A pesar de las expectativas de una tregua, especialistas internacionales aseguran que los valores mundiales del crudo no regresarán a los niveles previos al conflicto con Irán
La destrucción de infraestructura crítica y las nuevas tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz configuran un escenario de energía cara a largo plazo.
El factor Trump y la amenaza al estrecho de Ormuz
La tensión alcanzó su punto máximo tras las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien amenazó con destruir la infraestructura iraní si Teherán no reabre el paso por el estrecho de Ormuz antes de este martes. «Vivirán en el infierno», advirtió el mandatario a través de sus redes sociales, fijando una fecha límite que mantiene en vilo a los mercados globales.
Sin embargo, para los analistas de la Agencia Internacional de Energía, el daño ya está hecho. Más de 40 activos energéticos en la región presentan daños «graves», y la reparación total de este entramado logístico podría demandar entre tres y cinco años. Incluso si las hostilidades cesaran de inmediato, el retraso en la entrega de buques y la normalización de las exportaciones demoraría meses en estabilizarse.
Una «nueva realidad» para el mercado energético
Desde el Centro de Investigación Económica y Política señalan que el precio del crudo Brent, consolidado por encima de los 100 dólares, difícilmente vuelva a perforar la barrera de los 60 dólares en el corto plazo. A esto se suma la decisión de Irán de formalizar el cobro de peajes de hasta 2 millones de dólares por buque para transitar por el estrecho, una medida que busca reafirmar su soberanía y que encarece directamente el flete internacional.
La Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán fue tajante al declarar que el estrecho de Ormuz ingresó en una «nueva realidad» que no volverá a su estado anterior. Mientras Washington exige libre tránsito como condición para cualquier acuerdo, Teherán sopesa el costo económico frente a su influencia en materia de seguridad, dejando al mercado petrolero mundial en una fragilidad estructural que los consumidores sentirán en el surtidor por mucho tiempo.




