En un contexto de creciente tensión internacional, el gobierno español anunció dos acciones diplomáticas clave este martes 13 de enero.
Por un lado, el régimen de Venezuela, liderado por Delcy Rodríguez, liberó a otros tres presos con nacionalidad española, un proceso que se inició tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Por otro, el gobierno de Pedro Sánchez convocó al embajador de Irán para condenar enérgicamente la represión de las protestas en ese país, uniéndose así a la presión internacional que incluye nuevas sanciones económicas estadounidenses. Según DW.
El ministro de Relaciones Exteriores español, José Manuel Albares, calificó las liberaciones en Venezuela como un paso «muy positivo». Se trata de ciudadanos con doble nacionalidad (española y venezolana); uno decidió permanecer en el país y otro regresará a España.
Con estos, ya son ocho los españoles liberados por el gobierno venezolano en este proceso, según cifras oficiales españolas. Organizaciones de derechos humanos estiman que en Venezuela aún hay entre 800 y 1.200 presos políticos, y el Foro Penal ha confirmado la excarcelación de más de 50 personas desde que comenzó este ciclo.
La respuesta de España y la UE ante la represión en Irán
De manera paralela, España ha intensificado su postura frente a la crisis en Irán. El ministro Albares convocó al embajador iraní en Madrid para expresar la «enérgica condena» del gobierno español a la represión de las protestas, que según organizaciones no gubernamentales ha causado cientos de muertos.
En la reunión, España exigió a Irán que respete el derecho a la manifestación pacífica, la libertad de expresión, restablezca las comunicaciones e internet y cese las detenciones arbitrarias, poniendo un énfasis especial en los derechos de las mujeres. Con esta acción, España se suma a otros países europeos como Finlandia, Bélgica y la República Checa, que también han convocado a los embajadores iraníes en una muestra de rechazo coordinado. La presión dentro de la Unión Europea para imponer sanciones más duras, como la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) como organización terrorista, está ganando fuerza.
El escenario global: sanciones de EE.UU. y amenazas militares
Esta presión diplomática europea se produce en medio de una escalada significativa por parte de Estados Unidos. El presidente Donald Trump anunció la imposición inmediata de aranceles del 25% a cualquier país que haga negocios con Irán, una medida con la que busca aumentar la presión económica sobre el régimen.
Además, la administración Trump está considerando seriamente opciones militares contra Irán, incluyendo posibles ataques aéreos relámpago, para apoyar a los manifestantes y responder a la represión. Trump ha declarado que «no tiene miedo de usar la fuerza militar en Irán» y su equipo de seguridad nacional le ha presentado distintas alternativas, aunque algunos asesores, como el vicepresidente J.D. Vance, instan a agotar primero la vía diplomática. Esta postura envalentonada sigue a la reciente operación militar en Venezuela, lo que ha generado advertencias de represalias por parte de Teherán en caso de un ataque.
El anuncio de las liberaciones en Venezuela y la firme postura contra Irán marcan un día de activa diplomacia para España. Mientras busca avances humanitarios en un país, endurece su crítica a las violaciones de derechos humanos en otro, alineándose con socios clave en un momento de gran volatilidad internacional. Los próximos días serán cruciales para ver si la presión diplomática y económica logra modificar la conducta del gobierno iraní o si, por el contrario, la región se encamina hacia una confrontación más amplia.




