Tragedia en Comodoro Rivadavia: conmoción y duros reclamos tras el suicidio del Sargento Primero José Daniel Díaz.
Una profunda ola de tristeza, indignación y dolor sacude a la familia de la Policía del Chubut tras conocerse el fallecimiento del Sargento Primero José Daniel Díaz en Comodoro Rivadavia. El efectivo policial perdió la vida este lunes por la noche luego de ingresar al Hospital Regional con una grave herida de arma de fuego, en un hecho que expuso una vez más la crítica situación laboral y de salud mental que atraviesan los integrantes de la fuerza.
El trágico episodio se registró alrededor de las 22:05 horas, momento en que el empleado policial fue trasladado de urgencia hacia el centro asistencial local tras haber tomado la drástica decisión. A pesar de los esfuerzos del personal médico, las lesiones sufridas resultaron fatales.
Denuncias de desarraigo económico y precarización laboral
La muerte del sargento Díaz desencadenó una inmediata y contundente reacción por parte de sus camaradas, quienes rompieron el silencio para denunciar las severas presiones institucionales y económicas que pesaban sobre el uniformado. Según expresaron sus propios compañeros de servicio, el efectivo había sido trasladado de manera «injusta» desde una dependencia donde se encontraba plenamente establecido hacia un nuevo destino, una medida que afectó de forma directa su vida personal y su economía.
Los agentes remarcaron que Díaz debía afrontar el costo de un alquiler, sostener los gastos de manutención de sus dos hijos pequeños y sobrevivir con un salario que no cubría las necesidades básicas esenciales. «Después de pagar sus obligaciones, no le quedaba absolutamente nada», manifestaron con indignación los efectivos, señalando el impacto del desarraigo impuesto por las autoridades de la Jefatura.
Asimismo, el personal policial describió un escenario de precarización sistemática en las calles de Comodoro Rivadavia. Indicaron que se ven obligados a prestar servicios en retenes bajo condiciones climáticas de frío extremo, con exigencias de permanecer de pie por más de cinco horas sin relevos, muchas veces careciendo de la indumentaria adecuada, de insumos básicos y de condiciones edilicias dignas.
Cuestionamientos a la cúpula y reclamos por la salud mental
Las críticas de la tropa apuntaron de manera directa hacia quienes conducen la institución policial, a quienes acusaron de «mirar para otro lado» ante la crisis interna. Entre los reclamos más severos, los uniformados denunciaron una distribución discrecional de los servicios adicionales, asegurando que se otorgan como «privilegios reservados para amigos acomodados» mientras que el resto del personal queda desprotegido. A esto sumaron la aplicación de sanciones inflexibles, como la quita de adicionales por demoras mínimas de minutos, sin contemplar las distancias recorridas ni la situación humana de los trabajadores.
»Hoy decimos basta. No queremos más silencio, no queremos más abandono y no queremos seguir perdiendo compañeros por la indiferencia y la presión constante», remarca el enérgico descargo que circuló internamente dentro de la fuerza.
El trágico desenlace del Sargento Primero pone en el centro del debate la urgente necesidad de implementar políticas efectivas de contención psicológica y asistencia médica. Bajo la consigna de que «la salud mental del personal policial también importa», los efectivos exigieron respuestas inmediatas y la urgente revisión de un sistema que, según denunciaron, dejó de cuidar a los seres humanos que visten el uniforme y sostienen la seguridad pública todos los días.
