Un crítico informe de la Fundación Pro Tejer revela que 6 de cada 10 máquinas están completamente paradas
Con el consumo interno pulverizado, las fábricas rematan stock por debajo de la inflación para cubrir costos fijos y cierran cientos de empresas.
Actividad en mínimos históricos
La recesión económica continúa ensañándose con el aparato productivo nacional. La industria textil y de la indumentaria argentina atraviesa uno de los escenarios más dramáticos de su historia reciente, caracterizado por un desplome vertical de la producción, niveles mínimos de utilización de maquinaria y una masiva destrucción de puestos de trabajo.
Según el último Boletín Económico Sectorial elaborado por la Fundación Pro Tejer, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el sector textil registró una caída del 23% interanual, cifra que se profundiza drásticamente hasta un 31% si se la compara con los niveles de actividad del año 2023. En sintonía, la confección de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió un 8,8% interanual, acumulando un rojo del 15,4% en el primer cuatrimestre de 2026.
Esta parálisis técnica provocó que las fábricas operen a duras penas al 36,6% de su capacidad instalada. Desde la entidad fabril advirtieron con preocupación que, sacando los meses de aislamiento estricto por la pandemia, este es «el nivel de actividad más bajo de la historia para el sector», lo que significa que el 60% de las máquinas textiles del país se encuentran apagadas.
Despidos masivos y persianas bajas
Las consecuencias de la recesión y la caída del consumo interno ya impactan de lleno en la estructura social y empresarial de las provincias:
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Desaparición de empresas: Desde diciembre de 2023 a la fecha, la cadena de valor (textil, confección, cuero y calzado) sufrió la pérdida de 874 establecimientos productivos, una reducción neta del 14% en la cantidad de firmas operativas.
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Sangría laboral: El rubro lidera la caída del empleo asalariado registrado privado en todo el país, con un recorte del 20% de su plantilla total en pocos meses.
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Pérdida de puestos de trabajo: En menos de tres años, el sector destruyó 24.097 empleos directos, superando incluso la crisis de la construcción (-11%). En términos globales, el conjunto de la industria manufacturera argentina ya eliminó más de 76.000 puestos laborales.
Remate de stock, rentabilidad negativa e importaciones récord
Para subsistir y hacer frente a los gravosos costos fijos, las pymes locales recurrieron a una estrategia desesperada: rematar sus stocks. Esto explica por qué la indumentaria es el rubro que menos aumentó en toda la economía. En mayo de 2026, los precios del sector subieron apenas un 0,3% mensual (12% interanual), quedando muy rezagados frente a una inflación general que marcó 2,1% mensual y 33,2% interanual. Esta licuación de precios empujó a la cadena productiva a una zona de rentabilidad negativa.
En paralelo, el mercado interno exhibe una alarmante dinámica dual impulsada por la apertura comercial y la caída de las ventas en shoppings (-4% interanual). Mientras las importaciones de materias primas e insumos industriales cayeron un 19% por la nula actividad de las hilanderías locales, la importación de ropa y productos terminados trepó a récords históricos en volumen, con incrementos del 73% y 45% respectivamente.
El panorama hacia el segundo semestre se muestra completamente ensombrecido por el derrumbe de la inversión productiva. La compra de bienes de capital y maquinaria pesada importada se desplomó un 46% en los primeros cinco meses de 2026, alcanzando apenas los US$29 millones. De consolidarse esta tendencia, la Fundación Pro Tejer advirtió que el año cerrará con uno de los índices de inversión más bajos de los que se tenga registro, poniendo en severo riesgo la competitividad futura y la supervivencia de la industria nacional.
