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El Proyecto Argentino Interinstitucional de Genómica difundió este lunes cuántos casos fueron detectados con las variantes de coronavirus y sus mutaciones en la Ciudad de Buenos Aires y localidades de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Neuquén.

Con respecto a las cepas oriundas de Río de Janeiro (Brasil), el informe indicó que se descubrió la mutación S_L452R en siete muestras correspondientes a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (un caso), Almirante Brown (un caso), La Matanza (un caso), Lanús Oeste (un caso), La Plata (un caso) y San Martín de los Andes (un caso) y otra muestra con diagnóstico en CABA. Sobre estos casos se informó que ninguno tiene historia de viaje, ni contacto estrecho con viajeros.

Por otra parte, la mutación S_L452Q se detectó en 63 muestras correspondientes a 23 casos de CABA, 26 al sur del Gran Buenos Aires, cuatro al oeste del Gran Buenos Aires, una endetectaSuipacha, una en Bolívar, una de La Plata, una de Neuquén capital y dos de Santa Fe. Estos casos no presentaron nexo epidemiológico entre sí y corresponderían a infecciones adquiridas en la comunidad.

Fuente: Radio 3

 

El panorama es desolador por la angustiante realidad que impera después del paso de la tormenta de fuego, ocurrida el 9 de marzo, hace exactamente un mes. La desesperación personal y colectiva en la Comarca Andina es inconmensurable.

Miles de cordilleranos siguen sin casa, sin luz, sin agua y -lo peor de todo- es que en el horizonte cercano se avecina otro crudo invierno patagónico al que nadie sabe cómo enfrentar habiendo perdido todo.

No solamente el panorama actual es crítico: lo peor es la ausencia de futuro para una región que ya estaba olvidada y sufre la incertidumbre total en materia económica y social. Si el Estado -tanto el Nacional como el Provincial- no se toman en serio el problema e invierten todo lo que se necesita urgentemente en los próximos 45 días la bellísima Comarca Andina se transformará por muchos años en una zona de desastre y desolación difícilmente recuperable. Así como un ciprés tarda varias décadas en crecer, las generaciones actuales no volverán a ver lo que conocieron como un prodigio de la naturaleza.

Las penurias en la Comarca Andina Patagónica no se resolvieron obviamente con la inmensa solidaridad inmediata del pueblo o con los anuncios, muchos de ellos formales, que hicieron los gobernantes. El fuego destruyó mucho de lo material pero también parece haber derretido el futuro de una de las zonas más maravillosas que tiene Chubut y el país.

Miles de personas y familias afectadas se las ingenian por su cuenta para encontrar algunas soluciones de transición hacia diferentes direcciones que les imponen los múltiples problemas a resolver. Los más perjudicados se quedaron sin casa y perdieron todo, literalmente. No tienen un techo ni tampoco las cosas imprescindibles para sobrevivir

La solidaridad, como sucede siempre frente a las catástrofes, llegó casi de manera inmediata y hasta sobrepasó la cobertura de las necesidades urgentes. Hasta sobró ropa enviada desde distintos puntos del país y ahora se piensa en usarla entre medio de los miles de paredes que quedan por levantar. Lo que falta es otra cosa: una inversión medida en millones.

Los problemas de la Comarca van mucho más allá de lo que un pueblo solidario puede donar o lo que los voluntarios pueden ir a hacer con sus manos a la hora de limpiar el desastre o ayudar a levantar parte de lo devastado. Reconstruir tras los incendios no es una tarea que pueda depender de la solidaridad, sino del Estado en sus diferentes niveles, porque desde lo personal ya es muy difícil vivir sin una catástrofe en un panorama de crisis agravado por el Coronavirus. Solamente hay que imaginar lo trágico que puede ser intentar levantarse con la miseria, la inflación, los sueldos atrasados, entre otros

Necesidades imperiosas que no admiten demora Lo que hace falta de manera imperiosa son viviendas e infraestructura para recomponer y mejorar los raquíticos servicios públicos que había desde antes del incendio y que ahora están desaparecidos.

Las casas de emergencia pueden ayudar para encontrar un techo para dormir, pero se viene el invierno y vaya a saber si alguien puede subsistir en un container enfrentando crudo frío, las lluvias y las nevadas de un invierno que está por llegar y se extenderá por varios meses. Ni qué hablar de lo que implica intentar pasar no uno, sino varios inviernos en una casilla de chapa. Son más de 500 las viviendas afectadas, 392 de manera total y 102 parcial; aunque cálculos no oficiales llevan el número hasta las 1000 casas. Por eso, no alcanza para encarar las soluciones de fondo con las viviendas modulares. Con ellas se logrará tener un techo, pero jamás una vivienda digna.

Para tener un panorama justo basta preguntarle a los comodorenses que también perdieron todo y cuatro años después siguen alquilando por su propia cuenta e inclusive intentan subsistir en un trailer. Concretar las obras de infraestructura del tendido eléctrico, plantar postes y cables que lleven la luz e internet parece una misión casi imposible cuando el Estado se muestra paquidérmico en sus movimientos.

Además, hace falta imperiosamente el aprovisionamiento de redes de agua potable y cloacas para que la higiene sea una tarea cumplida en el devenir de lo cotidiano en tiempos de pandemia. Hay que empezar casi de cero.

Reconstruir la Comarca es mucho más que un anuncio oficial para cumplir, se trata de invertir con fuerza y planificación para que el desastre quede en el pasado y el futuro se convierta en una esperanza real. Hasta ahora, lo más concreto ha sido el lanzamiento de los préstamos de 2,8 millones por parte del gobierno provincial a través del IPV.

Se verá con qué diligencia se tramitan o si la burocracia los demora infinitamente hasta que la devaluación los devore. Como sostuvo el economista Joseph Stiglitz, el maestro del ministro de Economía Martín Guzmán, «en el futuro estaremos todos muertos».

El Estado nacional anunció fondos relativamente relevantes, pero las administraciones locales aseguran que están llegando a cuentagotas. Cada municipio sabe que son la primera línea de contención, y que no solo recibirán los insultos de centenares de vecinos desesperados sino que pagarán todo el costo político si se dedican a encubrir o solapar las demoras de sus jefes políticos nacionales o provinciales, porque la gente hará tronar el escarmiento.

Del incendio a las inundaciones

Todo debe hacerse de manera planificada y en serio, porque la devastación de los bosques traerá problemas adicionales. La liquidación de flora nativa que equilibraba el ecosistema ahora ya no está y cuando las lluvias caigan sobre la Cordillera y la nieve se deshiela el agua invadirá sin contención las zonas a su merced. La anegación de miles de hectáreas de la Comarca es una problemática de corto plazo.

Los bosques ya no están para contener el agua que inevitablemente el clima genera año a año en la zona y lo que se presagia que es el agua que faltó para apagar el fuego llegue tarde y se transforme en inundaciones que pongan en peligro lo poco que quedó en pie y lo que se vaya a reconstruir.

Fuente: Límite 42

Científicos de Argentina, Brasil y Chile descubrieron e identificaron un nuevo mamífero que habitó la región del Estrecho de Magallanes y el sur del país trasandino hace 74 millones de año, según publicó la prestigiosa revista Scientific Reports, del grupo Nature.

Se trata de un pequeño mamífero del tamaño de una sarihuella, bautizado con el nombre de Orretherium tzen, cuyos restos fueron localizados en rocas de la Era Mesozoica, también conocida como la «Era de los Dinosaurios».

Los restos hallados consisten en una mandíbula con 5 dientes y un diente molar del maxilar, de pequeño tamaño, descubiertos en rocas de la Formación Dorotea (Cuenca Magallanes), con una antigüedad aproximada de entre 74 a 72 millones de años.

El origen del nombre tiene dos raíces: Orre significa «dientes» en Aonikenk, y therium significa «bestia» en griego, una terminación frecuentemente usada en géneros de mamíferos. Por otro lado, la especie tzen significa «cinco» en Aonikenk, en referencia a tener preservados 5 dientes consecutivos en la mandíbula.

El descubrimiento de Orretherium es de suma importancia porque la mandíbula preservada, de menos de 3 cm largo, posee los cinco dientes en posición, permitiendo conocer la variación de la morfología dental en esta especie, y por lo tanto ser una herramienta para ayudar a clasificar dientes que se encuentran aislados, con una posición en la mandíbula o maxilar a veces tentativa.

«Durante fines de la Era Mesozoica los ecosistemas terrestres eran notoriamente diferentes a los actuales y los fósiles que se encuentran en rocas Cretácicas de la región de Magallanes están develando una historia fascinante justo en el momento anterior a la gran extinción de los grandes dinosaurios y otros reptiles», indicó una publicación de la Fundación Azara.

Fuente: ADNSUR

Tiene el tamaño de una sarihuella, bautizado con el nombre de Orretherium tzen, cuyos restos fueron localizados en rocas de la Era Mesozoica, también conocida como la «Era de los Dinosaurios».

Científicos de Argentina, Brasil y Chile descubrieron e identificaron un nuevo mamífero que habitó la región del Estrecho de Magallanes y el sur del país trasandino hace 74 millones de año, según publicó la prestigiosa revista Scientific Reports, del grupo Nature.

Los restos hallados consisten en una mandíbula con 5 dientes y un diente molar del maxilar, de pequeño tamaño, descubiertos en rocas de la Formación Dorotea (Cuenca Magallanes), con una antigüedad aproximada de entre 74 a 72 millones de años.

El origen del nombre tiene dos raíces: Orre significa «dientes» en Aonikenk, y therium significa «bestia» en griego, una terminación frecuentemente usada en géneros de mamíferos. Por otro lado, la especie tzen significa «cinco» en Aonikenk, en referencia a tener preservados 5 dientes consecutivos en la mandíbula.

El descubrimiento de Orretherium es de suma importancia porque la mandíbula preservada, de menos de 3 cm largo, posee los cinco dientes en posición, permitiendo conocer la variación de la morfología dental en esta especie, y por lo tanto ser una herramienta para ayudar a clasificar dientes que se encuentran aislados, con una posición en la mandíbula o maxilar a veces tentativa.

«Durante fines de la Era Mesozoica los ecosistemas terrestres eran notoriamente diferentes a los actuales y los fósiles que se encuentran en rocas Cretácicas de la región de Magallanes están develando una historia fascinante justo en el momento anterior a la gran extinción de los grandes dinosaurios y otros reptiles», indicó una publicación de la Fundación Azara.

Jonatan Kaluza, Técnico del Conicet con lugar de trabajo en la Fundación Azara-Universidad Maimónides, resaltó que los fósiles de animales pequeños «nos ayudan a entender y construir una fracción de la biota, aportando importantes conocimientos sobre la ecología y distribución de las especies».

«Si bien la búsqueda de fósiles es realizada a través de una simple prospección superficial de los sedimentos expuestos, hallar y rescatar fósiles de pequeños animales comprende una estrategia muy distinta a las utilizadas en animales de mayor tamaño», indicó el especialista.

Por su parte, el paleontólogo Agustín G. Martinelli destacó que «contar con un material tan bien preservado de un mamífero del Período Cretácico es un privilegio y es fundamental para conocer mejor no solo a esta nueva especia mesozoica sino también extrapolar su información para otros mamíferos encontrados en Argentina».

Investigadores del CONICET hallaron el cráneo de un abelisáurido al norte de la provincia de Neuquén. Este animal habitó el lugar hace aproximadamente unos 85 millones de años, y se trata de un carnívoro. «Llukalkan aliocranianus» es el nombre otorgado al animal proviene del término mapuche Llukalkan, que significa ‘el que causa miedo’, y del latino aliocraniaus, que es ‘cráneo diferente’.

Descubrieron una nueva especie de d un «temible» dinosaurio en la Patagonia. Se trata de fósiles de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia argentina, que corresponden probablemente a uno de los principales depredadores de la región durante el Cretácico Superior

Vivió hace unos 85 millones de años, y sus restos denotan un formidable tamaño (hasta cinco metros de largo), mordida extremadamente poderosa, dientes muy afilados, enormes garras en sus patas, y agudo sentido del olfato.

“Lo nombramos Llukalkan aliocranianus. La primera palabra es un vocablo mapuche que significa el que asusta o causa temor y la segunda, en latín, hace referencia a un cráneo distinto. Las diferencias que presentaba en el cráneo, en comparación con el de otras especies de abelisáuridos, permitieron en definitiva darnos cuenta que estábamos ante una especie nueva”, comenta Federico Gianechini, investigador del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) y primer autor del trabajo.

Tenía un extraño cráneo corto con huesos ásperos, por lo que en vida su cabeza presentaba protuberancias y prominencias como algunos reptiles actuales como el monstruo de Gila o algunas iguanas. Su audición también era diferente a la de otros abelisáuridos. La composición de su cráneo sugiere que esto era mejor que la mayoría de los otros abelisáuridos y similar al de los cocodrilos de hoy en día.

Los restos fósiles de Llukalkan y Viavenator se encontraron a solo 700 metros de distancia en la Formación Bajo de la Carpa, cerca del mismo sitio famoso de fósiles en La Invernada, en Argentina.

«Este es un descubrimiento particularmente importante porque sugiere que la diversidad y abundancia de abelisáuridos fueron notables, no solo en la Patagonia, sino también en áreas más locales durante el período crepuscular de los dinosaurios», dice el autor principal, el doctor Federico Gianechini, paleontólogo.

Los abelisáuridos eran una llamativa familia de dinosaurios terópodos con un promedio de cinco a nueve metros de largo que merodeaban principalmente en la Patagonia y otras áreas del antiguo subcontinente sur de Gondwana, reconocido hoy como África, India, Antártida, Australia y América del Sur. Hasta la fecha, se han desenterrado casi 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. Si bien los abelisáuridos se parecían a T-Rex en apariencia general con pequeños brazos rechonchos, tenían cráneos inusualmente cortos y profundos que a menudo tenían crestas, protuberancias y cuernos, y eran únicos.

Moviéndose erguido sobre sus extremidades traseras con enormes garras que pueden haber usado para apuñalar a su presa, Llukalkan tenía mordidas extremadamente poderosas y dientes muy afilados con los que derribar a su presa mientras se movía rápido gracias a sus poderosas patas traseras.

Los restos fosilizados de Llukalkan incluyen un cráneo magníficamente conservado y sin triturar. Teniendo en cuenta que el endocráneo estaba muy bien preservado, se convocó a la especialista en paleo-neurología e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA), Ariana Paulina-Carabajal, quién pudo reconstruir el encéfalo y el oído interno en forma digital en 3D, utilizando tomografías computadas, y reflejar en forma relativa la forma y tamaño del encéfalo y órganos de los sentidos.

EL HALLAZGO

Los restos del dinosaurio fueron encontrados en el noroeste de la Patagonia (Provincia de Neuquén) a unos 50 kilómetros al sur de la localidad de Rincón de los Sauces, se localiza el área conocida como La invernada. Allí es donde se encontraron los restos de LLukalkan aliocranianus y uno de los lugares con mayor abundancia de abelisáuridos en el mundo. Hasta el momento se han encontrado cinco especímenes diferentes en un radio menor a un kilómetro cuadrado.

El paleontólogo, Leonardo Filippi, del Museo Municipal “Argentino Urquiza” contó que “fuimos por primera vez al sitio en el año 2012 para realizar un relevamiento de impacto paleontológico para una empresa petrolera, y debido a la importancia paleontológica registrada por la abundancia de fósiles, iniciamos proyectos de investigación con campañas que se continúan hasta el presente, a las cuales se sumaron varios colegas, algunos de los cuales forman parte de este trabajo”.

Chispazos en las líneas eléctricas combinados con viento, sequía, altas temperaturas y falta de mantenimiento de las forestaciones desataron incendios en el noroeste de Chubut que tomaron características nunca antes registradas en la Patagonia, coincidieron numerosas fuentes consultadas, a pesar de que sectores de gobierno lo nieguen y se haya desatado la cacería de los supuestos pirómanos. El fuego consumió la vida de tres personas, la vivienda y pertenencias de al menos 350 familias, chacras en producción, bosque nativo, las mejores tierras de engorde y la hacienda de comunidades mapuche-tehuelche y pequeños productores.

En tres horas, la tormenta de fuego del 9 de marzo devoró más de 14.000 hectáreas de los ejidos municipales de Lago Puelo y El Hoyo y avanzó sobre el brazo sur del cordón montañoso Piltriquitrón. Mientras un fuerte movimiento social inició la reconstrucción de los barrios urbanos, al cierre de este informe las brigadas oficiales y voluntarixs sostenían la vigía de los puntos calientes. Varias lof (comunidades) combatieron el fuego en sus territorios, tanto como a la campaña de invisibilización de los focos cercanos a El Maitén. El fuego seguía en el territorio de la lof Quilodrán hasta el viernes, cuando un documento interno del INTA contabilizó 35.000 hectáreas afectadas en dos meses.

Desde hace diez años acechaba el fantasma del incendio en poblamiento urbano inserto en bosque nativo y forestación con especies exóticas, llamado «de interfase». Ahora un frente llegó a metros de una turbera (formación natural altamente combustible) y de una estación de servicio sobre la ruta 40. Los estragos del fuego en los parajes Cerro Radal y Golondrinas se combinan y potencian con los que se produjeron pocos kilómetros al norte, en la misma comarca del paralelo 42. El 24 de enero se inició un foco en Cuesta del Ternero (al noreste de El Bolsón, ladera norte del cerro Piltriquitrón) que consumió casi 7.000 hectáreas en varias semanas. Uno de los focos no extinguidos se reavivó el 7 de marzo, afectó más de 10.000 hectáreas y continuaba ardiendo bajo tierra cerca de El Maitén al cierre de esta nota.

El mismo día 9 otros focos pudieron agravar la situación. Frente a la comisaría de Epuyén chispazos en la línea eléctrica iniciaron un fuego rápidamente sofocado, según relató un vecino de esa localidad. Por las mismas horas se prendió fuego un pinar frente a un nodo de gas en Cholila, apagado por los propios pobladores. La falta de mantenimiento de las líneas de alta y media tensión es un problema recurrente tanto en verano como en invierno con las nevadas, señalaron numerosas fuentes consultadas. Una cañería rota liberó gas durante horas en Puelo, agregó un profesional que sigue los procesos de incendios en el país desde hace años. A la vez, en todo el desarrollo de estos focos y frentes hay situaciones dudosas, por lo que no se descartan intencionalidad(es), cuestión que no es el eje de esta nota y que no debería ocultar fallas estructurales del proceso de urbanización en área de montaña y de infraestructura básica, así como el modelo de económico de las forestaciones.

Resistencia en el campo

Una lengua de fuego trepó por el cauce del arroyo Pedregoso, en la ladera sur del cordón Piltriquitrón, atravesó el cerro León (o Azul) en dirección al paraje Buenos Aires Chico. Ahí quemó los puestos de veranada de varias familias y tierras de las lof Sepúlveda, Cañío Pangui Wingkul y Rincón de Buenos Aires Chico, explicó un vecino de Bariloche que acudió a dar una mano. En esa zona perdió la vida Sixto Garcés Liempe, quien cuidaba una punta de animales. Faltaban dos caballos y un recado, indicó el jefe de Defensa Civil de Chubut cuando todavía existía la posibilidad de encontrarlo con vida. Días después, sus propios lamngen (hermanos, en sentido amplio) encontraron su cuerpo, su caballo y el piño de ovejas que intentó salvar del corral. En diez días terminaba el tiempo de veranada y bajaba al pueblo.

Ardió un lengal de profundo valor espiritual y reserva genética. Las tres comunidades perdieron gran parte de sus tierras de buenas pasturas naturales y gran disponibilidad de agua dulce superficial. Todavía no pudieron constatar ni cuantificar las pérdidas de ganado (ovino y bovino) porque el fuego les impedía ingresar. Los mallines secos y las raíces ardieron por debajo de la superficie. Al pisar la tierra quemada, se resquebrajaba y brotaba el fuego de las brasas. No hay calzado ni pie que lo soporte. Perros y caballos también sufrieron quemaduras. Por eso llamó la atención que el gobierno provincial diera a conocer cifras de las pérdidas y daños cuando no están completos los relevamientos.

Técnicos de organismos nacionales presentes en el lugar indicaron que las familias de la lof Rincón -en proceso de constitución- perdieron 400 ovejas, casi la totalidad de la majada; Sepúlveda ocho vacas y ocho terneros; Cañío había alcanzado a bajar sus animales. Todos perdieron las rukas que se usan los meses de verano, las que reclaman sean reconocidas como viviendas a reconstruir en el plan que anunció el gobierno nacional.

Al este de El Hoyo, trepando el extremo sur del Piltriquitrón, después de arrasar la zona urbana un frente consumió la ocupación de muchas familias de pequeños productores que convergen en la laguna Espejo. Cerca, sobre el cauce alto del Pedregoso, el fuego alcanzó el territorio de la comunidad Quilodrán mientras se desplazaba en dirección a la laguna Las Mercedes. Animales quemados se refugiaron en la costa de la laguna y tuvieron que ser sacrificados, relató Nelson Avalos, periodista que vive en esa misma zona.

Se quemó la abundante pastura natural; ya falta forraje para la hacienda rescatada. Todas estas comunidades y varios pobladores con permiso precario de ocupación tienen conflictos territoriales con la provincia, los municipios y capitales privados, por lo que el cerrojo político se agudizó en su contra, al igual que durante la última nevada grande, coincidieron numerosos testimonios recogidos. Recién esta última semana Chubut pagó aportes por pérdidas en el invierno. Tarde, poco y discrecionalmente llegaron 40.000 pesos para la gente de Vuelta del Río, que soportaron más de dos metros de nieve, y 75.000 para los de Maitén, más afines al poder local.

Megapinería

En Puerto Patriada, en la costa norte del lago Epuyén, ejido de El Hoyo, ya emerge un desierto verde de un pinar quemado hace pocos años. Crecen 2.000 plantitas de pino por metro cuadrado, haciendo casi imposible erradicar por medios mecánicos ese desierto verde que avanza sólo con las plagas. Ni un pájaro, ni un hongo, nada más vive, confirman estudios científicos. Ese horizonte ya probado le espera a buena parte de las plantaciones quemadas esta temporada.

A fines del año pasado una tormenta eléctrica originó el fuego en el área rural cercana a Loncopué (Neuquén), avisó un poblador que buscaba sus animales ahuyentados por el humo. Ardieron 760 hectáreas de la Corporación Forestal Neuquén (CORFONE), estatal. Allí se registró tormenta eléctrica de cenizas, fenómeno poco frecuente que se da en incendios de mucha severidad, precisó un investigador referente para la Patagonia.

Fuente: El Extremo Sur de la Patagonia

Desde la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco emitieron un comunicado donde establecen su postura en el marco del «Dialogo participativo por una visión del desarrollo productivo de la provincia para el futuro» donde fue invitado el rector de la institución.

En este contexto, el Honorable Consejo Superior de la UNPSJB solicitó a la Legislatura de la provincia del Chubut no avanzar en el tratamiento de la Ley sobre la zonificación minera ya que no están dadas las condiciones para un debate adecuado de los aspectos legales y técnicos.

COMUNICADO COMPLETO:

Alberto Fernández mantuvo este domingo por la noche una videoconferencia con los intendentes de Lago Puelo, Augusto Sánchez, y El Hoyo, Pol Huisman. Durante la charla, el Presidente resaltó que «el cuidado de los bosques debe ser política de Estado”. 

Este domingo por la noche, el Presidente Alberto Fernández, mantuvo una videoconferencia con los intendentes de Lago Puelo, Augusto Sánchez, y El Hoyo, Pol Huisman, zonas afectadas por los recientes incendios forestales en la Comarca Andina. Durante la charla, Fernández resaltó que «el cuidado de los bosques debe ser política de Estado”.

En un diálogo que mantuvo desde la residencia de Olivos por videoconferencia con ambos intendentes, el Presidente les transmitió la necesidad de “redimensionar» la importancia del bosque para «el planeta» tras los recientes incendios en el sur del país, y aclaró que son fundamentales «no solo para los que viven allí, no solo para los turistas que disfrutan de su belleza, sino para todo el planeta”.

En este marco, destacó que Nación tiene un «compromiso inalterable con cada vecino y cada vecina» de la zona afectada por los incendios y dejó claro que «el cuidado de los bosques debe ser una política de Estado». También dijo que es consciente de que los vecinos afectados por el fuego «la están pasando mal» y les dijo que el Gobierno Nacional está «para cumplir”.

En este sentido felicitó especialmente a los brigadistas por «el esfuerzo incalculable» que hicieron para detener el fuego y les dijo: «De corazón los abrazo”.

Por su parte, los mandatarios locales agradecieron el contacto permanente y el apoyo del Gobierno Nacional ante la devastación fruto del fuego. El Presidente les dijo que para el Gobierno Nacional la situación de las zonas afectadas “es prioritaria, como fue la de San Juan», con motivo del sismo.

«Estamos dedicados a hacer que sus vidas vuelvan a la normalidad”, completó. De la comunicación también participó el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié y el diputado nacional por Chubut, Santiago Igon.

La reunión se desarrolló en marco del Día Internacional de los Bosques, que fue establecido el 21 de marzo por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de desarrollar actividades de concientización sobre la importancia de su preservación.

Investigadoras del INIBIOMA ponen el foco en el control de especies vegetales foráneas que, con cada incendio, avanzan sobre los bosques nativos y el equilibrio de los ecosistemas. «Hay muchas plantaciones de pinos abandonadas que una vez que se prenden, el fuego adquiere tal magnitud por lo que conlleva esta alta carga de combustible» señaló Franzese en relación a los incendios recientes.

En las últimas semanas, distintas regiones de Río Negro y Chubut fueron escenario de graves incendios forestales en zonas de interfaz urbana, dejando un saldo de más de 350 viviendas destruidas, varias personas heridas y 3 muertos.

Se trata de eventos, en su mayoría intencionales, que tienen cada vez mayor frecuencia e intensidad y, dependiendo de dónde se originen, pueden tener mayor o menor poder de destrucción. Ante este escenario, investigadoras del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA-CONICET-UNCOMA) apuntan a prevenir el potencial de daño de los incendios sobre la base de tres pilares: control de especies foráneas, planificación urbana y (mucha) educación ambiental.

“Hace algún tiempo nadie percibía a los pinos como un elemento extraño del paisaje, asociado a la degradación ambiental, en la reserva de la biosfera de la región andina norpatagónica. Esto nos llevó a pensar cuán importante es tener el consenso de la gente, difundir de qué se trata esta situación ecológica para poder tomar medidas conjuntas de remediación y prevención de incendios”, adelantó la investigadora Jorgelina Franzese a la Agencia CTyS-UNLaM.

Invasión silenciosa

A la hora de pensar en la naturaleza, y en particular en el paisaje andino patagónico, pocas imágenes son tan directas y elocuentes como el pinar erigiéndose en la ladera de una montaña o en la orilla de un lago azul. A partir de ahí, resulta difícil pensar a esta especie, ícono predilecto de lo silvestre y lo invernal, como algo que, naturalmente, no debiera estar ahí.

Los pinos, especies leñosas oriundas del hemisferio norte, fueron introducidos durante el siglo XIX y, como actividad productiva forestal, en la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces, estas poblaciones de árboles, con una gran capacidad de adaptación al fuego, fueron invadiendo con su presencia en todas las direcciones, reduciendo el terreno disponible para las especies nativas.

“Muchas de estas plantaciones antiguas no fueron manejadas y quedaron como un legado del que ahora estamos viendo las consecuencias. Estas unidades de vegetación por pinos constituyen un combustible mucho más inflamable que las especies que dominan el bosque”, explicó Franzese a la Agencia CTyS-UNLaM.

Según Franzese, una vez en contacto con el fuego, esta gran cantidad de follaje disponible propaga las llamas con una extensión devastadora, a la que la vegetación nativa no puede reponerse fácilmente. Es así que, con cada incendio, los pinos le van quitando espacio al bosque nativo y su biodiversidad, extendiéndose por toda la superficie y generando más combustible aún.

“Todas las especies de pinos presentes en Argentina están, sin dudas, adaptadas a un régimen diferente de ignición que el de las especies locales. Como hay pinos que copan todo en el post fuego, intervienen directamente con la regeneración de especies nativas que pueden haber quedado en el banco de semillas, y eso cambia completamente las características del ambiente”, sumó, por su parte, la investigadora Melisa Blackhall.

En ese sentido, señalan que la competencia es feroz. Por ejemplo, en un estudio llevado adelante en la localidad de Puerto Patriada, Chubut, las investigadoras observaron la velocidad de germinación y crecimiento por año de una especie de pino frente a la del ciprés, un árbol nativo, y, mientras el primero crecía alrededor de un metro por año, el segundo apenas lograba ganar unos pocos centímetros de altura en el mismo periodo.

Actualmente, el equipo de las investigadoras estudia qué otros daños asociados a la proliferación de pinos ocurren en el ambiente. Entre otros aspectos, tratan de discernir si el pino afecta al balance hídrico de la región, al absorber y transpirar parte del agua disponible para la población local.

Preparar el terreno

Con esta información, las investigadoras resaltan que es imprescindible contar con un monitoreo de las poblaciones de pinos y su distribución, y controlar las invasiones en función de parámetros de riesgo. Por ejemplo, gestionar la propagación de especies de pinos, primero,en aquellos lugares donde hay población asentada. Así, ante la ocurrencia de un incendio, se disminuirá la posibilidad de daños graves.

“El manejo de la vegetación –amplió Blackhall- permite controlar qué tipo de comportamiento va a tener ese fuego. En las plantaciones abandonadas, las ramas llegan hasta el suelo, hay mucha hojarasca y hojas secas por todos lados que, de no ser tratada, pueden empeorar el escenario, correrse a áreas de reserva o, en el peor de los casos, trasladarse a zonas de interfaz urbana”.

“Lo que pasó ahora fue una bomba de tiempo, era lo que todo el mundo temía que pase. Por ejemplo, en cercanías de El Hoyo, en Chubut, hay muchas plantaciones de pinos abandonadas que, obviamente, no son las causas del incendio, pero que, una vez que se prenden, el fuego adquiere tal magnitud por lo que conlleva esta alta carga de combustible, su continuidad en el paisaje y la cercanía de las viviendas”, señaló Franzese en relación a los incendios recientes.

En resumen, el punto de partida y las condiciones de contexto son las que determinarán las características del fuego y su peligrosidad. Al tratarse de un problema que comprende distintos ambientes –reservas de la biósfera, plantaciones antiguas y activas, y nuevos brazos urbanos- las respuestas también deben incluir a todos los actores.

“Hay que apuntar a la consciencia colectiva y a monitorear las condiciones previas del terreno. Esto debe ser una iniciativa desde los municipios, en la que la sociedad no debe estar exenta en la toma de decisiones”, precisó Franzese, y ambas investigadoras coincidieron en que, de esa manera, se podría encontrar la respuesta más asertiva a cada contexto en función de la escala y las posibilidades técnicas y económicas disponibles.

En principio, ante un contexto de avance demográfico, de cambios en el uso de suelo y de cambio ambiental, tres facetas claves en la ocurrencia y propagación de fuegos, lo que impera es retomar la planificación urbana: hacia dónde y de qué maneras crecerán los pueblos y ciudades, y cómo será ese diálogo con el entorno.

En segundo lugar, apuntan a reducir la biomasa inflamable, y hacer una disposición segura de los desechos de poda y limpieza, tal vez, mediante su aprovechamiento para calefacción.

Por otro lado, hacer cumplir buenas prácticas productivas, que incluyan desmalezamiento, limitación de la cantidad de ejemplares por parcela y utilización de cortafuegos. Y, por último, las investigadoras hacen hincapié en la regeneración activa del bosque nativo y de las diversas especies que componen su trama.

A nivel local, las poblaciones son conscientes de la degradación ambiental que producen las invasiones de pinos, pero, según las investigadoras, todavía falta una mayor divulgación hacia afuera para que no se dé este efecto de “homogeneización biocultural”: percibir como natural un paisaje que fue construido. “Creemos que falta un trabajo de la educación ambiental para poder proteger el territorio”, concluyeron.

Fuente: Agencia CTyS-UNLaM

Tras la ruptura de relaciones que significó el desagravio público que hizo el ministro del Interior Wado de Pedro con el gobierno de Chubut, otros funcionarios de alto rango se sumaron a los cuestionamientos a la figura de Mariano Arcioni.

En su cuenta de twitter el ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié relató lo que le tocó vivir en su paso por Chubut y apuntó al gobierno de Mariano Arcioni.

«Habiendo estado presente en Chubut en la zona afectada por el fuego desde el primer momento, fue evidente sentir el malestar de vecinos, vecinas y ver las falencias para con los brigadistas provinciales quienes no cuentan con ropa ignifuga y no cobran su sueldo hace meses».

En este escenario, «previo a la llegada de Alberto Fernández, quién se trasladó a la provincia para evaluar la situación y llevar soluciones, le pedimos a Mariano Arcioni que no se hiciera presente en las actividades presidenciales para evitar disturbios. Cosa que no ocurrió», relató Cabandié.

«En los días que estuve allí, el Gobernador no se acercó a los lugares con focos activos ni estuvo para los vecinos y vecinas.

Desde el gobierno nacional seguimos trabajando de manera mancomunada para terminar con este ecocidio y reconstruir lo perdido», concluyó.