El disparo del 637,9% en alquileres y servicios sepultó el sueño de la casa propia para menores de 30 años en Argentina.
El anhelo de lograr la autonomía habitacional y dejar el hogar familiar se convirtió en una meta prácticamente inalcanzable para la juventud argentina.
La dura crisis habitacional que trunca la independencia de miles de jóvenes
Un revelador informe elaborado por la consultora económica Analytica expuso que la proporción de jóvenes de entre 18 y 29 años que logran residir en una vivienda propia y autónoma cayó en picada al 23,3%. Esta asfixiante coyuntura financiera obligó a más de 140.000 jóvenes a dar marcha atrás en sus proyectos de independencia, teniendo que regresar a la casa de sus padres o postergar indefinidamente sus mudanzas debido a los bajos ingresos y los desorbitantes costos locativos.
El detonante central de este fenómeno responde al severo desfasaje entre la inflación general y la canasta específica que requiere un joven para vivir solo, la cual acumuló un aumento del 387,9% desde noviembre de 2023. Esta suba estuvo traccionada principalmente por el rubro «Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles», que sufrió un disparo del 637,9% en el mismo período. Mientras que para una familia promedio el gasto en servicios y alquiler representa el 13,5% de sus ingresos, para un joven independiente absorbe el 26,6% de su presupuesto mensual. Las historias de vida reflejan un ajuste dramático en el consumo básico:
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Vanesa Gutiérrez (27 años, estudiante de medicina): Pagaba $610.000 de alquiler y $250.000 de expensas en el barrio porteño de Caballito. Para sostenerse debió recortar salidas, modificar radicalmente su dieta reemplazando la carne por proteína vegetal y finalmente recurrir al sostén familiar para sobrevivir.
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Ludmila (23 años, secretaria odontológica): Debió rescindir su contrato en Palermo y regresar al departamento de su madre en Almagro porque su sueldo no le alcanzaba para llegar a mitad de mes.
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Fernando (docente de inglés y administrativo de Morón): Pese a contar con dos empleos formales, sus ingresos no le permiten afrontar un alquiler. «Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular», lamentó al comparar su situación con la de generaciones anteriores.
Precarización laboral, morosidad en aumento y un fenómeno que alcanza a 2,5 millones de adultos
El obstáculo para la emancipación no se limita únicamente a los altos precios inmobiliarios, sino que está profundamente arraigado en la precarización del mercado de trabajo. La tasa de desempleo entre los menores de 30 años trepó al 15%, y entre aquellos que logran insertarse laboralmente, la informalidad es la norma: apenas el 38,3% cuenta con un trabajo registrado, lo que representa una caída de 5,3 puntos porcentuales en el último año. Asimismo, el salario real de los jóvenes formales cayó un 9,1% desde 2023, mientras que los trabajadores independientes o cuentapropistas perciben un 51,4% menos que un asalariado formal de su misma franja etaria.
Esta vulnerabilidad económica se traslada directamente al sistema bancario. Según estadísticas del Banco Central recopiladas por Analytica, el 39,1% de los deudores financieros de entre 18 y 30 años registra atrasos o morosidad en sus pagos, superando con creces la media general del sistema (28,3%). En el sector inmobiliario, empresarios afirman que hoy es casi imposible alquilar a personas solas y que los jóvenes deben resignar ubicación, metraje y comodidades. El drama trasciende la primera juventud: datos del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA) basados en la EPH del INDEC revelan que el 37% de los adultos de entre 25 y 35 años —equivalente a 2,5 millones de personas— continúa viviendo con sus padres por pura imposibilidad financiera.
