A 8 años del cierre de Bajo de la Alumbrera, el país acumula 18 proyectos mineros y la mayor reserva mundial del metal rojo, pero aún no logra producir a gran escala. Los plazos de maduración, la falta de logística y el marco regulatorio mantienen en vilo a las inversiones.
La cordillera de los Andes esconde del lado argentino la mayor reserva de cobre del planeta. Con estimaciones que oscilan entre 90 y 116 millones de toneladas del metal rojo, el país cuenta con 18 proyectos avanzados distribuidos en San Juan, Salta y Mendoza. Sin embargo, a ocho años del cierre de Bajo de la Alumbrera —la última mina en operación a escala industrial—, el cobre sigue sin consolidarse como el bastión exportador que prometen los números. Según Noticias Argentinas.
Las proyecciones oficiales y privadas hablan de inversiones superiores a los 35.000 millones de dólares para la próxima década. El despegue, según distintos relevamientos, estaba previsto entre 2026 y 2028, pero los plazos se estiran. Mientras Chile consolida su liderazgo, Argentina acumula anuncios, estudios de factibilidad y permisos que no terminan de traducirse en producción.
Las claves del retraso: plazos que se miden en décadas
La minería del cobre no responde a la lógica de los ciclos cortos. Entre el hallazgo de un yacimiento y el primer envío del mineral pueden pasar entre 20 y 30 años. Estudios geológicos, ingeniería de detalle, evaluaciones de impacto ambiental, financiamiento y construcciónconforman una cadena extensa y costosa que ninguna empresa puede esquivar.
Según un análisis de S&P Global, en países con tradición minera como Estados Unidos, el desarrollo completo de una mina puede insumir casi 29 años promedio, con casos que superan las tres décadas y media. Por su parte, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que el tiempo medio para proyectos de minerales críticos ronda los 17 años desde el descubrimiento hasta la producción.
En ese contexto, los proyectos argentinos se encuentran en distintas etapas de maduración. Entre los más avanzados figuran José María, Los Azules, El Pachón, Taca Taca y MARA, todos en etapas de factibilidad o prefactibilidad, según el relevamiento al que tuvo acceso Noticias Argentinas (NA) y que sirvió de base para este informe.
El dilema de la infraestructura: un costo que termina pagando el inversor
Uno de los nudos críticos que enfrenta la minería cuprífera en el país es la brecha de infraestructura. En mercados competidores como Chile o Perú, el Estado garantiza rutas, acceso ferroviario, líneas de alta tensión, disponibilidad hídrica y puertos. En Argentina, buena parte de esas obras deben ser financiadas por las propias compañías.
“Si una empresa enfrenta un proyecto de US$ 2.000 millones en Argentina y otro de igual magnitud en Chile, pero en el segundo caso ya existen rutas, puertos y acceso a energía, mientras que en el primero todo debe ser construido por el inversor, la comparación se vuelve evidente”, grafica un ejecutivo del sector minero consultado para esta nota, en una analogía que remite directamente a los primeros años de Vaca Muerta.
Esa ecuación encarece los costos, alarga los cronogramas y, en muchos casos, termina postergando decisiones de inversión que podrían haber sido tomadas antes.
Filo del Sol, la joya bajo el RIGI que recién asoma en el horizonte
En la cordillera de Vicuña, sobre el límite con Chile, se encuentra Filo del Sol, considerado uno de los hallazgos de cobre y oro más relevantes de los últimos 30 años a nivel global. El proyecto, hoy controlado por BHP y Lundin Mining, ingresó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con un desembolso inicial estimado en US$ 2.000 millones.
Las proyecciones indican que la inversión total podría escalar hasta los US$ 15.000 millones, con el inicio de exportaciones de cobre, oro y plata recién a partir de 2030. Se trata del emprendimiento más cuantioso bajo el paraguas del RIGI y una de las apuestas más significativas para el sector, aunque su maduración todavía demandará varios años.
Ley de Glaciares: el factor regulatorio que pesa sobre los proyectos
El marco normativo argentino suma una dificultad adicional respecto de otros países mineros. La Ley de Glaciares establece una presunción de incompatibilidad automática para actividades en zonas periglaciares, lo que en la práctica frena el avance de exploraciones y eventuales explotaciones incluso antes de una evaluación ambiental pormenorizada.
A diferencia de naciones como Chile o Canadá, donde conviven glaciares y operaciones mineras bajo estrictos controles, en Argentina la normativa vigente opera como un veto preventivo sobre amplias regiones cordilleranas donde se asientan varios de los principales yacimientos de cobre. El tema genera debates recurrentes en la industria y en los ámbitos legislativos, aunque hasta ahora no se avizoran modificaciones sustanciales.
El tiempo corre, el cobre espera
Argentina reúne todos los atributos geológicos para convertirse en una potencia mundial del cobre. Las reservas están, los proyectos existen y el contexto global demanda cantidades crecientes del metal rojo para la transición energética, los vehículos eléctricos y el despliegue de energías renovables. El litio ya demostró que el país puede insertarse en la cadena global de minerales críticos; el cobre aún aguarda su turno.
Pero la ventana no estará abierta para siempre. Mientras los plazos se estiran y la infraestructura sigue siendo una cuenta pendiente, los capitales eligen destinos donde el tiempo —y el dinero— rindan más. En la minería, cada año que pasa sin producción es un año de oportunidades perdidas.




