En una jornada épica disputada en el Estadio Único Madre de Ciudades de Santiago del Estero, Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional 2026 al revertir el marcador y vencer por 3-1 a Estudiantes de La Plata, en una final marcada por el brillo individual de Ángel Di María y un desenlace vibrante.
El encuentro comenzó de la manera más electrizante posible. Al minuto de juego, Alexis «Pucho» Castro abrió el marcador para Estudiantes tras una asistencia impecable de Guido Carrillo, sorprendiendo a la defensa canalla.
Sin embargo, el trámite del primer tiempo fue sumamente accidentado para el equipo dirigido por Alexander Medina. A los 11 minutos, Gabriel Neves debió abandonar el campo por una impactante lesión, cediendo su lugar a Jalil Elías. Increíblemente, Elías también sufrió una molestia física y fue amonestado a los 16 minutos, debiendo ser reemplazado apenas dos minutos después por Fabricio Pérez.
La magia de Di María dio vuelta la historia
A pesar del golpe inicial, Rosario Central tomó la iniciativa de la mano de su capitán Ángel Di María. A los 22 minutos de la primera etapa, el astro rosarino ejecutó un majestuoso tiro libre que venció a Fernando Muslera para establecer el empate 1-1.
La remontada se consolidó antes del descanso. A los 52 minutos, tras un chequeo del VAR por una falta de Eros Mancuso sobre Di María, el árbitro Darío Herrera sancionó penal. A los 56 minutos, el propio «Fideo» ejecutó desde los doce pasos y mandó la pelota al fondo de la red para el 2-1 parcial.
Resistencia Canalla y sentencia en el final
En el complemento, Estudiantes intentó reaccionar refrescando el ataque con las entradas de Adolfo Gaich y Lucas Alario, pero chocó constantemente contra el bloque defensivo de Central liderado por Gastón Ávila e Ignacio Ovando.
Sobre el cierre, cuando el Pincha empujaba con saques de esquina, Rosario Central liquidó el pleito de contra. A los 50 minutos del segundo tiempo, Julián Fernández (quien había ingresado por Agustín Sández) concretó una rápida jugada y marcó el 3-1 definitivo, desatando la locura auriazul y recibiendo la tarjeta amarilla por quitarse la camiseta en el festejo.
