En una noche cargada de emoción, trabajo colectivo y orgullo local, la ciudad de Esquel logró lo impensado: cocinar la empanada más grande del mundo. El evento, que reunió a chefs, familias y estudiantes, no solo marcó un récord, sino que dejó una huella imborrable en la comunidad.
La hazaña tuvo lugar en la Sociedad Rural de Esquel, donde una multitud fue testigo de una creación única que superó ampliamente la marca mundial.
Un récord histórico con sabor patagónico
La protagonista de la noche fue una empanada de carne cortada a cuchillo, elaborada con una sola pieza de masa y rellena con carne vacuna, respetando la receta tradicional.
El resultado fue impactante: un peso aproximado de 26 kilos, superando en más de 10 kilos el récord anterior a nivel mundial.
La iniciativa fue impulsada por Claudio Jaramillo y Jeidi Castro, del espacio “Baruch”, quienes encabezaron este desafío culinario que combinó técnica, pasión y creatividad.
Trabajo en equipo y emoción colectiva
Detrás de este logro hubo mucho más que una receta. La experiencia reunió a un amplio grupo de personas que aportaron su conocimiento y entusiasmo.
Entre los participantes se destacaron chefs de trayectoria como Luis Núñez, Federico Domínguez Fontán, Aníbal Ramírez, Selva Rodríguez y Maximiliano Mieres, entre otros.
También formaron parte los estudiantes de la Escuela Cacique Inacayal, quienes tuvieron la oportunidad de aprender y compartir junto a profesionales, en una jornada que combinó formación y celebración.
El clima fue de camaradería y orgullo, con abrazos, aplausos y la sensación de estar viviendo un momento irrepetible.
Mucho más que una empanada: un símbolo para Esquel
Más allá del récord, el evento dejó un mensaje claro: la fuerza del trabajo colectivo y la identidad cultural pueden generar hechos extraordinarios.
“Me gusta grabar estos momentos porque son únicos e irrepetibles. Anoche no solo nació un récord, también un recuerdo enorme para Esquel”, expresaron durante la jornada.
La empanada gigante se convirtió así en un símbolo de la ciudad, destacando su gastronomía y su capacidad de generar eventos que trascienden lo local.
Esquel logró mucho más que batir un récord: consolidó un momento de unión, identidad y celebración que quedará en la memoria colectiva. La empanada más grande del mundo no solo alimentó a los presentes, sino también el orgullo de toda una ciudad.
