Comodoro: Miles de pozos petroleros condicionan el suelo urbano.
Los recientes desplazamientos de terreno registrados en distintos sectores de Comodoro Rivadavia han vuelto a encender las alarmas sobre una problemática estructural que la ciudad arrastra hace más de un siglo. Bajo el pavimento de barrios consolidados y zonas en plena expansión, yace un entramado invisible de más de 2.500 pozos petroleros activos, inactivos y abandonados. Esta herencia de la industria hidrocarburífera no solo limita el crecimiento poblacional, sino que representa un factor de riesgo constante para la seguridad de miles de habitantes.
Un subsuelo perforado por un siglo de explotación
La realidad geológica de la ciudad está marcada por perforaciones diseminadas a lo largo de todo el ejido municipal. Muchas de estas instalaciones nunca fueron selladas correctamente ni registradas de forma oficial, lo que genera un mapa de incertidumbre para el planeamiento urbano. Según La17, el crecimiento demográfico ha chocado sistemáticamente contra estos límites invisibles, resultando en barrios donde las viviendas conviven con antiguas locaciones petroleras, muchas veces sin la señalización adecuada ni información precisa sobre los pasivos ambientales que subyacen.
Riesgos sanitarios y el antecedente de la Escuela 169
La falta de un relevamiento definitivo del subsuelo ha llevado a situaciones críticas donde edificios públicos fueron erigidos sobre antiguos pozos. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la Escuela 169, donde la filtración de gas natural en aulas y galerías provocó síntomas de intoxicación en alumnos y docentes. Este episodio puso de manifiesto que los pozos mal sellados pueden generar emanaciones peligrosas y riesgos de explosión en espacios cerrados, exponiendo la fragilidad de las construcciones levantadas sobre áreas de explotación histórica.
La deuda del saneamiento y el mapa inconcluso
A pesar de que en 2008 se intentó confeccionar un mapa digital de pozos dentro del ejido urbano, el proyecto quedó inconcluso, dejando a la ciudad sin una herramienta clave para la toma de decisiones. En sectores como Laprida o el barrio Fontana, las perforaciones han impedido el aprovechamiento de terrenos aptos para viviendas sociales. Dirigentes vecinales sostienen que el costo del saneamiento debería estar integrado en la rentabilidad petrolera, ya que las perforaciones que superan los 600 metros de profundidad requieren una complejidad técnica y financiera que el Estado municipal no puede afrontar en soledad.




