Tedeum patrio: Jorge García Cuerva advirtió sobre la intolerancia y el avance del individualismo en el país.
En las vísperas de las celebraciones oficiales por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, la Iglesia católica emitió un enérgico pronunciamiento enfocado en la preocupante degradación del debate público y la profundización de la grieta social. Durante su homilía previa a la ceremonia litúrgica central, de la que participará el presidente Javier Milei, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, interpeló con dureza a la ciudadanía y a la dirigencia política, trazando una profunda radiografía sobre el clima de confrontación y la pérdida de objetivos colectivos en la sociedad contemporánea.
El mensaje, de fuerte densidad institucional, busca instalar un espacio de reflexión frente a las dinámicas de polarización sistémica que condicionan el normal funcionamiento de las instituciones democráticas.
El desafío de convivir en tiempos de intolerancia política
El eje inicial de las reflexiones del prelado porteño se concentró en la sistemática descalificación del adversario ideológico y la incapacidad generalizada de los actores públicos para convalidar miradas alternativas sobre la compleja realidad socioeconómica de la Argentina.
“Qué difícil es hablar y respetar la diversidad en tiempos de intolerancia. Qué difícil es poder respetar y hablar de diversidad en tiempos de rechazo de todo el que piensa distinto. Qué difícil es hablar de diversidad cuando nos sentimos un poco dueños de la verdad y descalificamos cualquier opinión o pensamiento contrario”, argumentó severamente García Cuerva desde el púlpito.
Para el jefe de la arquidiócesis de Buenos Aires, estas conductas facciosas han permeado las bases sociales, impidiendo la construcción de acuerdos estructurales y consolidando un escenario de fragmentación donde el disenso es castigado con el aislamiento o el ataque retórico.
El concepto de Nación frente a una mera suma de individuos
Frente a las visiones atomizadas de la organización civil, el arzobispo recuperó el valor de la identidad histórica compartida y rechazó la concepción del país como una simple aglomeración geográfica desprovista de lazos solidarios o de un destino común.
Haciendo uso de una analogía orgánica y familiar, García Cuerva planteó que las diferencias inherentes a una comunidad plural deben integrarse armónicamente para dar vitalidad al tejido social. «Vuelve sobre esta idea la conciencia de que somos distintos y diversos y formamos un solo cuerpo, porque de algún modo tenemos que tomar conciencia también que como pueblo argentino somos nación. No somos una suma de individuos que circunstancialmente viven en un territorio. Somos mucho más que eso», reafirmó con un claro sentido de unidad patriótica.
Una cruzada por el bien común ante el egoísmo de mercado
El tramo final de la homilía estuvo consagrado a rescatar los principios elementales de la doctrina social, cuestionando los esquemas de competencia descarnada e individualismo extremo que se promueven de forma global como soluciones definitivas a las crisis institucionales.
El religioso instó a los fieles y líderes de todas las extracciones políticas a revalorizar las búsquedas colectivas por encima del beneficio financiero personal, catalogando este desvelo como una necesidad urgente ante las vísperas de este lunes 25 de mayo de 2026. “Qué importante también entonces volver a insistir con el bien común, el bien que va más allá de mi beneficio, el bien que va más allá de mis búsquedas personales, el bien que tiene que ver justamente con el bien de todos, con un bien colectivo”, expresó, manifestando su preocupación por los desafíos de sostener estos postulados “en tiempos de egoísmo, en tiempos de individualismo, en tiempos de feroz competencia de unos con otros”.
La alocución episcopal concluyó con un llamamiento definitivo a deponer las hostilidades y asumir el compromiso histórico de reconstruir los vínculos de fraternidad. “Que podamos tomar conciencia que aunque somos distintos miembros, somos un solo cuerpo, una sola familia, una sola nación”, sentenció el prelado, fijando la postura de la Iglesia en las horas previas al esperado encuentro ecuménico con el gabinete nacional.
