La gran ilusión patagónica y la llegada del primer avión
A principios de octubre de 1915, la Patagonia vivió una expectativa inigualable. En el marco de los festejos de la Sociedad Española Socorro Mutuo y del cincuentenario de la llegada de los colonos galeses, la región se preparaba para presenciar una hazaña tecnológica sin precedentes: el primer intento de vuelo en los cielos de Trelew.
La iniciativa fue impulsada por la Comisión Directiva y una subcomisión de fiestas liderada por el doctor José María Borrero. Para concretarlo, la sede española en Buenos Aires facilitó el aeroplano, mientras que José Menéndez gestionó el traslado gratuito en el vapor «Asturiano» hasta Puerto Madryn. El piloto Francisco Sánchez arribó con la misión de deslumbrar a los vecinos, cobrando una entrada de 2 pesos en una chacra cercana a Madryn, antes de enfilar hacia Trelew para una exhibición que prometía hacer historia.
El primer choque: postes y hélices rotas en pleno centro
El sueño aeronáutico comenzó a torcerse por culpa de los impiadosos vientos patagónicos. Tras una postergación inicial de tres horas, el nuevo intento se concretó el domingo 17 de octubre por la mañana en plena zona céntrica, sobre las calles Belgrano y J. A. Roca.
En plena maniobra, la máquina se desvió violentamente e impactó contra los alambres de un poste telefónico. El choque destrozó una de las hélices, obligando a frenar las actividades y a solicitar un repuesto directamente desde Buenos Aires. Lejos de abandonar, el intrépido piloto decidió redoblar la apuesta para cumplir con los pobladores que habían depositado todas sus expectativas en el evento.
El segundo accidente fatal que destruyó la aeronave por completo
Tras recibir los arreglos necesarios, el histórico aeroplano volvió a pisar la pista improvisada la tarde del 11 de noviembre de 1915. Nuevamente, el viento se alzó como el peor enemigo de la travesía.
Ante una muchedumbre expectante, Sánchez aceleró con fuerza, pero el aparato apenas logró elevarse unos metros antes de perder el control de forma estrepitosa. La aeronave se precipitó violentamente contra unas matas del campo, quedando totalmente destruida. Milagrosamente, el piloto salió completamente ileso, aunque el siniestro marcó el final absoluto de la exhibición. Pese a la frustración y la pérdida del aparato, los festejos de la colectividad española concluyeron con kermesses y fuegos artificiales, dejando grabada para siempre esta olvidada y accidentada aventura en los cielos patagónicos rescatada también en el libro Trelew: un desafío patagónico Tomo II de Matthew Henry Jones.


