El Muñeco confirmó su salida del club en un video desgarrador. La segunda etapa fue un calvario: exigencia máxima, líderes sin energía, refuerzos que no funcionaron y un plantel superado. Nunca lo insultaron, pero el final fue tan triste como sincero. El jueves, su último partido en el Monumental.
El ciclo más exitoso de la historia de River Plate llega a su fin. Y lo hace con un sabor amargo, muy distinto al de aquel diciembre de 2022 cuando Marcelo Gallardo se despidió campeón. Esta vez, el Muñeco se va en medio del peor momento futbolístico de su carrera, con un equipo que nunca encontró el rumbo, un plantel que no respondió a sus exigencias y una sensación generalizada de que el regreso fue, sencillamente, un error.
Según TyC, el entrenador confirmó su salida en un video donde se lo vio «dolido pero sincero», según quienes lo conocen. «Me invade la emoción y el dolor», dijo, en una despedida que conmovió a los hinchas.
El principio del fin: aquel diciembre de 2022
Para entender el final, hay que ir al principio. Gallardo fue campeón en su último año de la primera etapa, con un equipo que encontró en Julián Álvarez la solución a todas las dificultades. Pero la decisión de continuar, empujado por el pedido de los jugadores, fue el inicio de esta historia.
«Fue una devolución de gentilezas», analizan quienes conocen el vestuario. Y esa devolución terminó siendo un año malo, muy malo, que fue la precuela de lo que vendría después.
«Regresó demasiado pronto»
En perspectiva, el error estuvo en la falta de distancia. «Quizá no tuvo el tiempo necesario para tomar distancia de lo que él había sido, de un ciclo tan exitoso, de todo: de la estatua, de los títulos, de ser considerado el mejor de la historia de River», sostienen las crónicas de la época.
Las circunstancias lo llevaron a tomar una decisión que hoy lamenta. Y cuando regresó, las exigencias no bajaron, pero el plantel ya no era el mismo. La vara seguía altísima, pero los jugadores no podían alcanzarla.
Un tren en movimiento y sin freno
Gallardo definió su segunda etapa como «un tren en movimiento», con mucho traqueteo y disparado a gran velocidad. Nunca pudo tomar las decisiones acertadas: ni en los refuerzos, ni en los tiempos, ni en la gestión del grupo.
Los líderes que había dejado estaban grandes, sin la energía de antes. Enzo Pérez, Ponzio, Armani en su mejor momento ya no estaban. Los que llegaron —Pezzella, Martínez Quarta, Montiel— no pudieron aportar el mismo liderazgo. Y los refuerzos, comprados a precio de oro, no rindieron acorde a su valor.
La conexión con los jugadores, su principal virtud en el primer ciclo, se perdió por completo. Y para un entrenador como Gallardo, eso fue letal.
El video de despedida: por primera vez en paz
Cuando todo parecía perdido, Gallardo encontró la manera de despedirse como se merece. En un video sincero, sin justificaciones, sin explicaciones rebuscadas, el Muñeco se mostró humano, dolido, pero auténtico.
«Por primera vez sentí que había podido tomarse un tiempo, que había puesto los pies sobre la tierra y se había bajado de ese tren en movimiento», analizaron los que lo vieron.
El jueves, en su último partido en el Monumental, nadie lo insultará. Las palabras de despedida lograron lo que los resultados no pudieron: que los hinchas lo aplaudan, se emocionen y le den el final que Gallardo se merece. Pese a todo.




