En una noche vibrante y cargada de dramatismo disputada en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional 2026 tras derrotar por 3-1 a Estudiantes de La Plata.
El encuentro comenzó favorable para el conjunto platense, que logró romper el cero al minuto de juego gracias al tanto de Alexis «Pucho» Castro. Sin embargo, la alegría inicial para el equipo dirigido por Alexander Medina se transformó rápidamente en una verdadera pesadilla física durante la primera etapa.
A los pocos minutos del pitazo inicial, el uruguayo Gabriel Neves sufrió la aparente fractura de su muñeca tras caer violentamente en una disputa en mitad de cancha, retirándose del campo inmediatamente en ambulancia. En su lugar ingresó Jalil Elías, quien insólitamente duró solo ocho minutos en cancha: tras intentar cortar una contra rosarina, sufrió una molestia que lo obligó a pedir el cambio. Esta doble desgracia obligó al entrenador a quemar dos ventanas de sustituciones en apenas 18 minutos. Para colmo de males, en el complemento también debió ser reemplazado Guido Carrillo por molestias físicas a los 20 minutos, lo que enciende todas las alarmas en el Pincha de cara a sus próximos compromisos por cuartos de final de Copa Argentina y semifinales de Copa Libertadores.
La magia de Di María, la polémica del VAR y un final a puros puños
El conjunto rosarino supo capitalizar el desconcierto de su rival de la mano de su gran figura, Ángel Di María. El «Fideo» frotó la lámpara y estampó un golazo magistral de tiro libre para decretar el empate. Cerca del cierre de la primera mitad, una controvertida infracción sancionada a instancias del VAR le otorgó un penal al Canalla, el cual Di María transformó en gol para dar vuelta la historia.
El cierre de la definición fue absolutamente caótico. En la última jugada de la noche, con el arquero Fernando Muslera lanzado al ataque en busca del empate agónico, Central recuperó el balón de contraataque y Julián Fernández empujó la pelota a la red para sentenciar el 3-1 definitivo. La celebración desató un escandaloso encontronazo entre los futbolistas de ambos planteles y derivó en un tremendo tumulto. El clima alcanzó su punto de máxima tensión con el posterior ingreso al campo de juego de Juan Sebastián Verón para increpar de manera directa al árbitro principal, Darío Herrera. Pese a los incidentes, la escuadra de Arroyito alzó el trofeo continental e inscribió su nombre junto al de Racing, Talleres y Vélez en el historial de campeones del certamen.
