El consumo de carne vacuna en picada: los argentinos comen 5 kilos menos por año.
La crisis de precios y el impacto de los conflictos internacionales están reconfigurando la mesa de los argentinos. Según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el consumo anual de carne vacuna por persona cayó de 49,5 kilos a 44,5 kilos en el último año. Esta retracción de 5 kilos coincide con un escenario donde la proteína bovina aumentó un 64%, cifra que duplica la inflación general registrada en el mismo periodo, que fue del 33%.
Como contrapartida, el consumo de carne de cerdo experimentó un crecimiento de un kilo y medio, alcanzando los 19,3 kilos anuales. Esta migración en los hábitos de consumo responde estrictamente a una cuestión de bolsillo: mientras la vaca subió un 64%, el cerdo solo aumentó un 25%, convirtiéndose en la alternativa más accesible para las familias.
El «efecto Ormuz»: de la guerra en Medio Oriente a la góndola
El informe de FADA advierte que el conflicto bélico en Medio Oriente ya tiene un correlato directo en los precios locales. El principal canal de transmisión es el aumento de la logística derivado del bloqueo en el Estrecho de Ormuz, lo que dispara el valor de los combustibles y los fletes a nivel global y local.
Nicolle Pisani Claro, economista jefa de la fundación, detalló que el flete representa actualmente el 6% del precio de un sachet de leche y el 8% de los costos del productor de trigo. A esto se suma el encarecimiento de la urea, un insumo clave para los cultivos que depende de los precios internacionales de la energía, lo que presiona aún más la estructura de costos de los alimentos básicos.
La carga impositiva: 1 de cada 4 pesos son impuestos
Uno de los datos más reveladores del estudio es el peso del Estado en el precio final de los alimentos. En promedio, el 25% de lo que paga el consumidor por el pan, la leche o la carne corresponde a impuestos nacionales, provinciales y municipales. María Luz Silvetti, economista de FADA, graficó esta situación señalando que «cada cuatro bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos».
La composición de los precios según el informe se desglosa de la siguiente manera:
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Carne vacuna: El 51% corresponde a costos de producción, el 28% a impuestos y el 21% a ganancias. Dentro de la cadena, la cría representa el 35%, la carnicería el 20%, el feedlot el 16% y el frigorífico el 1%.
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Pan: Los costos de producir son el 61%, los impuestos el 24% y la ganancia el 15%. La panadería es el eslabón con mayor peso, explicando el 65% del precio final.
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Leche: Es el producto con mayor carga de costos (71%) y menor margen de ganancia (apenas 3%). Del valor del sachet, el tambo explica el 27%, la industria el 24% y el comercio el 23%.
El mito de los granos en el precio final
Contrario a la creencia popular, el valor de los granos (maíz y trigo) tiene una incidencia limitada en el precio que se ve en la góndola. El informe precisa que el maíz solo representa el 6% del precio de la carne de vaca y el 4% de la leche. En el caso del pan, el trigo apenas explica el 10% del valor final. Esto demuestra que el grueso de los aumentos está vinculado a otros factores como la logística, los salarios, los servicios y la presión tributaria, más que al valor del insumo básico producido en el campo.




