones de recibir sus primeras unidades para tareas en seco durante el segundo semestre de 2026, integrándose directamente con la demanda de los sectores pesquero, petrolero y de energía eólica.
Impacto en el mercado laboral y la economía local
La dinamización del empleo es uno de los puntos más altos de esta inversión. Si bien hoy hay cerca de 45 operarios abocados a la construcción, se estima que, cuando el astillero esté plenamente operativo, generará más de 300 puestos de trabajo. Esto incluye empleos directos y una amplia red de servicios tercerizados vinculados a la metalmecánica y la logística pesquera.
Contar con servicios técnicos de esta magnitud en Comodoro Rivadavia permitirá a las empresas reducir significativamente sus costos operativos y mejorar los tiempos de respuesta ante mantenimientos programados o emergencias técnicas en alta mar.
La polémica por la asistencia a flotas extranjeras
A pesar del impacto económico positivo, el proyecto ha despertado un debate sobre su alcance estratégico. En sectores industriales existe preocupación por la posibilidad de que el astillero brinde asistencia técnica a embarcaciones de bandera extranjera que operan fuera de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA).
Esta controversia pone el foco en tres ejes clave: la necesidad de regulaciones legales claras, el posible impacto de competencia sobre la flota nacional y las implicancias sobre la soberanía y el control logístico en el límite de las aguas nacionales. Mientras la obra avanza hacia su fase final, el debate sobre el marco regulatorio para flotas internacionales parece ser el próximo desafío para las autoridades provinciales y portuarias.




