La crisis político-social en Bolivia alcanzó un nuevo punto crítico.
Una multitudinaria marcha de campesinos, mineros y trabajadores afiliados a la Central Obrera Boliviana (COB) derivó este miércoles en enfrentamientos con la Policía en el centro de La Paz, en la jornada de mayor tensión desde el inicio de las protestas que exigen la renuncia del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira.
Colapso en el centro paceño y despliegue de seguridad
La movilización, que congregó a una masiva cantidad de columnas sindicales, transformó las calles de la sede gubernamental en un escenario de batalla campal. Miles de manifestantes recorrieron cerca de cinco kilómetros desde la ciudad de El Alto hasta la sede del Gobierno e intentaron llegar a la plaza Murillo, epicentro del poder político boliviano, donde se encuentran el Palacio de Gobierno y la Asamblea Legislativa (Parlamento). Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y otros agentes disuasivos para impedir el avance de la movilización.
Durante la marcha, algunos manifestantes hicieron estallar petardos y cargas de dinamita, mientras columnas de humo se elevaron sobre distintos puntos del centro paceño. Los disturbios se produjeron en el día 41 de una crisis marcada por bloqueos de carreteras, protestas y movilizaciones que han generado problemas de abastecimiento de combustibles, alimentos, medicamentos e insumos, además de un incremento de precios en varias regiones del país.
Convocatoria federal y militarización de sedes clave
La magnitud de la convocatoria reflejó el descontento de múltiples sectores del interior del país. La marcha congregó a organizaciones campesinas de los departamentos de La Paz (oeste), Oruro (oeste) y Potosí (suroeste), así como delegaciones llegadas desde el Trópico de Cochabamba y sindicatos afiliados a la COB, entre ellos mineros, maestros rurales y trabajadores fabriles.
Ante el avance de la masa humana, el Poder Ejecutivo dispuso medidas extremas de protección. La Policía desplegó un amplio operativo en el centro de la ciudad y estableció varios anillos de seguridad alrededor de la plaza Murillo. También se observó presencia militar en las inmediaciones del Palacio de Gobierno y de la Casa Grande del Pueblo, sede del despacho presidencial.
Detenciones clave y radicalización del conflicto
El choque entre las fuerzas del orden y los manifestantes dejó un saldo de múltiples detenciones, según supo la Agencia Noticias Argentinas. Entre los aprehendidos figura Vicente Salazar, principal dirigente de la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz «Túpac Katari», una de las organizaciones que encabeza las movilizaciones.
Imágenes difundidas por medios locales mostraron al dirigente siendo trasladado por efectivos policiales bajo fuerte resguardo. Su arresto provocó reacciones inmediatas entre los manifestantes, que exigieron su liberación y denunciaron una supuesta persecución contra los líderes de la protesta.
Antes de ser detenido, Salazar aseguró que las movilizaciones cuentan con respaldo popular y reiteró la exigencia de renuncia del presidente Paz Pereira como una de las principales demandas de los sectores movilizados. Con este escenario, la nueva jornada de protestas refleja la creciente radicalización de un conflicto que comenzó a principios de mayo con reclamos relacionados con la situación económica y que posteriormente incorporó demandas políticas dirigidas contra el Gobierno.
