Un nuevo Superclásico del fútbol argentino quedó envuelto en una densa nube de sospechas y máxima tensión.
Si bien el marcador decretó la victoria del Xeneize por la mínima diferencia en una Bombonera colmada, el verdadero centro de atención no pasó por el césped, sino por una serie de polémicas decisiones arbitrales que desataron la furia en la vereda de enfrente. Con expulsiones condicionadas, agarrones ignorados y un VAR que actuó con lupa selectiva, el arbitraje quedó en el ojo del huracán.
Arbitraje bajo la lupa: la expulsión de Martínez Quarta y el caso Paredes
El encuentro correspondiente al Torneo Clausura comenzó a encenderse desde el arranque mismo de las acciones. La primera gran controversia se desató cuando Nicolás Ramírez sancionó la falta y expulsó a Lucas Martínez Quarta tras la revisión del VAR a cargo de Silvio Trucco, luego de que el defensor de River sujetara a Miguel Merentiel en una acción de gol manifiesta, dejando a la visita con diez futbolistas de manera prematura.
Sin embargo, la temperatura aumentó en el complemento cuando Leandro Paredes ya amonestado previamente cometió una dura infracción sobre Tomás Galván. Aunque los jugadores millonarios reclamaron airadamente la segunda tarjeta amarilla y la consiguiente expulsión del mediocampista local, el juez principal decidió otorgar solo el tiro libre, desatando el primer gran reclamo por desigualdad de criterio, entendiendo que el protocolo del VAR no contempla intervenir en esta clase de amonestaciones.
Penales no cobrados, agarrones en el área y la polémica roja a Montiel
El clímax de la controversia se trasladó al área de Boca durante un tiro de esquina favorable a River. En dicha jugada, Nicolás Otamendi fue claramente sujetado de la camiseta por Lautaro Di Lollo, impidiéndole disputar el balón. Pese a los intensos reclamos por penal infracción que además debió derivar en la segunda amarilla para el defensor local, ni el árbitro principal sancionó la falta ni el VAR convocó a revisión, generando un contraste insólito frente a las jugadas que sí fueron penalizadas.
Para colmo, la lupa también recayó sobre la jugada previa del único gol del partido, donde se cuestionó si el propio Di Lollo ejerció un agarrón para deshacerse de su marca antes de conectar el cabezazo goleador. La tensión escaló definitivamente con la expulsión de Gonzalo Montiel por una falta sobre Lautaro Blanco, sanción ratificada por el videoarbitraje pero muy resistida por el Millonario debido a la diferencia de criterio en una jugada previa donde Blanco solo había visto la amarilla tras una dura entrada.
Un resultado indiscutible pero un debate arbitral que no cesa
Boca se quedó con los tres puntos y celebró ante su gente una victoria clásica de alto voltaje, pero el rendimiento de los jueces dejó secuelas profundas en el análisis futbolístico. La utilización dispar de la tecnología y la disparidad de criterios en jugadas determinantes volvieron a poner sobre la mesa la imperiosa necesidad de transparencia en el fútbol argentino.
El VAR llegó para erradicar las dudas y impartir justicia, pero en esta ocasión dejó más interrogantes que certezas sobre cuándo decide intervenir y cuándo opta por mirar hacia otro lado. El ganador festejó, pero el arbitraje volvió a ganar el centro de la escena.
