La firma del demorado acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur llega en un momento crítico para el sector manufacturero argentino, el rubro más afectado por la política económica libertaria. En este contexto recesivo, el Gobierno apunta todos sus cañones al proyecto de flexibilización, que implica un retroceso en los derechos de los trabajadores.
Luego de cantar junto al Chaqueño Palavecino en el Festival de Jesús María y antes de viajar a Davos, el presidente Javier Milei estuvo en Asunción del Paraguay, donde firmó el demorado acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur por el que se eliminarían el 90% de los aranceles vigentes entre ambos bloques.
El tratado, celebrado en las dos regiones, tiene resistencia en distintos sectores de ambos bloques. En Europa, fueron los productores agropecuarios los más reticentes. Por eso, Francia, Irlanda y Polonia encabezaron las objeciones. En nuestra región, son los industriales los más preocupados. A pesar de que nuestro país es complementario con la economía del viejo continente, el acuerdo llega en un momento crítico del sector manufacturero vernáculo, el rubro más afectado por la política económica de Milei. De acuerdo con C5N.
En lo que respecta a la actividad industrial, los números reflejaron en noviembre el peor desempeño del 2025, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). De acuerdo con el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI), el nivel general presentó una caída interanual del 8,7% y profundizó una tendencia negativa que se observó a lo largo de todo el año. En este contexto, la noticia de apertura irrestricta a otros mercados es peligrosa.
Según el mismo INDEC, entre enero y noviembre de 2025 Argentina registró un déficit comercial con los países de la Unión Europea de u$s1.703 millones. Esto se dio ya que las importaciones representaron unos u$s9.624 millones y superaron a las exportaciones, que fueron de u$s7.921 millones. Lo preocupante del nuevo acuerdo es que Alemania, país con el cual tenemos la balanza más desfavorable, es uno de sus principales impulsores. Justamente, entre los que más se oponen figuran los ya mencionados Polonia e Irlanda, con los cuales Argentina goza de una balanza sumamente favorable.
Contrariamente a lo que dice el Presidente, el plan económico libertario ya provocó la pérdida de más de 270 mil empleos registrados, sobre todo en construcción e industria. Los retrocesos son superiores al 0,5% mensual. Si se compara con noviembre de 2023, la industria acumula una caída del 4,7% y la construcción del 15,1%, una sangría que explica buena parte del derrumbe del empleo formal.
Dentro de la industria, el panorama es particularmente crítico. En los últimos dos años se perdieron más de 60.000 puestos de trabajo registrados. La única rama que logró sostenerse fue alimentos y bebidas, mientras que el resto presenta caídas que en algunos casos alcanzan el 15%, como ocurre con la industria textil. La pérdida de empleo industrial aparece así como uno de los rasgos más alarmantes del actual modelo económico y la apertura indiscriminada de importaciones empeora la tendencia. Los sectores exportadores vinculados al agronegocio y la minería celebran el acuerdo, pero eso también tiene límites. Hoy, son la India y China, junto con otros países asiáticos, los mayores compradores de nuestros productos.
En este contexto recesivo, el Gobierno apunta todos sus cañones a la aprobación de la reforma laboral, un proyecto de flexibilización profunda y de retroceso en los derechos de los trabajadores. La excusa es que menores obligaciones patronales alentarán la creación del empleo de calidad que hace mucho que no se genera en el país. Los especialistas indican lo contrario. En medio de un proceso de destrucción de empleo, leyes como la que promueve el Gobierno solo generan más precarización y pérdida de puestos de trabajo.
El viernes hubo en la Casa Rosada una reunión de la mesa política en la que se sopesaron positivamente las posibilidades de aprobación del proyecto en el Senado. La nueva mesa política del Gobierno se encontró para diseñar la estrategia que le permita conseguir el apoyo de los gobernadores para sacar la reforma laboral, y encontró rápidamente la respuesta: la eliminación del capítulo de ganancias que les recorta un billón y medio de pesos a las provincias.
Estuvieron Santiago Caputo, Diego Santilli, Manuel Adorni, Lule Menem, Patricia Bullrich y Martín Menem. También participó Luis Caputo, con el que se discutió la posibilidad de eliminar el capítulo de ganancias que les recorta un billón y medio de pesos a las provincias, condición que implicaría perder el apoyo de buena parte de los gobernadores. Si el capítulo se elimina, lo más probable es que el oficialismo tenga el número en la Cámara Alta para avanzar en una nueva expoliación de las condiciones de vida de los trabajadores de la Argentina.
Pero otras complicaciones han surgido. Por un lado, la interna dentro de la Confederación General del Trabajo se reavivó en las últimas horas cuando el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica, Abel Furlán, convocó a un encuentro para decidir un paro con movilización en febrero. Furlán sostiene la teoría de que solo la presencia en las calles frenará la reforma, mientras otros miembros de la CGT creen que mediante el diálogo, que se iniciará la semana que viene, pueden conseguir cambios que hagan menos dañina a la ley.
Por otra parte, y de modo inesperado, tres cámaras patronales manifestaron su rechazo a una parte del proyecto oficial de reforma laboral. Se trata de la Cámara de Comercio (CAC) y la Confederación de la Mediana Empresa (CAME), acompañadas de la mayor organización de fábricas metalúrgicas (Adimra). Las principales razones para oponerse a la ley se deben a la eventualidad de la caída de la vigencia de aportes especiales que financian sus actividades gremiales, así como la pérdida de representatividad a expensas de unidades de negociación de menor nivel. No parece casual que tanto la UOM como los empresarios mercantiles e industriales metalúrgicos sean los principales opositores a la ley, por lo que decíamos al principio: son los sectores más perjudicados por el modelo que llevan adelante Javier Milei, Federico Sturzenegger y Luis Caputo.




