En un anuncio de gran alcance geopolítico y económico, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este viernes que su gobierno decidirá qué empresas petroleras podrán operar en Venezuela, actuando como intermediario directo con Caracas.
Durante una reunión en la Casa Blanca con más de una veintena de ejecutivos del sector, Trump aseguró que las compañías «están negociando con nosotros directamente, no con Venezuela en absoluto», prometiendo a cambio «seguridad total» para sus inversiones, algo que históricamente ha sido una barrera clave.
Según DW, el mandatario proyectó inversiones por 100.000 millones de dólares para reactivar la industria petrolera venezolana, aunque ejecutivos del sector han mostrado escepticismo.
Un nuevo modelo: Washington como intermediario exclusivo y garante de seguridad
El plan presentado por Trump marca un cambio radical en el enfoque tradicional. «Vamos a tomar la decisión sobre qué petroleras van a entrar, vamos a cerrar el acuerdo», afirmó con contundencia. Su mensaje a los empresarios fue claro: deben negociar únicamente con el gobierno estadounidense, no con las autoridades venezolanas.
Este modelo busca superar uno de los principales obstáculos que por décadas ha frenado las inversiones: la falta de garantías jurídicas y de seguridad en un país con un historial de nacionalizaciones, como ocurrió en 2007 bajo Hugo Chávez. Trump prometió proveer «seguridad gubernamental» para proteger el capital privado, argumentando que es la garantía que necesitan para regresar.
Un gigante dormido y el escepticismo de la industria
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su producción se ha desplomado tras años de sanciones, mala gestión y falta de inversión. Actualmente, la única petrolera estadounidense con operaciones activas es Chevron, que cuenta con una licencia especial del Departamento del Tesoro. El encuentro en la Casa Blanca incluyó a pesos pesados como ExxonMobil, ConocoPhillips y la española Repsol.
Sin embargo, pese al optimismo oficial, fuentes de la industria citadas por DW revelan un profundo escepticismo. Los ejecutivos dudan debido a la persistente incertidumbre política del país, el recuerdo de las expropiaciones y los bajos precios del crudo, factores que hacen riesgosa una inversión de tal magnitud, aun con las garantías prometidas por Washington.
El anuncio de Trump dibuja un escenario ambicioso donde Estados Unidos asume un papel de gestor directo de la reconstrucción petrolera venezolana, aislando técnicamente al gobierno de Caracas de las negociaciones comerciales. Sin embargo, el éxito de este plan de 100.000 millones de dólares dependerá no solo de la voluntad política de Washington, sino de la capacidad para convencer a un sector privado históricamente cauteloso y de superar las profundas complejidades internas de un país en crisis.




