La salud de los más pequeños genera preocupación en las autoridades sanitarias tras conocerse los datos del último Boletín Epidemiológico Nacional
Argentina ha registrado un incremento sostenido en los diagnósticos de botulismo del lactante, una enfermedad poco frecuente pero potencialmente grave que afecta el sistema nervioso de los bebés. Entre 2019 y finales de 2025, el país confirmó más de 200 casos, marcando una tendencia que obliga a reforzar la prevención en el hogar.
Las cifras de una tendencia en ascenso
De acuerdo con el informe epidemiológico, en el periodo comprendido entre el 1° de enero de 2019 y el 31 de diciembre de 2025, se confirmaron un total de 211 casos de botulismo del lactante en el país. Lo que más alarma a los especialistas es la curva ascendente registrada en los últimos años: mientras que en 2023 hubo 37 casos, la cifra trepó a 44 durante el 2025.
Según la información detallada por El Destape, la distribución geográfica muestra que el 80% de los afectados se concentra en las regiones Centro (30%), Sur (28%) y Cuyo (21%). El dato más sensible es que la inmensa mayoría de los pacientes son niños menores de un año, con una edad promedio de apenas 17 semanas de vida. Afortunadamente, a pesar del aumento de diagnósticos, no se han reportado víctimas fatales en el periodo analizado.
¿Qué es el botulismo y cómo se transmite?
El botulismo es una afección paralizante provocada por las neurotoxinas de la bacteria Clostridium botulinum. Este microorganismo habita de forma natural en los suelos y sedimentos. En el caso específico de los lactantes, la enfermedad se produce por la ingesta de esporas que germinan en el intestino del bebé —todavía inmaduro— y liberan toxinas que afectan directamente al sistema nervioso.
Existen tres variantes principales de la enfermedad:
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Alimentario: Por consumo de conservas o alimentos contaminados.
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Por heridas: Ingreso de la bacteria a través de lesiones en la piel.
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Del lactante: Por la ingestión de esporas ambientales (frecuentemente asociadas al consumo de miel o exposición a polvillo ambiental).
Síntomas y señales de alerta para padres
Identificar a tiempo la enfermedad es clave para un tratamiento exitoso. A diferencia de otras infecciones, el botulismo no produce fiebre ni pérdida de consciencia, lo que a veces puede confundir el diagnóstico inicial.
Los síntomas a los que se debe prestar especial atención incluyen fatiga intensa, debilidad muscular generalizada, dificultad para tragar o hablar, visión borrosa y una marcada debilidad en el cuello y los brazos. En los bebés, se manifiesta frecuentemente con llanto débil, falta de apetito y constipación. Ante cualquiera de estas señales, se recomienda la consulta inmediata con un centro de salud.




