Mientras los incendios vuelven a encender la Patagonia, un documento explosivo revela que los brigadistas combaten el fuego con sueldos de pobreza, con la salud en riesgo y, en algunos casos, hasta deben coser sus propios uniformes.
Según ADNSUR pone bajo la lupa la situación de los brigadistas nacionales y provinciales que hoy luchan contra las llamas en Chubut. Las imágenes de los recibos de sueldo son elocuentes: un brigadista nacional con tres años de antigüedad cobra un neto de $928.140, mientras que la canasta básica familiar en la Patagonia supera los $1.350.000.
Es decir, trabajan con un salario un 40% por debajo de la línea de pobreza. La realidad no es mejor para los provinciales: aunque sus haberes nominales rondan el millón y medio, una parte significativa está compuesta por sumas no remunerativas que no impactan en su futura jubilación. El detalle más indignante: el ítem por «Presentismo» aparece valorado en apenas $375 pesos, menos que un alfajor, y el de «Tareas Riesgosas» se paga $173.583.
La evidencia científica: un riesgo de cáncer que el Estado no reconoce
La precariedad no es solo salarial. En 2022, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, publicó su Monografía Vol. 132, donde reclasificó la exposición profesional de los bomberos y combatientes forestales al Grupo 1: es decir, existe evidencia suficiente de que la tarea puede causar cáncer (mesotelioma y cáncer de vejiga), colocándola en la misma categoría de peligrosidad que la exposición al asbesto o la radiación.
Mientras países como Canadá y Estados Unidos aplican leyes de «presunción» que asumen automáticamente que la enfermedad de un brigadista es producto de su trabajo, en Argentina el sistema previsional «pretende que un combatiente opere motosierras en laderas escarpadas hasta los 65 años», explica el brigadista nacional Emmanuel Pelletieri. El reclamo central es un régimen diferencial que permita el retiro a los 55 años, con reconocimiento de los riesgos a los que están expuestos.
La «fuerza de élite» que cose su ropa y combate sin linternas
La crisis operativa es estremecedora. En la Brigada Nacional Sur, considerada la «fuerza especial» del país, hace tres años que no se entrega indumentaria ignífuga nueva. El documento de ADNSUR detalla que los brigadistas deben coser y remendar en sus casas los uniformes desgastados y vencidos, una práctica que transforma la costura doméstica en una precaria medida de seguridad.
En el ámbito provincial de Chubut, la falta de equipamiento se vuelve crítica en plena emergencia. Durante los combates nocturnos en la cordillera, fundamentales para atacar el fuego con temperaturas más bajas, los brigadistas debieron realizar operaciones sin el equipamiento lumínico adecuado. «Estás con una motosierra, de noche y con fuego al lado. El riesgo se multiplica», denuncia un combatiente anónimo. También se usan mochilas de agua con más de diez años de antigüedad y se reportan fallas en la calidad de la ropa provista.
La indignante paradoja de quienes «salvan vidas» pero no cubren sus gastos
Esta realidad contrasta brutalmente con los discursos oficiales que exaltan el «heroísmo» de los combatientes. «Hoy somos los peores pagos», sentencia Pelletieri, quien señala que un jefe de la Brigada Nacional, una fuerza de élite, cobra casi lo mismo que un combatiente ingresante provincial. La brecha entre la exigencia operativa de alto riesgo y el reconocimiento económico y social es abismal.
El documento periodístico deja en evidencia un sistema que «tiene cautivos de la emergencia» a los brigadistas en verano y luego olvida sus demandas durante el invierno. Más allá de las emergencias ígneas, la denuncia expone una deuda de fondo del Estado: reconocer como corresponde la peligrosidad extrema de una profesión vital, equiparla como corresponde y pagar salarios que, al menos, superen la línea de pobreza de la región por la que arriesgan su vida.




