El consumo privado se ha posicionado como la variable con mayor incidencia en el incremento del Producto Bruto Interno (PBI) en la era Milei.
Sin embargo, esta tendencia genera controversia en el ámbito económico: mientras la medición de las cuentas nacionales del INDEC arroja variaciones positivas, los relevamientos del sector privado y los indicadores de ingresos reales reflejan un panorama diferente.
El dinamismo del PBI convive con un perfil sectorial heterogéneo. La energía, la minería, el agro y la intermediación financiera muestran cifras en alza e impulsan las exportaciones —las cuales treparon un 35,8% entre el último trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2026—. En contraste, sectores intensivos en mano de obra como la industria manufacturera y el comercio anotan caídas, lo que explica la falta de creación de empleo formal en el proceso.
Pese al peso de las ventas externas, el principal aporte al PBI provino del consumo privado, que registró un incremento del 10,6%. La singularidad del fenómeno radica en que este repunte oficial se da en un contexto de salarios reales estancados y pérdida de poder adquisitivo, afectando con fuerza al sector público y a los jubilados de la mínima.
El contraste entre los datos oficiales y el consumo masivo

Indicadores del sector privado muestran contracciones en las compras cotidianas de los hogares. Según la consultora Scentia, el consumo masivo anotó en junio su sexta caída mensual consecutiva, acumulando una baja del 2,9% en el primer semestre de 2026 frente al mismo período de 2025. En supermercados y mayoristas, los retrocesos fueron del 4,6% y 3,8%, respectivamente.

A su vez, un informe de la consultora C-P indicó que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 las ventas en supermercados cayeron un 9,1% real y en autoservicios mayoristas retrocedieron un 20,6%. Por su parte, la venta de electrodomésticos se redujo un 36,4% entre noviembre de 2023 y marzo de este año.
Las explicaciones de los especialistas: metodología y desigualdad
Para comprender la brecha entre el estimador del INDEC y los relevamientos minoristas, analistas señalan aspectos metodológicos en la construcción de las cuentas nacionales y transformaciones en los patrones de gasto.
El director de la consultora C-P, Federico Pastrana, explicó en diálogo con otro medio la naturaleza del cálculo oficial:
“La medición del consumo del PBI se calcula como un residuo (se calcula primero el resto de las variables), por lo cual no te indica el consumo real de los hogares sino lo que sobra dentro de las cuentas nacionales”, detalló Pastrana, comparando el comportamiento del indicador con la dinámica observada en la década de 1990.
Asimismo, el economista coincidió en que los datos reflejan modificaciones en la estructura de ingresos:
“Es indudable que hay un cambio en la distribución del ingreso y que eso pega sobre los patrones de consumo”, agregó el director de C-P.
Por su parte, el director del área de economía de FUNDAR, Guido Zack, profundizó en cómo se compone el promedio del consumo dentro del PBI:
“Si el consumo de leche cae, el consumo total puede crecer, por ejemplo, porque aumenta el consumo de autos importados o viajes. Eso refleja una mayor desigualdad, en donde los estratos sociales más beneficiados son aquellos de mayores ingresos, que incrementan su capacidad para consumir”, ejemplificó Zack.
De este modo, el especialista sostuvo que la variable muestra «una economía dividida en dos», donde los sectores de altos ingresos traccionan el número agregado.
A estas visiones se suma el análisis del Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), entidad que advirtió que la metodología del INDEC computa el denominado «gasto obligado». Bajo este criterio, incrementos en tarifas de servicios públicos, alquileres o medicina prepaga se registran como mayor nivel de consumo en la contabilidad nacional, independientemente de la evolución en el bienestar de la población.
