Francis Mallmann decidió abrir las puertas de su refugio más personal. Por primera vez en invierno, el célebre chef recibirá a un grupo exclusivo de huéspedes en su isla privada del Lago La Plata, en Chubut, para vivir una aventura culinaria de once días.

El escenario parece salido de un cuento: una cabaña rústica llamada «La Soplada», rodeada de imponentes lengas y montañas nevadas. En el interior se respira una elegancia simple, con estanterías repletas de libros y el fuego de la chimenea encendido las veinticuatro horas.
Para los amantes de la hiperconectividad hay una advertencia: en la isla no hay señal de celular ni wifi. Es un viaje de desconexión absoluta en uno de los confines más puros del planeta.
Clases de cocina en la nieve y cenas bajo las estrellas
El plan diario combina la naturaleza extrema con la alta cocina. Durante el día, los visitantes pueden hacer esquí de fondo o caminatas con raquetas de nieve acompañados por guías expertos.
Al regresar, el propio Mallmann dicta clases magistrales de cocina a fuego abierto sobre la nieve. La jornada termina con cenas al aire libre, junto a las brasas y bajo el cielo estrellado de la Patagonia.
Para el cocinero, este rincón del sur tiene una fuerte carga emocional que lo transporta directo a sus primeros años de vida.
«El invierno siempre me recuerda a mi infancia con mi hermano Carlos. Vivíamos en una hermosa casa con vistas a un lago y a las montañas. Todas las noches, nos asomábamos a las ventanas e intentábamos leer el cielo para ver si llovería o nevaría al día siguiente», explica el chef.
«El invierno en la Patagonia era muy festivo para nosotros. Esquiábamos, jugábamos al aire libre y construíamos casas en la nieve. Esa felicidad es la que me encanta compartir con la gente», desliza.
El fuego en las cenizas y una bodega exclusiva
La propuesta gastronómica se basa en volver a lo primitivo. Sentarse al aire libre con una copa en la mano mientras los platos se van haciendo al ritmo de la naturaleza.
«Nuestro lenguaje culinario es el fuego. Es un sabor esencial en nuestra comida: verduras, pescados, carnes e incluso postres. Todo está impregnado del fuego, ya sea en la parrilla o entre las cenizas», resume Mallmann.
Para acompañar cada menú, el chef diseñó una bodega muy personal con grandes etiquetas de distintas regiones del país.
«Tenemos vinos de la Patagonia, de Mendoza y del norte, de Salta. También hay una bodega increíble cerca de la isla llamada Otronia», cuenta.
Además, el cocinero revela un detalle sobre cómo le gusta disfrutar de su colección con los recién llegados.
«Nos gusta abrir botellas muy grandes y disfrutarlas en la cena y luego de nuevo en el almuerzo del día siguiente», acota.
Para Mallmann, en estas reuniones los detalles construyen el momento. «La comida se convierte en alegría. Al igual que el vino y las conversaciones. Incluso la forma de vestir importa. Comunica cómo te sentís ese día en particular», aclara.
¿Cuánto cuesta la experiencia en el fin del mundo?
Este formato de encuentros exclusivos no es nuevo para el chef, quien los organiza desde 2017, aunque siempre elegía las estaciones más cálidas. El valor de la experiencia ronda los 65 mil dólares por cinco noches para un grupo de seis personas.
«Compartir lugares que amas con gente que no conoces, te hace crecer», manifiesta el autor sobre esta filosofía de hospitalidad.
La logística de la isla es un desafío aparte. El refugio funciona de manera sustentable con energía solar y agua del lago. Sin embargo, los insumos y la gasolina se deben traer en lancha desde la costa.
Como curiosidad geográfica, el mapa en esa zona se vuelve difuso: la isla está en territorio argentino, pero durante las caminatas matutinas es muy común cruzar la frontera hacia Chile sin darse cuenta.
Para terminar, el chef sintetiza el deseo que busca despertar en sus viajeros antes de que armen las valijas para volver a la rutina: «Espero que se vayan con el corazón lleno. El viaje busca crear una experiencia que impacte profundamente a las personas y que jamás la olviden».
