Fractura en la CGT: gremios duros buscan recrear el MTA de los ’90.
El reciente paro general, lejos de unificar posturas, ha profundizado la grieta existente en el seno de la Confederación General del Trabajo (CGT). Mientras el triunvirato actual apuesta por una estrategia de judicialización y «plan de lucha» institucional, los sectores más combativos del sindicalismo argentino han comenzado a articularse para resucitar el espíritu del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), la corriente que enfrentó las políticas neoliberales durante el menemismo.
Entre el triunvirato y la rebelión de las bases
La tensión estalló tras la conferencia de prensa ofrecida por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, quienes celebraron un acatamiento superior al 90% pero mantuvieron un discurso que muchos consideran insuficiente. Los gremios más duros critican lo que perciben como una postura tibia frente a la reforma laboral, la cual incluye recortes en las indemnizaciones y modificaciones polémicas en las licencias médicas.
La molestia radica en la percepción de que la cúpula cegetista actúa bajo presión y no por convicción. Según TN, referentes de los sectores en pugna afirman estar «hartos de los sindicalistas millonarios y los trabajadores pobres». Esta facción disidente sospecha que ciertos sectores de la conducción nacional suavizaron su combatividad luego de que el Gobierno garantizara la intangibilidad de las cajas sindicales, dejando en un segundo plano la defensa de los derechos de los trabajadores en el Congreso.
El regreso del modelo MTA y el fantasma del desempleo
El contexto actual, marcado por el cierre de 22 mil empresas y la pérdida de 300 mil puestos de trabajo en los últimos dos años —sumado al reciente despido de 920 operarios en la planta de FATE—, ha servido como catalizador para esta nueva alianza. Organizaciones como el SUTNA, La Fraternidad, la Unión Ferroviaria, ATE y Ademys ya mantienen conversaciones formales para desprenderse de la estructura tradicional de la CGT, emulando la ruptura liderada en 1994 por figuras como Hugo Moyano y Alicia Castro.
“Vamos camino a eso y como primera medida, vamos a impulsar un paro de 36 horas”, adelantó uno de los dirigentes que lidera la movida. La intención es conformar un frente que incluya también a la UOM, Aceiteros y SMATA, buscando una representatividad que «salga a la calle» de manera permanente y no se limite a medidas de fuerza aisladas.
Un horizonte de confrontación directa
Mientras el Gobierno de Javier Milei ratifica su intención de sancionar la reforma laboral antes del 1 de marzo para presentarla como un triunfo histórico en la Asamblea Legislativa, los gremios combativos endurecen su discurso. Rodolfo Aguiar, Secretario General de ATE Nacional, fue tajante al expresar: “Nos quieren obedientes y mansitos. Nos tenemos que rebelar”.
La cúpula de la CGT, por su parte, intenta mantener un equilibrio precario. Aunque Argüello lanzó advertencias a los legisladores peronistas pidiéndoles que «no traicionen más a su pueblo», en la intimidad de la central obrera algunos consideran que el conflicto es meramente político y debe dirimirse en las urnas en 2027. Esta diferencia de tiempos y métodos es la que hoy amenaza con una fractura definitiva en el movimiento obrero organizado, justo cuando el Senado se prepara para convertir en ley las reformas impulsadas por el Ejecutivo.




